Un equipo internacional de astrónomos ha identificado el chorro de radio más grande jamás observado en el Universo primitivo. Con una extensión de al menos 200.000 años luz —el doble del tamaño de la Vía Láctea—, este hallazgo supone un avance clave en la comprensión de los primeros procesos galácticos y la formación de agujeros negros supermasivos.
El descubrimiento fue posible gracias a la combinación de datos obtenidos con diversos telescopios. La primera detección se realizó con el Low Frequency Array (LOFAR), una red de radiotelescopios repartidos por Europa. Posteriormente, los científicos realizaron observaciones complementarias en el infrarrojo cercano con el espectrógrafo GNIRS del telescopio Gemini North, así como en el óptico con el Hobby Eberly Telescope.
El objeto responsable de este chorro de radio es el cuásar J1601+3102, que se formó cuando el Universo tenía menos de 1.200 millones de años, apenas el 9 % de su edad actual. A diferencia de otros cuásares con potentes emisiones de radio, este no alberga un agujero negro de masa extrema: su masa es de 450 millones de veces la del Sol, relativamente pequeña en comparación con otros cuásares.
"Este hallazgo nos ayuda a entender cómo y cuándo se forman los primeros chorros de radio y su impacto en la evolución de las galaxias", explica Anniek Gloudemans, investigadora en NOIRLab y autora principal del estudio, publicado en The Astrophysical Journal Letters.
Las observaciones también revelaron que los chorros de radio de este cuásar son asimétricos en brillo y extensión, lo que sugiere que un entorno extremo podría estar afectándolos. Durante años, la ausencia de estructuras de este tipo en el Universo temprano se atribuyó a la interferencia del fondo cósmico de microondas, la radiación remanente del Big Bang. Sin embargo, este cuásar demuestra que, bajo condiciones extremas, es posible detectar chorros de radio incluso a distancias tan grandes.
"Es sorprendente que hayamos podido ver esta fuente con tanto detalle", comenta Frits Sweijen, investigador en la Universidad de Durham y coautor del estudio. "Este descubrimiento resalta el poder de LOFAR y su sinergia con otros instrumentos para explorar el Universo primitivo".
El hallazgo deja abiertas varias preguntas sobre qué factores permiten la formación de estos chorros de radio y qué los diferencia de otros cuásares. No obstante, gracias a la colaboración entre Gemini North, LOFAR y el Hobby Eberly Telescope, los científicos están un paso más cerca de comprender los misterios del Universo primitivo.