Los toros de El Parralejo no fueron un dechado de virtudes, sin embargo, tenían su faena para quien quisiera verlos. Mas nadie estaba viendo al toro. Empezaban enganchando el capote y, luego, los diestros no paraban al animal, sino se acomodaban como podían a las embestidas. Las faenas preconcebidas de cara al público, con pases de rodillas, redondos, estatuarios…
La tercera comparecencia de Miguel Ángel Perera no tuvo relieve. Ni con el capote ni con la pañosa.
Fernando Adrián salió a veroniquear, echando la pierna atrás, sin cargar la suerte, en un desajuste Actor (2º10/19) le enganchó y el diestro perdió el equilibrio. Se lo pasó por la espalda e hizo dos tandas de derechazos ajustadas y aplaudidas. Juguete (5º10/20) fue llevado a bocinazos, sin dominio ni capacidad de atemperar su embestida, que iba empeorando con cada serie. Una obra corretona y atropellada.
Tomás Rufo no se fiaba de Anhelomio (3º12/20), se iba de la suerte, ponía las distancias entre los dos. Con su segundo, Gestor (6º10/19), al fin, vimos algo parecido al Rufo de hace dos años: pies quietos y mandando. Pero esta reunión de temperamentos fue precedida por desacertados pases de rodillas que por poco acaban en un percance.