www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

RESEÑA DE 'ÁRIDA'

Antonio Tocornal extiende su magisterio a la novela corta

José Manuel López Marañón
martes 01 de abril de 2025, 08:27h
Actualizado el: 04/01/2025 10:46h

ÁRIDA.Antonio Tocornal. Ediciones Traspiés (2024).

La guardesa, personaje de Árida, inicia y finaliza esta narración con la que Antonio Tocornal ha ganado el Premio Internacional de Novela Corta Francisco Ayala. La anciana mujer y su famélico galgo habitan ese secarral que es Árida, por donde hace ya tiempo pasó el último pájaro. El aire abrasa los pulmones y la tierra reseca se pega en el paladar: «Aquí en Árida no canta el ruiseñor ni se aventura la alondra ni el vencejo. Tan solo la maldita chicharra que taladra el silencio a escondidas como si fuese el instrumento de un condenado insomne».

La guardesa se ha quedado sola en ese purgatorio a ras de tierra que es Árida. Adecenta las tumbas del cementerio y reza padrenuestros a los muertos, recibe a caminantes y a viajeros. Un perro triste y el resignado coloquio con los difuntos son su compañía. El último capítulo de Árida se cierra con la situación de radical soledad de la mujer, algo apaciguada por su misión de superviviente:

«Sentarse junto a las ánimas de los difuntos a esperar a los que van llegando; a los que vienen buscando Árida sin saber lo que buscan, a fuerza de seguir sus intuiciones y sus pasos de autómatas, para que cuando lleguen sepan que lo han logrado y que ya pueden descansar tranquilos».

Pero, ¿quiénes vivieron en Árida? Apoyada su presencia por cuatro capítulos más –escritos ya desde la primera persona en plural–, la guardesa se ha convertido en voz omnisciente de la novela. Además de aclarar el sentido de su viaje a los que llegan, conoce pasado y presente de la aldea, las causas de su miseria y el devenir de esa maldición bíblica, devastadora, quepesa sobre ella.

Las caídas de Árida y de la Casa Grande van de la mano. El amo, ricachón de andares de gallo con bigote encerado, sombrerón y montado en un caballo sin castrar, contrató a los mejores arquitectos, pintores y escultores para edificar en Árida su lujoso palacio con estatuas de mármol, libros, piano, y hasta un suntuoso jardín. En la Casa Grande nunca faltaba comida a los maridos que ofrecían sus mujeresal amo. No otro era el precio a pagar para tener a su familia, y a ellos mismos, con los estómagos llenos durante algunos días.

Su mujer enloquece con los espejos del palacio y debe ser ingresada de por vida en un manicomio. Lejos de quedarse con los brazos cruzados viendo como su pueblo agoniza, el amo un día, airado, se marcha: «Nos dejó aquí tirados, sin jornales, sin grano, sin ganado y sin nada», recuerda la guardesa. Para él, «nos podíamos pudrir todos en esta esquina perdida del infierno».

Tras esa huida, sediento de venganza, el pueblo allana la Casa Grande, donde no quedan alimentos y sí cosas inútiles como vestidos, mantelerías y porcelanas, o un reloj de pared marcando las horas allí donde el tiempo ya nada significa. Los lugareños disfrazados de mamarrachos de carnaval, en un ambiente de enconada venganza (que recuerda al creado por los mendigos recogidos en Viridiana) hacen una gran pira en el patio con lo que encuentran.

Antes de dejarlos Dios de su mano, el cura sigue los pasos del amo y también deja Árida. En la ermita derruida quedan unas cuantas hostias consagradas que nadie tomará. Los pozos se secan, los zahorís no encuentran agua. El hambre llega:

«Dios se había ido a cuidar de los señores y de los poderosos, que seguro era un trabajo más llevadero y más entretenido que andarse aquí en Árida escuchando bajo este sol despiadado los lamentos de cuatro muertos de hambre amargados y de cuatro beatas resecas y cubiertas de polvo».

¿Y quiénes son esos que orientan su paso hacia la aldea requemada y destripada? Cinco capítulos de Árida protagonizados respectivamente por un caminante, un arriero, un soldado, una niña y una fugitiva los van mostrando. En primera persona cada cual refiere el trayecto que lo lleva hasta allí y, también, –de manera más o menos explícita–, sus motivos para iniciar el peregrinaje. A veces los itinerarios de estos personajes se entrecruzan.

El caminante atraviesa un «desierto circular que es una hoguera sólida de llamaradas secas». Porta un reloj de arena y su destino es Árida, adonde está seguro de llegar «aún con los ojos cerrados y las cuencas vacías». En descansar en su aldea reverbera la idea del hogar último.

El arriero porta en su carro a una familia chamuscada y arrebujada en un arcón. La hediondez que desprende la carga lo acompaña en el trayecto a Árida, adonde se dirige para darle sepultura. Los cadáveres quemados chorrean y ese cieno viscoso deja goterones negros sobre el agostado suelo.

El soldado anda sin montura, por un camino sin principio ni final: «Una línea en un espacio infinito de arena». Se ha separado de su ejército por alguna desconocidarazón. Debe llegar a Árida, pero la punta de una flecha atraviesa sus pulmones. Con el hierro en su pecho el soldado sigue adelante.

La niña huye de su tío, que le ha sacado a navajazos las tripas a su padre para violar luego a la madre. Tras pasar la noche escondida de él en una cueva la menor inicia pasaje hacia Árida. Va encontrándose con el caminante, el arriero y el soldado. En la aldea alguien espera para tranquilizarla.

La fugitiva es una ex presidiaria masoquista a la que la ruta hacia Árida desfigura. Primero se le desgastan los pies y debe andar sobre sus rodillas. Igual destino siguen piernas y brazos. Hasta los codos se le pelan. Convertida en una cabeza que a duras penas avanza, los insectos son una amenaza.

En un registro de parábola con aterrador sustrato apocalíptico, Árida, la nueva obra de Tocornal está armada desde la paciencia y desplegando una sabiduría de orfebre de la palabra. Esto no es sorpresa para ningún lector del autor de San Fernando, convertido ya en maestro del idioma de laliteratura española actual. Tras aquella explosiva novela que fue Malasanta y después de demostrar poderío en el relato con Cadillac Ranch, Antonio Tocornal extiende su magisterio a la novela corta gracias a Árida. No se la pierdan.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios