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CRÓNICA TAURINA

Plaza de la Candelaria de Valdemorillo: la doma y el temple por la Puerta Grande

Plaza de la Candelaria de Valdemorillo: la doma y el temple por la Puerta Grande
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domingo 09 de febrero de 2025, 10:30h
Actualizado el: 02/10/2025 08:48h

La Plaza de la Candelaria se llenó de público. Alegría, reencuentros, música y luz. Un bello comienzo de la temporada. Sin embargo, el lastre del pasado se dejó sentir en la actitud de la presidencia: el mismo presidente díscolo, tardo e inoportuno. Se regocija en alargar las peticiones. Se aprovecha de su posición de poder y demuestra con altanería su supina ignorancia. Los picadores de Castella midieron las varas. Enhorabuena. Los toros de Carmen Lorenzo para los diestros de a pie resultaron gente con muy noble intención. Uno de ellos estuvo a punto de ganarse la vida, pero el presidente no estaba de humor para los indultos. Se nota que tiene en mente presidir las plazas de primera.

Diego Ventura tiene la mejor cuadra del mundo. Sus caballos son toreros. Sus monturas no quitan el ojo del contrario, van atentos y se prestan a tales cercanías que pocos de a pie aguantarían. Dos debutantes, Brillante y Querido, dejaron gratas impresiones. Todos lo hicieron tan bien que ni siquiera nos acordamos que, según el reglamento, los toros tienen que ir desmochados totalmente. Diego Ventura cortó una oreja a cada oponente. Su primero, Malospelos (1º El Capea, 1/21), acusaba a veces la falta de fuerza. Chiado de salida con el acertado rejón de castigo y las banderillas con Quirico puestas citando de frente animaron al público. Lío se adornó con el paso castellano y protagonizó buen tercio citando de pecho y incitando al toro con la grupa.

Rematada la faena con las rosas montando a Brillante y con el rejón de muerte certero, pero el animal tardó en doblarse. Montecillo (4º El Capea, 10/20) se dolió del castigo. Su genio le acompañó durante toda la faena, acompañado esto por la velocidad y valentía de Querido, Nómada y Brillante la faena quedó redonda. El cante de una espectadora emocionada remató un par de banderillas puestas sin riendas. Diego Ventura paró su actuación y su montura hizo una reverencia.

La actuación de Sebastián Castella se resume en dos palabras: la quietud y el temple. No perdió la oportunidad de adornarse con los quites. Vichanero (2º nº24 1/21) mereció hoy su salvación y regreso al campo, pero la presidencia estaba en contra. El animal cayó de una estocada certera, aunque con disgusto del torero quien esperó casi hasta el tercer aviso. La faena contundente, compuesta por largas series de naturales por ambas manos, se desarrolló en el medio de la plaza. En un terreno de un pañuelo el toro embestía sin cesar y el diestro alargaba los pases hasta llegar a los circulares perfectos. Dos orejas. Su segundo, Lagartijo (5º11/20), cabeceaba, pero Castella de nuevo apostó por las cercanías, expuesto a llevarse bien con su enemigo. Remató la faena con manoletinas y puso la estocada a la segunda. Un trofeo.

Otro Vichanero (3º nº22 2/21) salió para José María Manzanares. El diestro se centró en la faena desentendiéndose de la lidia. La vara cayó donde pudo y fue rectificada con fuerza. La faena no tuvo relieve. El descabello se estancó, creando momentos de peligro. Afortunadamente, la actitud cambió con Limeño (6º 11/20). Un toro bueno se encontró con el diestro más dispuesto a lucirse y vimos unas series con destellos de temple y de trazo largo. Hubo una petición desatendida. La estocada corta dio fin al festejo.

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