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entrevista

Patricio Pron: "Hay cosas que en Alemania no puedes decir ni hacer"

lunes 01 de diciembre de 2008, 20:21h
¿De dónde viene su interés por Alemania?
De la literatura centroeuropea y, en particular, la alemana, que he leído desde joven. El hecho de que recibiera una oferta para hacer un doctorado en la universidad de Göttingen, en donde he estado los últimos siete años, también fue determinante. Mi interés por la historia alemana ya existía antes pero se incrementó por el hecho de vivir allí. En particular, por una contradicción que vi en muchas personas y que me motivo a hacer la novela. Conocí a muchos alemanes que eran conscientes de la culpa colectiva en relación a las dos guerras mundiales y el Holocausto, pero no sabían o no querían saber nada de responsabilidad individual. Entonces me preguntaba qué habían hecho, que no habían hecho, que habían hecho sus padres, sus abuelos etc. Estas sensaciones resultaron luego muy fructíferas a la hora de escribir. Se trata de ese tipo de cosas, las que uno no puede quitarse de la cabeza, las que marcan a un escritor.

La estructura del libro es compleja, pero compleja también es la historia. ¿Qué trasfondo tiene?
Hay una idea acerca de la historia y el funcionamiento de la sociedad alemana, y es la de que el pasado se entrelaza con el presente. Lo que me interesaba además es la capacidad o el poder metafórico de la historia de Alemania. La novela habla de los hechos trágicos de Alemania y del presente alemán, y lo hace en la medida en que creo que el debate o la contradicción entre culpa colectiva y responsabilidad individual es algo que también afecta no sólo a Alemania sino también a Argentina y, por supuesto, a España.

Dice el protagonista de su libro, Martínez, que la historia es una carga que soporta a duras penas.
Para muchos extranjeros en Alemania lo interesante de la vida cotidiana allí es que está muy influida por el pasado, no en el sentido de que los alemanes sigan siendo nazis ni nada por el estilo, sino por todo lo contrario, porque lo tienen muy presente. Hacen una tarea continua y eterna de revisión de la historia para que no se repita. Por ejemplo, el sistema político alemán está completamente blindado a la llegada de partidos de extrema derecha, lo que es un modelo para otras democracias accidentales. Para algunas personas que hemos vivido allí, sí, la historia se presenta como una carga que desde luego uno tiene que llevar consigo. Hay cosas que en Alemania no puedes decir ni hacer, y esto te hace mucho más consciente del peso de la historia en la sociedad.



Pese a todo, para Martínez, Alemania sigue siendo un refugio. ¿También para usted?
La novela tiene algunos elementos autobiográficos, y éste es el principal. Estoy agradecido con los alemanes que me dieron la oportunidad de conocerles mejor y con aquellos que me dieron refugio cuando lo necesité. Un agradecimiento que no olvida tampoco las cosas que no me gustan tanto de Alemania.

¿Cuáles son?
El clima. (risas) No, en realidad hay muy pocas cosas que no me gustan de Alemania. Allí he sido muy feliz. A menudo me sucede que la gente me pregunta si vuelvo, pero no es una pregunta fácil de responder. No sé si se refieren a Argentina, a Alemania o a España. A donde vuelvo periódicamente es a Alemania y creo que es en el sitio en el que pienso cuando quiero volver a algún sitio porque allí he sido muy feliz. He aprendido mucho y el hecho de tener por primera vez el español como una lengua no cotidiana, me convirtió en la clase de escritor que quería ser.

Lleva publicando desde 1999 títulos con cierta connotación "oscura". ¿A qué se debe?
No había pensado nunca en ello. Es sorprendente lo que me dices. De cualquier forma con “El comienzo de la primavera” empieza otra etapa. Mi forma de aproximarme a la literatura no es visual, pero sí pienso en los textos como piezas musicales. Presto atención a la melodía de la frase, en cierta prosodia propia del lenguaje.

Pero reconoce que los hechos más trágicos de la historia, véase la II Guerra Mundial, han inspirado grandes obras. Y en su caso también lo parece.
Se suele hablar de algo parecido en el cine. Dicen que si quieres ganar un Óscar tienes que interpretar un papel trágico. No encuentro una motivación especial por este tipo de cosas aunque puede que haya una parte de mi personalidad que sí tienda a escribirlas. Puede, incluso, que haya un componente personal en ello. He crecido en una dictadura, luego puede tener una influencia en mis relatos. Pero también escribo novela cómica, por lo que no creo que esté a la caza de temas trágicos o tristes. Creo, sin embargo, que este tipo de contenidos son mayoría. Es mucho más habitual encontrar una persona infeliz que una feliz, y la felicidad es una emoción que sentimos mucho menos a menudo que la tristeza.


