El gasto social se ha convertido, paradójicamente, en el concepto protagonista de la crisis en España y en el principal punto de fricción entre Gobierno y oposición. Pese a la austeridad que promulga Solbes en cada una de sus intervenciones, Zapatero luce sin complejos la bandera del desembolso social como muestra de que eso de la recesión no va con este país, y que el ciudadano debe confiar en que la despensa del Estado se encuentra llena. Ya no es así, y este jueves, por primera vez, el presidente confesó a las claras que la situación es más complicada de lo que parecía. Rajoy le culpa de no haber sido transparente sobre la crisis en España hasta que el resto del mundo la acompaña en su enfermedad y, ya de paso, le volvió a recordar que, “sin una buena política económica, nunca habrá una buena política social”. Pero Zapatero no da un solo paso atrás y mantiene aquello que dijo tras la cumbre de Washington: “El sector público tiene que liderar en este momento y con carácter coyuntural a la economía”.
Tras su última intervención en el estrado del Congreso de los Diputados, donde anunció que su Ejecutivo destinará 11.000 millones de euros a la inversión pública, el Banco de España ha llamado a la puerta del Gobierno y ha roto su silencio para insinuar “a voces” que el camino por el que Zapatero está intentando atajar la crisis no se trata más que de un callejón sin salida. El director general del Servicio de Estudios del organismo, José Luis Malo de Molina, le aconseja vigilar el gasto público, ya que "nada sería peor" que el hecho de que la economía "entrase en recesión" y hubiera un nivel "de déficit público muy voluminoso".

Malo de Molina lamenta que "España tenía márgenes de actuación" para afrontar el periodo de ajuste gracias al superávit que había registrado en la época de bonanza, y pide prudencia "a la hora de utilizar ese margen".
¿Contemplará Zapatero las advertencias? El mayor temor de aquellos que no comparten su perspectiva es que mantener e incluso aumentar el gasto social en estos tiempos se convierta más en un empeño personal que en una apuesta apoyada en el análisis.
El Banco de España se ha limitado a aconsejar un cambio de política. Por su parte, la oposición, además, ha propuesto limitar el crecimiento del gasto público al 2 por ciento, medida que el presidente ha reconocido no contemplar. Tampoco una severa bajada de impuestos, “sobre todo a las pymes y a las personas que lo estén pasando peor”, que también sugiere Rajoy. Serviría, según éste, “para reactivar el consumo y dar confianza”. En cambio, dice, “el Gobierno ha optado por tirar del gasto público y el problema es que al final alguien tiene que pagarlo, y el que lo va a pagar es el contribuyente”.