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ENTREVISTA

J. Benito Fernández: "Me atraen los personajes raros, a los que se maldice, porque son de vida más interesante"

José Manuel López Marañón
lunes 16 de junio de 2025, 14:16h

Benito Fernández (Pontevedra, 1956) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. En 1974 comenzó a trabajar en Televisión Española, donde permaneció hasta 2008 y formó parte de los equipos de redacción de programas emblemáticos como Informe Semanaly Telediario. Ha participado en publicaciones culturales y de análisis como Quimera, El Viejo Topo, Triunfo, La Calle, Tiempo de Historia, Calle del Aire y Los Cuadernos del Norte. Escribe en medios digitales y también para ABC, El País, La Razón, Faro de Vigoy Heraldo de Aragón. Además de El plural es una lata se ha ocupado de las biografías de Leopoldo María Panero El contorno del abismo y Eduardo Haro Ibars Los pasos del caído. En 2017 entrega la tercera, El incógnito Rafael Sánchez Ferlosio. J. Benito Fernández ha editado y prologado Mi cerebro es una rosa, antología de textos de Panero, y participa en libros colectivos como Travesías biográficas. Un diálogo interdisciplinar. Colabora en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia y acaba de publicar Las claves de lo oscuro. Biografía de Ángel Guinda.

J. Benito Fernández: 'Me atraen los personajes raros, a los que se maldice, porque son de vida más interesante'
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Imaginamos qué será hoy entrar a una librería de cadena (en Bilbao solo quedan ya de este tipo) y solicitar allí un título de Juan Benet… Librerías sin los libreros de antaño y ajenas a cualquier idea de fondo editorial; mesas y estanterías copadas por los insípidos tochos de temporada destinados al lector español (el menos arriesgado y más acomodaticio del mundo)… El empleado consultando bases de datos y, si hay suerte con el almacén, pidiendo que volvamos en una semana… En fin.

Dentro del corpus narrativo benetiano en El plural es una lata señala usted, como ópera magna (y son bastantes los que piensan así), Saúl ante Samuel, «brumosa novela filosófico-religiosa en la que está todo Benet», y añade después: «culmen del estilo de Benet».

Para un inicial acercamiento a Juan Benet quizá Saúl ante Samuel resulte algo excesivo… ¿Qué libro suyo recomendaría J. Benito Fernández a ese milagroso lector que, interesado por este trabajo que ha publicado EL IMPARCIAL, quiera disfrutar de primera mano con este gigante de nuestras letras?

Para un acercamiento a la obra de Juan Benet, yo recomiendo comenzar por un libro delicioso y memorialístico que es Otoño en Madrid hacia 1950, puro costumbrismo, algo que su autor detestaba. Pero Benet, como todo ser humano, era muy contradictorio. Se puede continuar con sus cuentos y con dos novelas: El aire de un crimen, de intriga, y El caballero de Sajonia, sobre unos pasajes de la vida del reformador Martín Lutero.

En una entrevista concedida para la revista La Gatera de la Villa usted me dijo: «Con la biografía de Juan Benet (para mí será la mejor, la más acabada) culmino un proyecto: completar una tetralogía; dos escritores periféricos [Leopoldo María Panero y Eduardo Haro Ibars] y dos maestros [Rafael Sánchez Ferlosio y Juan Benet], aunque los cuatro son personajes raros».

He disfrutado con su tetralogía, pero no soy capaz de decir cuál es la mejor porque rayan todas a gran altura. Sí intuyo que para esta biografía de Benet la lista de interlocutores, cartas, dedicatorias, entrevistas, y hemerotecas haya podido ser la más copiosa. Como afirma Antonio Otero García-Tornel en su espléndida reseña para el suplemento literario Pérgola «Lo de J. Benito Fernández es arriesgado y consiste en desvelar comportamientos, buscar respuestas no evasivas entre suspicaces, registrarlo objetivamente todo».

¿Se deberá a esta feraz cosecha de documentos y personas relacionados con Juan Benet la afirmación de que este sea su libro biográfico más acabado?

Yo no digo que El plural es una lata sea mi mejor biografía, sino que es la más completa que he hecho; he pasado siete años de mi vida dedicado a este libro. Creo que todos mis trabajos tienen en común la metodología, todas las biografías llevan el mismo método, por tanto no puedo decir que una sea mejor que otra. Con la de Benet tuve la gran fortuna de poder acceder a 21 de sus agendas (el resto se perdieron), donde anotaba cada día sus quehaceres. Son 21 años de su vida. Ese material, como la correspondencia, para un biógrafo es un tesoro, al que no todo el mundo tiene acceso.

A Francisco Umbral (un autor, digamos, poco apreciado por Benet) su numerito en el programa de Mercedes Milá, «Yo he venido aquí a hablar de mi libro», a la larga le perjudicó. Que los espectadores se quedaran con esa frase y no pasaran de ahí en poco ayudó a que aquel libro, y los demás, se vendieran mejor. Entrevistado en programas de TVE (en aquellos tiempos memorables para la cultura en televisión sólo existía el ente público) Juan Benet se lo ponía muy difícil a las presentadoras. Con continuos ademanes de fastidio dejaba la impronta de antipático. En el programa Directísimo de José María Iñigo acusó a Aleksandr Solzhenitsyn (destacado escritor ruso, disidente y premio Nobel) de estar favoreciendo al franquismo exponiendo la brutal realidad del sistema soviético de campos de trabajos forzados. Su amigo Elías Querejeta le rogó que no fuera a televisión, que caía fatal.

