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PALEONTOLOGÍA

Un reptil del Triásico con estructuras similares a plumas desafía la teoría evolutiva

Representación gráfica de Mirasaura grauvogeli.
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Representación gráfica de Mirasaura grauvogeli. (Foto: Gabriel Ugueto)
miércoles 23 de julio de 2025, 17:53h
Un fósil de 247 millones de años revoluciona la comprensión de la evolución de la piel en los reptiles.

Un equipo internacional de paleontólogos ha descubierto un reptil fósil del período Triásico que desafía lo que sabíamos sobre la evolución de las cubiertas corporales. La criatura, bautizada Mirasaura grauvogeli, vivió hace aproximadamente 247 millones de años y presenta unas estructuras cutáneas jamás vistas en reptiles antiguos: una cresta dorsal compuesta por prolongaciones complejas similares a plumas.

El hallazgo, liderado por los investigadores Dr. Stephan Spiekman y Prof. Dr. Rainer Schoch del Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart, fue publicado recientemente en la revista científica Nature y podría cambiar para siempre la forma en que entendemos la evolución de las escamas, pelos y plumas.

"Mirasaura es incluso más antiguo que los dinosaurios y no está emparentado con ellos. Sin embargo, muestra que la capacidad genética para desarrollar estructuras cutáneas complejas existía ya en los primeros reptiles," explicó el Dr. Spiekman.

Una “alternativa a las plumas” antes que las aves

La cresta dorsal de Mirasaura está formada por apéndices densamente solapados, con una forma aerodinámica y una cresta central marcada, similares en contorno a las plumas pero sin ramificaciones internas (como las barbas de las aves). Por ello, los científicos concluyen que estas estructuras evolucionaron de forma independiente a las plumas verdaderas.

Este descubrimiento cuestiona la idea de que solo los dinosaurios y aves desarrollaron tales adaptaciones. De hecho, Mirasaura pertenece a un grupo de reptiles trepadores y muy peculiares llamados drepanosaurios, conocidos por sus cuerpos alargados, colas prensiles y extremidades especializadas para la vida en los árboles.

Gracias a tecnología avanzada como la imagen por sincrotrón, el equipo reconstruyó el cráneo de Mirasaura, revelando un perfil notablemente parecido al de las aves actuales: hocico estrecho y sin dientes, grandes cuencas oculares y un cráneo abovedado. Estas características sugieren que el animal se alimentaba de insectos en los troncos de los árboles, y vivía en los bosques que surgieron después de la gran extinción del Pérmico-Triásico.

"Mirasaura desarrolló una alternativa a las plumas muy temprano en la historia de la Tierra, lo cual no esperábamos. Este descubrimiento estimulará nuevas investigaciones y debates," señaló el Prof. Schoch, experto en reptiles fósiles.

Análisis químicos de restos de tejido blando preservados en la cresta mostraron la presencia de melanosomas, orgánulos que contienen pigmentos de melanina. La forma de estos melanosomas se parece más a los encontrados en plumas que a los de la piel de reptiles modernos o el pelo de mamíferos, lo que refuerza la hipótesis de que estas estructuras eran más que simples escamas decorativas.

El nombre Mirasaura grauvogeli —"el reptil maravilloso de Grauvogel"— rinde homenaje a Louis Grauvogel, un coleccionista de fósiles aficionado que comenzó a excavar en la región de Alsacia en la década de 1930. Su colección, conservada por su familia durante décadas, fue donada al Museo Estatal en 2019, lo que permitió el descubrimiento y análisis detallado de Mirasaura.

Desde el descubrimiento de dinosaurios con plumas en China en los años 90, los científicos han reconsiderado cómo evolucionaron las cubiertas corporales en reptiles y aves. Ahora, Mirasaura amplía aún más este panorama, mostrando que la diversidad de estructuras dérmicas comenzó mucho antes y en linajes no relacionados con los dinosaurios o aves modernas.

“La evolución, una vez más, nos sorprende. Mirasaura nos muestra que la historia de las cubiertas corporales en los vertebrados es mucho más compleja de lo que pensábamos,” concluyó el Prof. Hans Sues del Museo Nacional de Historia Natural de Washington D.C., coautor del estudio.

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