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INVESTIGACIÓN

Ser joven y no dormir, candidato a hipertenso

Los adolescentes necesitan entre ocho y 10 horas de sueño cada noche, pero se estima que el estudiante promedio de secundaria duerme solo 6,5 horas por noche entre semana. Foto: freepik
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Los adolescentes necesitan entre ocho y 10 horas de sueño cada noche, pero se estima que el estudiante promedio de secundaria duerme solo 6,5 horas por noche entre semana. Foto: freepik
José María Fernández-Rúa
miércoles 12 de marzo de 2025, 08:27h

El joven que no suele dormir lo suficiente tiene mayor riesgo de tener la tensión arterial alta, según un equipo de investigadores y clínicos de la Universidad de Pennsylvania, que se presentó en Nueva Orleans, en el marco de las Sesiones Científicas de Epidemiología, Prevención, Estilo de Vida y Salud Cardiometabólica 2025, de la Asociación Estadounidense del Corazón.

Es bien sabido que la falta de sueño es un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares. Los expertos subrayan que los adolescentes necesitan dormir entre ocho y 10 horas cada noche, pero se estima que el joven promedio de secundaria duerme solo 6,5 horas por noche entre semana.

En este trabajo se analizó a un grupo diverso de más de 400 adolescentes de la cohorte infantil de Penn State. Los participantes del estudio informaron sobre su insomnio en un cuestionario antes de inscribirse en el estudio del sueño en el laboratorio.

En el estudio del sueño nocturno de nueve horas, conocido en la jerga científica con la palabra polisomnografía, se colocaron sensores en la cabeza, cara y cuerpo de cada participante para medir objetivamente la duración de su sueño.

El estudio también incluyó tres mediciones consecutivas de la presión arterial tomadas la noche del estudio, aproximadamente dos o tres horas antes de que se apagaran las luces en el laboratorio.

Los especialistas saben que el sueño alterado e insuficiente se asocia con la presión arterial alta en adultos, particularmente en aquellos que informan insomnio y duermen objetivamente menos de seis horas, pero desconocían si estas asociaciones existen en adolescentes, como reconoce el profesor Julio Fernández-Mendoza, autor principal de este trabajo y director de medicina conductual del sueño en la Facultad de Medicina de la Universidad Estatal de Pennsylvania.

Duración objetiva del sueño

Los investigadores definieron el insomnio como la dificultad para conciliar el sueño o permanecer dormido y definieron la duración objetiva del sueño corto como menos de 7,7 horas, basándose en la media del tiempo total dormido en el estudio del sueño en laboratorio.

Se consideró que los adolescentes del estudio tenían presión arterial elevada si la sistólica era de 120 mm Hg o más y una medición diastólica de 80 mm Hg o menos.

Se consideró que tenían hipertensión en etapa 2 si tenían una medición de presión arterial sistólica promedio de 140 mm Hg o más y/o una medición diastólica promedio de 90 mm Hg o más, lo que se alinea con la Guía de 2017 de la Asociación para la prevención, detección, evaluación y manejo de la presión arterial alta en adultos.

Estas son las principales conclusiones del estudio:

  • Los adolescentes que informaron tener insomnio y durmieron menos de 7,7 horas en laboratorio tenían cinco veces más probabilidades de tener hipertensión clínica que dormían lo suficiente.
  • Aquellos que durmieron menos de 7,7 horas en el laboratorio pero no informaron tener insomnio tuvieron casi tres veces más riesgo de presión arterial elevada en comparación con los que durmieron bien.
  • Los que reconocieron tener insomnio pero durmieron lo suficiente en el laboratorio no parecían tener mayor riesgo de sufrir presión arterial elevada o hipertensión en etapa 2.

Estos hallazgos sugieren que la combinación de insomnio y horas inadecuadas de sueño probablemente contribuye a condiciones más graves que la falta de sueño sola, anotaron los investigadores.

Para el profesor Fernández-Mendoza, aunque es preciso explorar esta asociación en estudios más amplios sobre adolescentes, “es seguro decir que la salud del sueño es importante para la salud cardíaca y no deberíamos esperar hasta la edad adulta para abordar este tema”.

Joven sin dormir

“No todos los adolescentes que se quejan de síntomas de insomnio corren riesgo de sufrir problemas cardiovasculares –continúa el profesor-; sin embargo, controlar la duración del sueño de manera objetiva puede ayudarnos a identificar a aquellos que tienen una forma más grave de insomnio y corren riesgo de sufrir problemas cardíacos”.

Otros detalles interesantes son:

  • El grupo de estudio incluyó a 421 participantes (54 % niños y 46 % niñas, edad promedio de 16,5 años) de tres distritos escolares en el área metropolitana de Harrisburg, Pennsylvania. El 77 % de los participantes se autoidentificaron como blancos; el 13 % como negros; el 7 % on como hispanos; y el 3 % seleccionó «Otro».
  • El estudio del sueño nocturno y las mediciones de la presión arterial se realizaron entre 2010 y 2013, y los análisis de datos entre 2023 y 2024.
  • Del total de participantes, el 35 % informó tener dificultades para conciliar el sueño y/o permanecer dormido (síntomas de insomnio) y el 50 % durmió menos de 7,7 horas en el laboratorio (duración del sueño corta objetiva).

La cohorte infantil de Penn State está en curso y recopila datos de los mismos participantes, que ahora tienen entre 20 y 33 años. Los autores reconocen limitaciones del estudio porque se realizó en un laboratorio del sueño, por lo que algún joven podría no dormir tan bien como en su casa.

Además, debido a que toda la recopilación de datos se realizó entre 2010 y 2013, «no se sabe con certeza si puede haber aumentos posteriores a la pandemia de covid-19 en el insomnio, la depresión y la ansiedad en adolescentes que puedan afectar los resultados de otros estudios cuando se repliquen ahora”, según el profesor Fernández-Mendoza.

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Información compartida por la página de divulgación biotecnológica Biotech Magazine & News. dirigida por José María Fernández-Rúa con la misma honestidad y rigor que ha caracterizado su andadura en papel desde la fundación de Biotech Magazine en 2006.
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