El Presidente de la República Francesa encargó el año pasado un estudio profundo sobre la actividad de los Hermanos Musulmanes y, más en general, sobre «el islamismo político» en Francia. No es cosa de detenerse ahora en la terminología. Baste señalar que el adjetivo especificativo «político» quizás sería redundante: el islamismo siempre lo es en mayor o menor medida y esa es una de sus principales características.
El pasado 21 de mayo se ha publicado el informe fruto de la investigación realizada por los ministerios del Interior, de Asuntos Exteriores y de Defensa. Para su elaboración se ha escuchado a más de 200 expertos; entre ellos, miembros de los «servicios del Estado» -ha de entenderse que son de la comunidad de inteligencia, seguridad y defensa- académicos, diplomáticos y otros intelectuales. El resultado es un documento de más de 70 páginas cuya lectura es, al mismo tiempo, inevitable y preocupante. Nadie que se interese por el futuro de Europa puede soslayar este informe.
Fundada en 1928 en Egipto por Hassan El Banna (1906-1949), los Hermanos Musulmanes son un movimiento islamista de sobra conocido en el mundo de los estudios sobre islam contemporáneo, política y terrorismo. Su forma de actuar combina el activismo social, la movilización política y, en ocasiones, el terrorismo. Sin embargo, su principal campo de actuación es la sociedad civil bien mediante la creación de organizaciones propias (asociaciones culturales, plataformas solidarias, colegios, clubes deportivos, empresas) y la infiltración de otras, a las que van orientando poco a poco hacia los fines de la Hermandad.
El informe señala que «desde las Primaveras Árabes, la influencia de los Hermanos Musulmanes se ha ido deteniendo en el mundo arabo musulmán». Desde entonces, han trasladado el centro de sus actividades a Turquía y Europa. En Bruselas los Hermanos Musulmanes tienen como sede el Consejo de los Musulmanes Europeos (Council of European Muslims) y extienden su actividad a Alemania, Austria y el Reino Unido. «En Francia, los Hermanos Musulmanes han establecido desde hace casi cuarenta años una red sólida que se basa en dos elementos principales: una estructura central, Musulmanes de Francia (heredera de la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia, UOIF), y un conjunto de organizaciones religiosas, sociales y educativas». En nuestro país vecino, la Hermandad gestiona 139 lugares de culto vinculados a ella y opera en tres campos: «la educación, la acción social y la formación teológica».
Estos ámbitos de acción son importantes porque los Hermanos Musulmanes aspiran a la islamización de Europa mediante la influencia en la educación, la cultura y la sociedad civil. Quizás este sea uno de los aspectos más valiosos del informe: destaca la importancia que el aparato simbólico -por ejemplo, el uso del velo por parte de las mujeres- tiene como acto de afirmación política y de presencia en el espacio público. Los Hermanos Musulmanes, indica el informe, defienden el uso del velo como parte de una estrategia de ocupación simbólica y de fijación de marcos discursivos: se rebaja el valor de la mujer, pero se exalta a la que se cubre con el velo. En esta estrategia, han sido claves intelectuales públicos como Tariq Ramadán, a quien por cierto se invitó al «Encuentro Atman 2005», celebrado en Madrid en 2005 en el marco de la Alianza de Civilizaciones que impulsó el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. No suelen faltar sus opiniones, artículos y entrevistas en la prensa progresista europea.
El informe, pues, apunta al uso político de los intelectuales para crear marcos narrativos que, a partir de las categorías culturales y las instituciones jurídicas francesas -y podríamos decir lo mismo de las del resto de Europa- permitan una islamización progresiva. Así, se emplean el lenguaje republicano (libertad, igualdad, fraternidad, derechos del hombre, etc.) para ir diseñando un modelo de sociedad islamista. Los Hermanos Musulmanes libran una guerra cultural contra Francia empleando las categorías de la República.
En esa estrategia, la manipulación del concepto de «islamofobia» -cuya pertinencia no se discute, pero cuya manipulación se hace evidente- desempeña un papel central: se trata de un arma política que opera como etiqueta de deslegitimación y expulsión de la conversación y el espacio públicos. Los Hermanos Musulmanes, pues, recurren a la «cultura de la cancelación» para silenciar a sus oponentes -incluso a otros musulmanes- mediante el lanzamiento del bumerán ideológico de la «islamofobia». Esto se complementa con tácticas como «el uso del doble discurso y la búsqueda de respetabilidad».
Otro dato interesante que señala el informe es que, dentro del activismo islamista, «el fútbol, el baloncesto y los deportes de combate son particularmente objetivo de las iniciativas separatistas». Esta idea de separatismo es importante porque, empleando instrumentos que teóricamente propiciarían la integración social y la convivencia -este es uno de los ejes centrales de la relevancia del deporte en nuestras sociedades- los Hermanos Musulmanes están creando un orden social paralelo No se trata de adaptarse a la sociedad, sino de fracturarla y sustituirla por otra islamista empleando las propias instituciones y libertades de la República.
Este informe, pues, ha de servir como voz de alarma y advertencia de lo que está sucediendo en Europa. Gracias a él, cobra nueva luz, por ejemplo, el auge del antisemitismo que estamos viendo en el continente.