ARQVAtec, el laboratorio del Museo Nacional de Arqueología Subacuática ARQVA, lleva a cabo la conservación y recuperación de la embarcación fenicia Mazarrón II, cuyos restos han sido extraídos entrre septiembre y noviembre del año pasado.
Para recibir los fragmentos del barco, ARQVAtec ha reforzado su equipamiento con un nuevo equipo de filtrado y un balancín para la distribución de cargas en los bastidores a manipular por el puente grúa, con el objeto de hacer frente al
nuevo proyecto que llevará a cabo en los próximos años: la consolidación y tratamiento de los fragmentos del pecio para su futura reintegración.
El centro está ya dotado con infraestructura específica para realizar tratamientos de conservación de grandes lotes de material arqueológico o piezas de grandes dimensiones, algo frecuente en arqueología subacuática.
Consta de tanques de tratamiento de desalación, impregnación y electrolisis, mesas de lavado, grúas y elementos de manejo de grandes cargas y otros equipamientos específicos, que se distribuyen en los 1.000 metros cuadrados
que ocupa el laboratorio.
Además, el Ministerio de Cultura ha invertido 1,2 millones de euros en un equipo de liofilización que permitirá deshidratar la madera de la nave y garantizar su conservación, respetando su integridad. El gran tamaño de los restos del pecio ha hecho necesario contratar la fabricación de este equipamiento con el tamaño necesario para albergarlos y que tenga la capacidad, a la vez, de tratar piezas más pequeñas y delicadas.

Estabilización, desalación y liofilización
En total, el conjunto del Mazarrón II comprende más de una veintena de porciones de la embarcación: 13 cuadernas (piezas curvas que hacen las veces de costillas), el ancla (uno de los modelos estructurales más antiguos que se conservan) y algunos elementos de cabuyería, destacando el cabo que une el ancla a la nave, la estacha. Todas ellas se encuentran actualmente en piscinas de agua salada de forma que cuando estén totalmente estabilizadas, se intervendrán siguiendo los más altos estándares metodológicos, éticos y deontológicos recomendados por la UNESCO y el Consejo Internacional de Museos (ICOM).
El proceso, que durará varios años, comenzará con la desalación de las maderas, mediante baños periódicos de agua dulce. Posteriormente, el agua que impregna la madera será reemplazada por un material sintético (polietilenglicol-PEG) que le aportará la resistencia perdida, a la vez que mantendrá su apariencia, textura y color. El paso final será la liofilización, un proceso que consiste en desecar las piezas previamente congeladas mediante sublimación, es decir, desde el hielo al vapor sin pasar por líquido. Una vez estabilizadas las piezas, podrá procederse a su ensamblado y montaje para su futura musealización.
Una nave del siglo VII a.C
El hallazgo de Mazarrón II, fechado en la segunda mitad del siglo VII a.C. o la primera del VI a.C., documenta de modo excepcional la vía marítima de la explotación del metal derivada de la presencia fenicia en la Península Ibérica.
Este yacimiento, integrado por la nave casi completa y su cargamento, da a conocer de modo excepcional la construcción naval, la vida a bordo, el sistema de estibado y abarrotado, y el uso de anclas construidas más antiguo que se
conserva.
Hasta ahora, el pecio había sido conservado ‘in situ’ en su yacimiento recubierto por una caja metálica, pero la modificación de las condiciones ambientales, influidas por el cambio climático y las frecuentes DANAs, ponían en peligro su estabilidad y hacían imprescindible su extracción para asegurar su conservación.
El proyecto de recuperación del pecio ha contado con la colaboración del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes y del Museo Nacional de Arqueología Subacuática ARQVA, mediante el préstamo de materiales y equipamiento y al asesoramiento de sus técnicos y conservadores.