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Dulce Habibi

Laila Escartín Hamarinen
miércoles 03 de diciembre de 2008, 22:23h
Recientemente, en un artículo lleno de sentido común y criterio, el analista norteamericano especializado en terrorismo Steve Emerson denuncia la gravedad de la línea políticamente ultracorrecta que han tomado en los últimos tiempos tanto el Gobierno Norteamericano (George W. Bush incluido) como los medios de comunicación masiva con respecto al terrorismo islámico. Parece ser que ya no se debe utilizar el término ‘terrorismo / terrorista islámico’ porque es racista y ofensivo, sin embargo, hay que utilizar términos como ‘extremista’ u ‘hombre armado’. (El amor es fuerte, y tú eres tan dulce, me pones fuerte, me pones débil.) En todas las noticias que se han emitido en la CNN, o lo que se ha escrito en el New York Times y demás periódicos norteamericanos sobre el reciente ataque islamista en Bombay, los periodistas utilizan la palabra ‘hombre armado’ en vez de ‘terrorista islámico’, aunque es más que obvio que los terroristas que han perpetrado los ataques son islamistas.

Utilizar eufemismos no es chiste ni cosa ligera. Si los informes médicos no hablan de la enfermedad por su nombre, la enfermedad no podrá ser tratada ni curada, porque el que lea el informe no sabrá de qué se trata. La rama fundamentalista del Islam, la Jihad, está en guerra con los judíos y con los occidentales, y su objetivo es eliminar (o sea matar) al enemigo. Así de sencilla y fea es la realidad, y si no nos enfrentamos a ella tal y como es, no lograremos defendernos y menos aún acabar con el terrorismo que amenaza la integridad física y psíquica de nuestras cultura y sociedad. Podemos ser unos cobardes que no se atreven a hablar del Coco por su nombre y esconden la cabeza convenciéndose así de que el Coco no existe (como hacen los niños de un año), o llamar al Coco por su nombre, aceptar la gravedad de su presencia y existencia y reaccionar para neutralizar el peligro, como hacen el musulmán moderado Zuhdi Jasser, que reside y escribe en los EE.UU., o el columnista residente en Oriente Próximo, Aijaz Zaka Syed, que valientemente cogen al toro por los cuernos, y lamentan públicamente que la rama fundamentalista dirigida por psicópatas haya secuestrado el Islam y lo represente en el mundo. Emulemos a estos valientes que saben de lo que hablan por pertenecer a esa religión en cuyo nombre se está asesinando, en vez de a los tontainas de los políticamente correctos que muestran tolerancia y comprensión hacia unos seres humanos que asesinan fríamente a los que no son como ellos.
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