Para Juan Benet los periodistas saben de todo un poco y de nada mucho, «una gente que vive de lo que los demás les cuentan para administrarlo a su antojo al amparo de uno de los grandes fraudes sociomorales de nuestra época, el deber de informar».

Su impertinente forma de ser y de tratar a los medios, ¿colaboró a que su literatura no tuviese más público?

No creo que sus impertinencias colaborasen a tener menos ventas, en absoluto. La literatura de Benet es lo que podríamos llamar literatura de la dificultad. Como Pynchon, Handke, Bernhard, Proust... He de decir que cuando comienzo un trabajo biográfico, lo primero que hago es leer la obra completa del personaje a biografiar. Yo sólo había leído al Benet articulista. Pues confieso que además de crearme adicción su literatura, luego cualquier libro que leía se me caía de las manos. El ingeniero es adictivo.

Cuando hablaba de literatura Benet tampoco dejó de ser polémico. Todo el submundo de la literatura no le interesaba nada y lo despreciaba. Se permitía sarcasmos del tipo de calificar al Ulises de James Joyce como libro costumbrista (eso mismo le soltó a su íntimo amigo Luis Martín-Santos nada más leer Tiempo de silencio: que su novela no pasaba de un costumbrismo ramplón), menospreciar a Galdós, o llamar al padre de la novela moderna, a Fedor Dostoievski, «el Juan de Orduña del alma humana». También manifestó que la censura hacía algún buen servicio y a veces con carácter duradero, como «ahorrarle al público español las novelas de Isaac Montero o tratar de que para bien de su causa y para alivio de la vergüenza de sus correligionarios, aprenda a moderar su lenguaje y afilar su pensamiento».

Más acertado está Benet, en mi opinión, cuando tras declararse lector frecuente del ingenioso hidalgo, expone que toda la novela occidental oscila entre dos límites: el Quijote, ya inalcanzable según él, y en el otro extremo están En busca del tiempo perdido, de Proust, o ¡Absalón, Absalón!, de Faulkner.

¿Coinciden las sentencias literarias de Benet con sus querencias a la hora de elegir escritores?

La elección de los biografiados está en función de mis gustos. También es verdad que me atraen los personajes raros, los asociales, a los que se maldice. Pero es que son los que tienen vidas más interesantes. En principio pensé en hacer una tetralogía: dos poetas periféricos (Panero y Haro) y dos clásicos (Ferlosio y Benet). Ahora ya he sobrepasado el proyecto inicial, claro. Pero con esa tetralogía me puedo dar por satisfecho. Algún día actualizaré El incógnito Rafael Sánchez Ferlosio, pues, como ya advertí en el subtítulo, eran unos meros apuntes. Rafael todavía vivía y muchos interlocutores no quisieron colaborar conmigo, por respeto a él –no le gustaba el género–. Una vez muerto ya todo es distinto. Ahora todos hablan.

El plural es una lata está coincidiendo con la edición, corregida y aumentada para Anagrama, de El contorno del abismo: vida y leyenda de Leopoldo María Panero (2023). Por si no fuera bastante, en este comienzo de 2025 la editorial Olifante publica su quinta biografía: Las claves de lo oscuro. Biografía de Ángel Guinda. Otro poeta muy interesante de nuestras letras con una compleja personalidad y cuyos secretos también se ha propuesto desvelar usted…

Yo reconozco no dar abasto con su producción. Díganos: ¿no se hace la competencia a sí mismo?

Con mis últimas publicaciones puede dar la impresión de que hago biografías como churros. Pero no es así. Es mucho el tiempo empleado en cada libro. El trabajo más rápido ha sido la recién publicada Las claves de lo oscuro. Biografía de Ángel Guinda, en la que he empleado dos años, porque he recibido muchísima ayuda; prácticamente no me he movido de casa: me han enviado toda la documentación a mi domicilio. Ha sido mi primer encargo. Ángel era amigo y su editora Olifante me lo propuso.

Sabido el trabajo que le llevan estos libros de gran rigor y precisión historiográfica, su aprovechamiento del tiempo recuerda, por lo intensivo, al que de él hacía Juan Benet, aunque –y estamos casi seguros de ello– sorteando su desaforado desenfreno.

Además de escribir, ¿a J. Benito Fernández le da la vida para leer por placer y sin obligación, salir con sus amistades o ir al cine?

La jornada es muy larga y si se aprovecha, da mucho de sí. No le diré aquello de «Mucho tiempo he estado acostándome temprano», pero yo me acuesto pronto sí, y madrugo, voy al gimnasio, hago la compra, leo la prensa, cocino, leo (de trabajo y de placer) y escribo. Pese a no ser cinéfilo, también voy al cine, pero a tiro fijo, por alguna recomendación, críticas, etcétera. De vez en cuando me veo con los amigos, sentados a una mesa, en la barra de un bar... Llevo una vida monacal, pero es la elegida. Escribir requiere mucho tiempo y mucha soledad. Le puedo decir que mi profesión me costó un matrimonio; es difícil soportar a una persona que está todo el día sumergido en el trabajo, pues aunque no esté sentado al ordenador, estoy maquinando. En la cocina, sobre la almohada... Y con todo, tuve tiempo para escribir mi primera novela, que saldrá en la editorial Galaxia en la rentrée, traducida al gallego. Ahora estoy en el tramo final de una nueva biografía.Juan Benet

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