Señala Anna Caballé en esta monumental e imprescindible biografía de Rosa Chacel, nacida en Valladolid en 1898 -recordemos, año decisivo en la historia de España, con la pérdida de las últimas colonias y el surgimiento de la Generación literaria de 1898-, y muerta en Madrid, precisamente el 27 de julio de 1994, que en la última anotación de su diario recogió un sueño: “Ella estaba contemplando el cuadro que Joaquín Valverde les pintó cuando Timo y ella eran jóvenes, estaban en Roma y eran más o menos felices. Él con pajarita y zapatos de un atrevido color rojo. Ella sonriente y confiada, con un vestido del mismo color. En su sueño, Chacel veía el cuadro en movimiento, las figuras iban cambiando de lugar”, escribe Caballé. Y consigna el comentario de la escritora vallisoletana sobre ese sueño: “(N) o duró mucho, pero sí lo suficiente para quedarme ante el horror de lo imposible que sin embargo no era horroroso: era tan increíble que me desperté”.
La complejísima relación de Rosa Chacel con su marido, el pintor extremeño Timoteo Pérez Rubio (Oliva de la Frontera, Badajoz, 1896-Valença, Brasil, 1977) es uno de los aspectos abordados por Anna Caballé en su trabajo. Se conocieron en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, donde Rosa estudiaba escultura y Timoteo pintura. Se casaron en 1921, y tuvieron un hijo, Carlos Pérez Chacel. La autora de La sinrazón, una de sus mejores y más representativas novelas, escribió Timoteo Pérez Rubio y sus relatos de jardín, sobre su esposo y este la retrató en varios cuadros, siendo especialmente célebre el que se exhibe en el Museo de Bellas Artes de Badajoz. El matrimonio de Rosa y Timo estuvo repleto de crisis, sobre todo al descubrir que este le era infiel con su hermana, Blanca, dieciséis años menor que ella, y luego en su larga relación amorosa con la brasileña Lea Pentagna. Bien resume Caballé: “Rosa y Timo. Dos seres que se amaron, que se dejaron y se esperaron el uno al otro, a su manera, hasta el final. Amor, celos, infidelidades, decepciones, rupturas, dolor, amor de nuevo…”.
Sin duda, la enrevesada relación sentimental con su marido fue una de las razones que contribuyó a la amargura que asoló a Rosa Chacel. Aunque no la única. Como muy bien analiza Caballé, su biografiada fue una mujer complicada en continuo conflicto consigo mismo y con una vida en tensión trágica. Puede que por eso sus relaciones con los demás no resultaron fáciles, incluidos Ortega y Gasset -de quien se consideró discípula libre-, y su propio hijo. Y no siempre supo aceptar y agradecer como era debido la ayuda que en determinados momentos le prestaron los demás. Muy segura de su vocación, que sobrepasaba, como confiesa la propia Chacel, la “vocación profesional” para inscribirse en la “vocación vital”, Caballé apunta que en su torpeza social jugó un papel fundamental “el no encontrar un punto de contacto confortable entre la alta estima intelectual en la que se tenía a sí misma y el desdén que le merecían en general los demás”. Lo que no impide que en la continua relectura de sus propios libros, unas veces le parecieran obras maestras y otras les encontrara enormes defectos.
Anna Caballé, autora también, entre otras, de las biografías de Carmen Laforet y Francisco Umbral, ha trabajado durante más de una década en este libro, donde recorre en detalle toda la trayectoria vital y literaria de Rosa Chacel: nacimiento, establecimiento en Madrid con sus padres, familia -era sobrina-nieta de José Zorrilla-, amistadas, obra, estancias en Roma y Brasil, exilio y regreso a España, dificultades y estrecheces económicas, reconocimiento final cuando bordeaba los setenta años…, apoyándose en una ingente documentación a través de los diarios de Chacel, cartas, testimonios de quienes la conocieron…, acompañada de numerosas notas, un útil índice alfabético, bibliografía y significativo material gráfico.
El resultado no cae en una simplista hagiografía, sino indaga en las contradicciones, claroscuros…: “Aprendí de Stefan Zweig -nos dice Caballé- que desvelar el interés por una figura relevante del pasado obliga a profundizar en su verdad anímica, sin miedo […]. Mi modelo aspira a alejarse de cualquier toma previa de partido para buscar simplemente explicaciones a una vida vivida”. Estamos ante un magnífico emerger de Rosa Chacel como continente sumergido. Esperemos que, en los fastos de 1927 sobre el aniversario de la Generación de 1927, la autora de la maravillosa novela de cuño autobiográfico Barrio de Maravillas ocupe el lugar que le corresponde.