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Novela

Ana María Matute: Primera memoria

domingo 26 de enero de 2025, 21:20h
Ana María Matute: Primera memoria

Prólogo de Inés Martín Rodrigo. Destino. Barcelona, 2025. 261 páginas. 20,90 €. Rústica con solapas: 19,90 €. Libro electrónico: 4,99 €.

Por Aránzazu Miró

Se anuncia la publicación de este libro como el inicio de la celebración del centenario de Ana María Matute. ¡Qué increíble que una autora tan vigente alcance esos cien años! Y no hace sino diez que seguía escribiendo; póstuma e inacabada (aunque eso, qué más da), nos dejó Demonios familiares. Su mismo mundo de amargura por la pérdida de la inocencia de la infancia: «En aquel momento me hirió el saberlo todo. (El saber la oscura vida de las personas mayores, a las que, sin duda alguna, pertenecía ya. Me hirió y sentí un dolor físico)».

En este párrafo de Primera memoria se concentran muchas de las cosas que quiero comentar de esta novela, con la que obtuvo Matute el Premio Nadal en el ya lejano año de 1959, cuando todavía se premiaba la buena literatura y cuando ser mujer no era, como ahora, un valor añadido sino todo lo contrario; cuando una mujer tenía que demostrar su valía con el doble de fiereza que cualquier otro.

Su trayectoria vital y de escritura está narrada por compañeros míos en las lecturas, especialmente de Olvidado Rey Gudú y de Demonios familiares, y cómo plasma su mundo en esos falsos libros infantiles se entiende también desde las visiones de Luciérnagas y Caballito loco. Toda ella está recogida en El libro de Ana María Matute, y se la conoce muy bien, que preparó Jorge de Cascante.

Con la publicación de Olvidado Rey Gudú su brillo fue completo: ella resurgía de entre (casi) sus propias cenizas y el mundo la conoció y celebró como sí se merecía. A mí, sin embargo, me subyuga esa escritura tan realista y a la vez tan mágica en que una adulta revive con un sentimiento tan real el mundo de la infancia; cómo nos entromete en esos fantasmas que acucian a sus personajes.

Fantasmas y personajes reales; su novela de ficción está llena de referencias a la existencia real, y lo que es más importante, narra la vivencia del momento. Siempre se ha dicho de Matute que es una niña en el cuerpo de una adulta. Pero en realidad es una adulta explicando los sentimientos y las vivencias de una niña para que, aquellos que casi no recordamos cómo vivimos nuestra infancia, nos sintamos transportados. No diré reconocidos, porque las experiencias que narra Ana María Matute se nos van muy lejos y también son muy particulares. Además de magníficas.

Primera memoria es no solo la pérdida de la infancia y la devastación del mundo de los adultos; es también la vivencia, una particular, de la Guerra Civil. En realidad, los temas de su novelística se repiten, aunque siempre sorprende en su tratamiento. Yo pensaba que después de Paraíso inhabitado, que es la novela posterior al éxito de su historia fantástica o medieval, por lo tanto muy reciente, no podía superarse; en ese paraíso te engancha desde la brutal primera frase hasta el final. Ocurre en la posguerra, pero la edad de los protagonistas siempre es la misma. La infancia y su fin.

Sin embargo, en Primera memoria está todo ese mundo, y la caracterización bestial de los personajes, y todo el rencor de unos y la rebeldía sometida de otros, con un juego literario experimental que es verdad que hace más difícil la lectura que en Paraíso (tan trabajada que simplemente fluye). Primera memoria está muy elaborada, el uso de los paréntesis para anticipar o reflexionar tienen mucho interés literario y, sobre todo, tiene un vigor y una potencia que se mantiene desde ese año 1959. Un engarce difícil de alcanzar.

En Primera memoria hay, además, una serie de alicientes que, a mí, me la hacen especialmente atractiva: todo sucede en Mallorca, en el barrio del extrarradio de la ciudad de Palma conocido como El Terreno, aquel que un personaje de la novela, la trasposición del sacerdote y músico Joan Maria Thomàs que pasa a ser Mosén Mayol y que también lo habitó, denomina “barrio aristocrático”. Por momentos tengo la sensación de que me estuviese contando la guerra Georges Bernanos, el francés que desde allí mismo escribió Los grandes cementerios bajo la luna claro que no puede ser, su libro se publicó en Francia en 1939, pero a España no llegó hasta los años 80.

En suma, esta novela es verídica, es actual y permite revivir dos momentos, el histórico y el existencial del fin de la infancia, de manera portentosa.

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