¿Cómo lleva separar su trabajo como novelista del periodismo?
No hago la distinción entre ficción y realidad. Probablemente por lo que voy a decir pierda mis trabajos como periodista. Para mí son parte del mismo trabajo. Leo y escribo, tanto periodismo como ficción, a veces con placer, otras con disgusto, con las mismas técnicas y con el mismo deseo de hacerlo bien. Pero no trazo una línea entre ambas cosas. Mi única limitación a la hora de escribir periodismo es la verdad. La verdad es difícil de aprender porque lo que para mí lo es, para otros no lo es. A la hora de ejercer el periodismo trato de ser fiel con la verdad, es una limitación, que, aunque es inconsciente, sale de manera natural.

¿Qué hay de sus novelas infantiles?
A los 12 años trabajaba en una librería. Mi familia no tenia dinero para comprarme libros así que era una buena manera de acceder a ellos, o incluso robarlos. Cuando tenía 15 años decidí ponerme a leer y a escribir, y aunque fuera un deseo adolescente yo lo seguí hasta las últimas consecuencias, tanto que sigo en ello y en ese sentido escribo libros para niños que me han dado mucho placer. Creo que conecto bien con ellos. “El comienzo de la primavera”, de hecho, acaba con un niño. Me interesa mucho su forma de comprender la realidad, muchas veces más honesta que la nuestra.

En 2000 viaja a Europa como corresponsal del diario "La Capital de Rosario". ¿Qué se encuentra?
Pasa que los argentinos crecemos escuchando que somos europeos. La contradicción que se le produce a un argentino que viene a Europa es que aquí son tratados como lo que son: latinoamericanos. Además en Argentina existe una xenofobia muy acentuada contra los paraguayos, bolivianos y peruanos. Por lo que les choca viajar a Europa y ser comparados con ellos, los que desprecian. Nunca fue mi caso. Nunca pretendí ser un europeo, aunque mi familia es europea. Argentina es muy diferente a Europa y en otros es parecida, por ejemplo, en lo arquitectónico, en la comida…Pero no hay duda de que hay diferencias grandes en términos políticos y sociales. Profundas desigualdades sociales están aquí menos acentuadas que en Argentina. Además aquí hay más oportunidades de sobrellevar el presente que en América Latina porque es un territorio decepcionante en ciertos aspectos. Viajo a Argentina cada dos años y cada vez descubro cuán difícil es vivir allí. Existe un cierto determinismo en la sociedad argentina, ya que creen que viven así porque sólo pueden vivir así. Y, sin embargo, tenemos el ejemplo de países más pobres en recursos naturales como España o Italia, que han conseguido labrarse un presente mucho más próspero. En sustancia, la búsqueda de dignidad y de justicia en la que están embarcadas muchas personas no es muy diferente. Por ejemplo, el debate de la memoria histórica también está en Argentina, luego confirma que tenemos más semejanzas de las que pensamos a simple vista.

Y en España, ¿cómo le tratan?
Me siento muy bien y bien recibido. Contra los pronósticos de amigos que me decían que la sociedad española es bastante dura, yo me he encontrado una recepción muy buena para mi trabajo. De modo que no tengo ninguna clase de pega u objeción. De lo que no hay duda es de que en ocasiones me desconcierta, como creo que les ocurre a los propios españoles. Creo que es parte del atractivo de vivir como extranjero, la vida cotidiana se ve enriquecida. Ves cosas que para el resto de las personas son cotidianas. Llega el día en que todo te sorprende, pero esa extranjería que para algunos es perjudicial, para mí resulta estimulante. Creo que me aburriría muchísimo volver a vivir en Argentina.

¿Está en sus planes escribir una novela ambientada en nuestra historia?
No escribiría una novela sobre la Guerra Civil porque es un tema muy tratado. Me gustaría escribir sobre el presente español, que me parece muy rico. Aún tengo pendiente un libro de relatos sobre Alemania para el año que viene y una novela sobre la historia de mis padres, algo muy duro para mí por tratarse de cuestiones personales. No debe sorprenderte que el próximo libro sea sobre España. Y os trataré bien porque os lo merecéis.

Premio Jaén de Novela, ¿contento?
Estoy feliz por haber ganado un premio que contribuye a la caza y captura del lector, es halagador. Llega ese punto en que las novelas dejan de pertenecerte para formar parte de los lectores.

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