Análisis
El nuevo escenario de la oposición venezolana
sábado 29 de noviembre de 2008, 00:42h
No la mayor pero si alguna magnitud sísmica para el chavismo han tenido los resultados electorales del 23 de noviembre. No sólo se trata de que la oposición haya avanzado hacia el centro mismo del poder conquistando las gobernaciones de Miranda, Carabobo y nada menos que la Alcaldía Metropolitana de Caracas sino de la significación simbólica de esta victoria porque ha sido obtenida contra pilares fundamentales de la arquitectura política construida por Chávez como son el gobernador de Miranda y presunto delfín, Diosdado Cabello, y dos personajes de su máxima confianza: Aristóbulo Isturiz y Jesse Chacón este último candidato a alcalde del municipio Sucre, popular burgo caraqueño. De esta manera la capital confirma una vez más su díscolo comportamiento electoral frente a los gobiernos de turno y trastorna los cálculos de control político hegemónico del llamado socialismo del siglo XXI al conquistar la alternativa opositora cuatro de las cinco instancias gubernativas del área metropolitana, tres de ellas ya en su poder pero siempre bajo el lastre denigratorio de ser zonas predominantemente de clase media.
Por otra parte es notable que los factores opositores hayan mantenido el control del Estado Zulia, (así como del estado Nueva Esparta) y conquistado también la Alcaldía de Maracaibo antes en manos del gobierno, porque obtener la presa del primer estado petrolero del país y asiento de un fuerte y peculiar regionalismo se había convertido en una obsesión para Chávez quien dedico a ello buena parte de su campaña apelando a todo tipo de recursos entre ellos los más desbocados insultos y amenazas. Pierde también el oficialismo el estado Táchira región fronteriza castigada por los secuestros de la guerrilla colombiana, la inseguridad y una absurda política económica dirigida a combatir con medidas represivas el contrabando de gasolina y víveres hacia Colombia. En un balance más completo será necesario complementar el resultado en las gobernaciones con la letra pequeña del número de alcaldías, diputados a las asambleas legislativas de los estados y concejales del distrito metropolitano pero ya se avizora un aumento de las plazas de la oposición en las grandes ciudades.
En cuanto a la evaluación de estos resultados y las perspectivas políticas que ofrecen el panorama se divisa sumamente complicado y lleno de dificultades. Queda confirmada la polarización del país sólo que ahora tiene un asiento institucional del cual carecía lo cual podría amortiguar el conflicto político pero también agudizarlo. La verdad es que la tarea de los personeros opositores triunfantes no es nada envidiable. El gobierno ya se ha blindado contra la dispersión del poder mediante los decretos ley de agosto del 2007, que lo facultan para la creación de zonas militares y ya viene en marcha una ley sobre regiones funcionales, distritos productivos y autoridades regionales. Aún de más profunda incidencia es que la concepción de una organización del estado basada en provincias y municipios comporta una incómoda carga para el sistema cuya visión de gobierno está basada en el fomento de las comunas y las misiones como aparatos políticos y administrativos, respectivamente, de un estado paralelo destinado a terminar absorbiendo las estructuras tradicionales. Por eso las primeras declaraciones de los triunfadores han apuntado a buscar un terreno de acuerdo con el gobierno y no crear la impresión de que se consideran bastiones de una oposición cerril. No se ve claro tampoco el panorama de la atormentada capital venezolana, ciudad carente de toda coordinación urbana, asolada por el hampa e inmovilizada por el caos del tránsito y con su mayor municipio bajo la dirección de una personalidad como la de Jorge Rodríguez particularmente antagonizadora y conflictual.
Sin embargo tampoco el oficialismo las tiene todas consigo: se ha abierto en su seno una brecha disidente que presentó alternativas en varios estados y que de la divergencia podría pasar al cisma abriéndose así otro frente de confrontación que puede volverse particularmente acerbo. Donde se presentaron por sí mismos terminaron siendo inocuos pero recibieron la dosis de improperios y amenazas que antes sólo estaba dirigida a otros y esto tiene que haber engendrado un resentimiento cuyos frutos están por verse.
En un oscilar característico de su discurso político la primera reacción de Chávez ha sido relativamente afable. Se lo nota atento a la opinión pública internacional y diligente en enfatizar el carácter democrático y no dictatorial de su gobierno. Es de suponer que muchos observadores foráneos habrán ganado esta impresión o se habrán reforzado en cuanto a sus prejuicios al respecto. La coyuntura electoral y la presencia fugaz en el país les habrá impedido conocer las características de una campaña electoral dominada por el más cínico y desbocado ventajismo; su ausencia no les dejará hacer un seguimiento a la pregunta fundamental que define el carácter democrático o no del régimen; es decir si este se establece sólo por la celebración de elecciones o también por la renuncia a imponer una hegemonía negada por el referendo constitucional del 2 de diciembre de 2007.