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ORIENT EXPRESS

70 años de la Conferencia de Bandung

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 04 de mayo de 2025, 17:33h

Este año se cumplen 70 años de la Conferencia Afroasiática o Conferencia de Bandung (1955), que supuso un hito en el proceso de descolonización posterior a la II Guerra Mundial. Liderada por Sukarno (1901-1970), presidente de la República de Indonesia y anfitirón, y por Jawaharlal Nehru (1889-1964), primer ministro de la India, el encuentro pronto sumó los apoyos de otros países recientemente independizados: Pakistán, Birmania y Ceilán, hoy llamados Mianmar y Sri Lanka. A la cita acudieron un total de 29 países de Asia, África y el Oriente Próximo. Todos ellos compartían en mayor o menor medida la experiencia del colonialismo, el imperialismo o la injerencia de los grandes imperios modernos de Europa. Japón, que asistió, había sido una potencia colonial moderna.

A Bandung fueron los representantes de Laos, Filipinas y Camboya, Irán y Nepal, Tailandia y Turquía, del Reino de Afganistán y el Reino de Arabia Saudi, de la República Popular China -cuyo primer ministro, Zhou Enlai (1898-1976) impulsó la idea de buscar los puntos de encuentro en lugar de ahondar las diferencias entre los países- y Corea del Norte, que acababa de alcanzar en 1953 un alto el fuego con Corea del Sur. A los países socialistas se sumaba Vietnam del Norte.

El grupo de los países árabes fue muy nutrido. A los saudíes se sumaron Irak, Jordania, El Líbano, Libia, Siria, el Yemen y Egipto, cuyo presidente Gamal Abdel Nasser (1918-1970) casi estrenaba el cargo que había asumido en 1954 y ya era una voz autorizada en el panarabismo.

Entre los africanos, que aún no habían vivido la gran oleada descolonizadora de los años 60, estaba el carismático Kwame Nkrumah (1909-1972), pensador del movimiento panafricanista y futuro presidente de Gana. Estaban también Liberia, Etiopía, que contaba con la autoridad moral de la lucha anticolonial desde la primera hora -muchos recordaban la denuncia de la agresión fascista ante la Sociedad de Naciones- y Sudán, donde el ejército británico había sofocado la revuelta del Mahdi (1881-1899) y que se había convertido en otro de los símbolos del imperialismo británico junto con la India.

En general, había una oposición a la división del mundo en bloques -el occidental y el soviético- y a los intentos de influencia por parte de las superpotencias sobre los países descolonizados. La crítica era evidente respecto de los Estados Unidos -que ya habían actuado, por ejemplo, en Guatemala contra Juan Jacobo Arbenz, derrocado en 1954- pero incluía también a la Unión Soviética, que chocaba con la República Popular China en el Extremo Oriente.

Nehru propuso varios principios que inspirarían, después, al Movimiento de Países No Alineados: el respeto mutuo entre naciones, el respeto a la integridad territorial y la soberanía, la no agresión, la no injerencia en los asuntos internos de los demás Estados, la igualdad y el beneficio mutuo y la coexistencia pacífica. Los representantes de más de la mitad de la población mundial, pues, proponían lo que hoy llamaríamos un orden internacional justo. Se trataba de un momento decisivo en la Guerra Fría. La conferencia terminaría con una declaración de diez puntos que cimentarían el orden internacional contemporáneo.

A la reivindicación de paz -la conferencia se pronunció contra la amenaza nuclear y en favor de la reducción de los arsenales- se sumó la de creación de condiciones para el desarrollo y la defensa del marco de Naciones Unidas. Algunas de las grandes cuestiones de nuestro tiempo -por ejemplo, el fomento del uso pacífico de la energía nuclear y el peligro de la proliferación- ya estaban presentes en aquellos años de la Guerra Fría.

De alguna forma, el espíritu de la Conferencia de Bandung sigue presente en nociones como la de «sur global» o en organizaciones como la asociación de los BRICS -formada inicialmente por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- a la que se han sumado países como Egipto, los Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán. Como señala Aníbal Garzón en «BRICS. La transición hacia un orden mundial alternativo» (Akal, 2024), la Conferencia de Bandung -en particular las propuestas de Zhou Enlai- y los BRICS convergen en «la apuesta por la independencia económica dando mayor voz a países en vías de desarrollo».

Al proceso iniciado por la conferencia que ahora cumple 70 años, se sumarían países americanos y europeos ya en el ámbito del Movimiento de los Países No Alineados -fundado en Belgrado en 1961- ya, en una clave más orientada a los regímenes comunistas, en la Conferencia Tricontinental (1966), que en realidad se llamó Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina y se celebró en La Habana.

Cuando cayó el Muro de Berlín, pareció que el mundo se encaminada a un orden unipolar con una superpotencia hegemónica. Francis Fukuyama llegó a hablar del «fin de la historia». Hoy resulta claro que, bajo la superficie, un nuevo orden mundial se estaba fraguando. La Conferencia de Bandung fue un hito fundamental en ese camino.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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