La tarde no despertaba muchas esperanzas. Lagunajanda, perteneciente al encaste dominante de Domecq, amenazaba con una tarde plomiza y larga. Sin embargo, los toros salieron variados, pero, excepto el 1º, todos daban opciones de lucimiento al diestro de turno. Hay que reconocer un detalle: los tercios de varas se redujeron a un trámite, unos picotazos para evitar el posible derrumbe de los astados y las protestas del publico. La verdad es que muchos toros se estaban quitando la vara a saltos, iban en zigzag al caballo… vamos, unos mansos muy aprovechables.
Alejandro Peñaranda confirmó con el parado Vinatero (1º11/19). La faena consistió en largos paseos del diestro, pero sin toreo. Su segundo, Navajero (6º10/19) tenía más sangre en las venas y, sobre todo, más celo en perseguir el engaño. El diestro, algo desconfiado, se creció y cuajó un par de series de derechazos. Puso una estocada entera, caída. Al público le pareció todo de perlas y pidió la oreja. Todo se redujo a una vuelta al ruedo.
Manuel Escribano no logró hacer una faena con el sello personal. Las banderillas que puso a Triguero (2º12/19) fueron a toro pasado. Y la faena resultó muy movida, para no decir corretona… La espada quedó envainada y corregida a la segunda. Escribano avanzó hacia los chiqueros para citar a Vengador (4º10/19) a porta gayola. Los pares al violín, al quiebro y uno peligroso prácticamente desde el estribo y quedándose pegado a las tablas. Unos estatuarios desde el centro del ruedo,pasándoselo por la espalda, y una obra con la pañosa olvidable, desgraciadamente.
Joselito Adame tuvo a su disposición a Papelero (3º10/19): un bicho guapo, a quien no le sacó mucho provecho. Algo parecido sucedió a Sifuera (4º10/19): larga la faena, de muchas tandas, pero ¿se acuerda alguien de una?