Los toros de Adolfo Martín han sido de la misma edad, cinco años cumplidos y de parejas hechuras, exceptuando a dos que pesaban más de 600 kilos. Pues, aún así, un sector “más entendido” los llamó novillos. Los animales llevaban el instinto a flor de piel y aprendían enseguida complicando el último tercio. Las varas de Borja Lorente y la segunda de Juan Peña han sido aplaudidas con razón. Hubo buenas estocadas y casi todas muy efectivas.
Antonio Ferrera ejerció toda la tarde de director de lidia, cosa muy peregrina para esta feria. El diestro construyó una faena a Sevillano (1º3/20) por ambas manos hasta que el animal aprendió y se puso a la defensiva. Cartuchero (4º1/20) no quería salir de los chiqueros: resultó que quedó lesionado y lo cambiaron por Rociero (4ºbis 10/20). El animal espantadizo no dio para mucho, además el público se puso embravecido.
Fernando Robleño se despidió de Madrid con dos malandrines de oponentes. Se retira el torero quien forjó toda su carrera con durísimas ganaderías. La faena a Mandroñito (2º1/20) resultó muy movida, con el diestro que no se quedaba quieto, pero el temple llegó con Aviador (5º3/20): un animal de embestida complicada, buscaba al diestro, sin embargo, hubo unos pases al natural de mucho temple y belleza, sin que se le arrugara la muleta.
Manuel Escribano fue muy protestado por su costumbre de poner banderillas. Un par de quiebro y al violín a Baratero (3º1/20) tuvo mérito. La faena complicada por el toro que iba frenando para cazar al matador. Aún así, Escribano se animó para citar a Madroño (6º3/20) a porta gayola y proseguir con una larga cambiada. El tercio de muleta, de mucho aguante, al toro que no se paraba y desarrolló mucho sentido.