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Biografía

Xavier Pla: Un corazón furtivo. Vida de Josep Pla

domingo 05 de enero de 2025, 18:55h
Actualizado el: 05 de enero de 2025, 19:11h
Xavier Pla: Un corazón furtivo. Vida de Josep Pla

En este número, Los Lunes recuperan algunas de las últimas críticas más leídas. ¡Felices lecturas y felices Reyes!

Destino. Barcelona, 2024.1523 páginas. 34,90 €.

Por Carlos Abella

Confieso de antemano la dificultad de abordar con rigor y precisión la reseña de la biografía de Josep Pla, Un corazón furtivo, escrita por Xavier Pla, autor de reconocida trayectoria en el apasionante género de la redacción de biografías de personajes ilustres de la literatura catalana y que puede estar orgulloso de esta ingente obra de 1500 páginas, que ofrecen una respuesta definitiva de hasta qué punto interesa la figura de Josep Pla, su vida y su obra.

Casi cincuenta años después de su muerte, y con una magnífica colección de biografías escritas por autores de acreditada pluma, que han ido desvelando poco a poco los numerosos interrogantes que planteaba su sinuosa personalidad, la biografía de Xavier Pla es –creo yo- la que desvela las razones y argumentos de esas ambigüedades y la que con tantas fuentes documentales zanja muchas de ellas, si no todas, clarificando así episodios claves de la biografía de Pla que nos han intrigado a quienes veneramos su pluma, su ironía, su capacidad creativa, su perspectiva del mundo desde una bella masía ampurdanesa, mítica ya en la narrativa catalana: el Mas Pla.

Esos episodios son, en mi opinión, su apresurada salida de Madrid en abril de 1936, escribiendo: “…nos dirigimos hacia un ensayo de la revolución roja. ¿Por qué ensayo? Porque tiene que llegar el terror rojo o blanco”. También su justificada salida de Llofriu y de Barcelona en barco hacia Marsella en octubre de 1936, ante el obvio temor de ser asesinado, como lo fue en agosto el periodista Josep Maria Planes y su breve regreso a la Ciudad Condal al término de la Guerra Civil, en enero de 1939, tan breve como su fugaz estancia en el diario La Vanguardia de la mano del también breve director Manuel Aznar.

Y por último su prolongada coexistencia con el nuevo orden político imperante en España y con la siempre severa exigencia de la cultura catalana de reclamar una lealtad idiomática a sus mejores plumas, y la de Pla es sin duda la más relevante. En este sentido su fecunda colaboración con la revista Destino y con su editor Josep Vergés es decisiva para que la obra de Pla haya estado siempre viva, y al hilo de esta revista es muy acertada la definición que el escritor y amigo de Pla, Manuel Brunet hace de la misma al propio Vergés: “Hacemos una revista franquista antifranquista”.

La lectura de Un corazón furtivo permite también conocer con enorme precisión la obra de Pla desde el final de la Guerra Civil a través de sus libros y de los cientos de artículos publicados en la ilustre revista Destino. Merced a los miles de fuentes documentales consultadas –entre ellas la correspondencia con otros escritores, con Cambó o con su amantes-, Xavier Pla nos ofrece testimonio de lo que el propio Pla manifestó sobre la eterna polémica de si era un escritor catalán que escribía en castellano, argumento con el que se defendió de los múltiples ataques que el nacionalismo catalán más estreñido le dedicó, especialmente de Joan Triadú, que el autor reproduce en la página 996 y según el cual “Plá escribía por encargo“ y se preguntaba: “¿Es Pla un gran escritor? queda tiempo pero debe de suceder algo que incline la balanza a su favor”. Pla le replicó que “un escritor siempre será libre de morirse de hambre” y que frente a los que le reprochan su redacción a través de la lengua castellana, Pla argumenta: “Se puede escribir mal en dos idiomas”. En su defensa, el poeta y escritor Enrique Badosa dijo que “Pla es un escritor con algo más que decir más allá del idioma en que se expresa” y el propio Pla argumentó: “Si lo que se escribe tiene interés permanecerá más allá de la lengua en que haya sido escrito, si no se irá al cesto de los papeles”.

