La plaza estaba casi llena. Hasta las andanadas de abonos gratis, que suelen tener un aspecto algo vacío, se llenaron. Los toros de Fuente Ymbro, algo apagados al principio, no despertaban mucho entusiasmo. Sin embargo, la tarde cambió y fue cualquier cosa menos sosa.
Soplón (1º8/20) fue destroncado por el segundo muletazo, se cayó y se lesionó. Una pena y un aviso a los que abusan del capotazo curvilíneo, muy recargado. Salió Fantasmón (1ºbis 9/19 Chamaco), un toro que pecaba de mansurrón. Miguel Ángel Perera le planteó una faena en los terrenos cercanos a las tablas, hacia donde el bicho iba refugiándose. Falló con la espada. Lo mismo sucedió a Amargado (4º11/19), pero en este caso el error le costó un posible trofeo. El animal iba de maravilla: con fijeza, con ganas y franqueza. Perera lo brindó al público, se hincó de hinojos en el centro del redondel, le provocó al público un sonoro ay al citarlo por la espalda. Hilvanó las tandas por ambas manos, de muletazos trazados con esmero. Una gran ovación a los dos protagonistas.
Paco Ureña y Heráldico (2º9/20) han pergeñado y ejecutado una obra pausada, compuesta por largas distancias, esperas, desafíos mutuos. Se midieron y, finalmente, hubo una comprensión que dio lugar a bellas tandas llenas de autenticidad y esfuerzo tan característico de Ureña. La espada al segundo intento. Fanfarrono (5º11/20) era flojo. La presidencia se ha hecho un lío con los pañuelos para su sustitución. Otro sobrero, Rompeola (5ºbis9/19), se pegó un susto al ver moverse una muleta. Fue un mansurrón en toda regla en el caballo, pero las banderillas le han hecho bien. Ureña lo abordó como a un toro franco, no lo castigó ni le bajó la mano. Aguantó estoicamente los tornillazos y cabezazos, saltos y otras trampas del marrajo.
Regatero (3º12/20) fue picado de mala manera por Guillermo Marín: en un puyazo, al borde la ser descabalgado, ha hecho una demostración de todo lo que no se debe hacer en un tercio de varas. Ginés Marín hizo una faena aseada, peor algo afectada por un gesto exagerado. Y muchos recursos para bien y para aliviarse. Por cierto, algo ha ido mal durante la faena porque el toro finalmente, empeoró su condición y comenzó a desarmar. Con Señorío (6º9/19) pasó algo parecido, teniendo en cuenta que el animal tenía más genio y el diestro más desacertado: cambiaba de terrenos sin ton ni son. El toro seguía los movimientos del torero con la mirada amenazadora. Una vuelta al ruedo que nadie le dio.