Los toros de El Torero, muy manejables (excepto 6º) y cómodos, elegidos de la misma camada, pero faltos de fuerza. Esto condicionó los tercios de varas, algunas reducidas a un mero trámite para salvar la faena. Aún así, varios piqueros se las ingeniaron para agujerear…
Rafa Serna confirmó con Bizantino (1º12/19), que tenía la embestida descompuesta. La faena no llegó al público: o el toro se caía o el diestro no acertaba con la colocación. El cierre por bernardinas y un estoque eficaz.
Barbecho (6º12/19) salió con más ánimo que los cinco anteriores. Serna lo citó a porta gayola y veroniqueó con esmero, abrochando la tanda con una entera. Siguió demostrando la variedad del repertorio capotero al poner en suerte al morlaco para las varas. Las tandas se forjaban sobreponiéndose al cabeceo insistente, el animal se vencía al natural, avivando más el peligro. En una de estas, el diestro casi recibe una fea cornada en la cara. La estocada entera y un trofeo.
Diego Urdiales tenía de todo, menos las ganas de torear. Castor (2º12/19) y Federal (4º12/19) fueron toros con buenas intenciones, sin embargo, destemplados pases y cambios de terrenos sin razón acabaron con sus embestidas Y todo se redujo en un conjunto atropellado de pases.
Roca Rey estaba desesperado por triunfar en Madrid. A toda costa. Hasta salvó a Delinciente (3º10/19) de las varas, tratando de engañar al público con una pantomima de tercio. El planteamiento de la faena fue el mismo que las temporadas pasadas: rodillazos, se lo pasa por la espalda, se pasea mucho, mucho gesto ante un apocado enemigo. No cuajó la oreja ni con la ayuda de los mulilleros a quienes se les escaparon las mulas y el presidente aguantó la presión de una parte del respetable. Tomillo (5º12/19) fue una malva de bicho y Roca alargó la misma faena hasta el aviso. Un trofeo de poca monta.