No menores fueron los ataques que recibió Pla de los escritores falangistas que crearon un poder mediático al servicio de Franco, como Sánchez-Silva, Luys Santa Marina y sobre todo que el fuera director general de Prensa, Juan Aparicio, que le desprecia en numerosos artículos, al mismo tiempo que le requiere para que con cierta periodicidad le envíe artículos suyos. Y es que el informe de la delegación de Prensa del Movimiento definía a Pla como escritor, entre otros calificativos de “catalanista” y “separatista izquierdista”, lo que motivó -entre otras razones- que, pese a poder escribir con libertad desde 1940, no obtendría el carnet de periodista hasta que su buen amigo Carles Sentís le ofrezca en 1975 ser socio de honor de la Asociación de la Prensa de Barcelona lo que le dio derecho a tener Seguridad Social, y asistencia médica colegiada, entre otros beneficios.

Xavier Pla acierta a definir a Pla en el pagina 960: “…como hombre de orden, Pla forma parte de los vencedores de la guerra ¿quién podría dudarlo? Pero como escritor catalán, Pla es y se siente claramente un vencedor vencido. Un derrotado”. En otras páginas, Xavier Pla nos ofrece una sabia reflexión: “…a partir de los años 50 el nombre de José Pla deja de existir como escritor en castellano y pasa a ser definitivamente Josep Pla”.

Xavier Pla ofrece en este punto algunas opiniones del propio Pla que nos ayudan a comprender su escepticismo, su ironía: “… en mis libros no hay mosquitos, ni leones, ni chacales, ni objeto alguno sorprendente o raro. Confieso sentir, por otra parte, poca afición por el exotismo. Mi heroísmo y mi bravura son escasos. Me gustan los países civilizados. Desde el punto de vista de la sensibilidad me daría por satisfecho plenamente si pudiera llegar a ser un hombre europeo. He sido siempre aficionado a la becada en canapé y a la perdiz mediterránea”. En otro artículo, Pla definía la ciudad de Gerona en tono poco grato, como “ciudad pasada de moda”, lo que motivó la réplica de José María Gironella. En el libro Cosas vistas, escribió, un tanto provocador: “No siento la atracción del sacrifico; me divierte deshacer las cosas construidas”. Gironella le reprochó indignado que “el humanismo tiene sus límites”.

Por último, hay que señalar que es especialmente sugerente el relato muy pormenorizado de los amores del escritor que tantos interrogantes ha suscitado en los últimos años y con la variedad de matices en todos ellos, me ha resultado muy reveladora la prolongada relación con Adi Enberg –ya muy conocida a través de otras biografías- y la mantenida con Aurora Perea quien con muchas oscilaciones temporales ocupó buena parte del corazón “furtivo” de Josep Pla, acreditando que además de una considerable atracción erótica, existió una relación de candoroso afecto de ella hacia el escritor con el que convivió largas etapas en La Escala, Cadaqués y Barcelona. También es relevante la postrera relación con Consuelo y la ilusión por la muy bella joven argentina Luz de Santa Coloma, de apenas veinte años, con la que coincidió en una travesía en el crucero “Conte Grande” de Buenos Aires a Europa a la que profesó un afecto entrañable y ya ciertamente senil.

Conclusión: estas mil quinientas páginas, tan soberanamente escritas y documentadas avalan la categoría, la trascendencia y la importancia que Josep Pla ha tenido y tiene en nuestra literatura, en nuestra reciente historia y al concluir su lectura queda la mágica sensación de que es una biografía de Pla, extraordinaria, pero es también un retrato duro, descarnado de la Cataluña de la posguerra hasta los años ochenta. Y es gracias a Josep Pla y a este su biógrafo de igual nombre que conocemos ya –creo que definitivamente- su peripecia literaria, humana y social y al mismo tiempo las obsesiones de la Cataluña política.

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