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entrevista

Nicole Kidman: "Sólo mereces un trato preferente cuando has hecho algo por cambiar el mundo"

viernes 12 de diciembre de 2008, 18:39h
“Se te nota en la mirada que sigues enamorada”. Eso dice una canción española, que se puede ajustar perfectamente a su momento actual...
(risas) Estoy en un momento muy feliz de mi vida, es cierto. Mi matrimonio y el nacimiento de mi hija me hacen sentir una mujer realizada. Nunca antes me había sentido así. Nuestras profesiones no son nada fáciles porque conllevan muchas distancias. Así que nos prometimos no estar separados más de una semana. Lo cumplimos desde el primer día. En la gira europea me acompañan los dos.

¿Protagonizar "Australia" era un sueño sin cumplir?
Otro sueño más que se cumplió en el momento oportuno. Ya me había casado con Keith, así que el mejor tributo que podía hacerle a mi país y mi marido era esa película. Director y actores australianos y ¡rodada en mi tierra natal!. Además, durante su rodaje me quedé embarazada de mi hija. Creo que sobran las palabras...

¿Fue, en cierta medida, un regreso a sus raíces?
Sin ninguna duda. Entre todos hemos creado un grupo de gente que, no sólo hemos hecho una gran película juntos, sino también hemos sido protagonistas de una experiencia inolvidable. En algunos momentos regresé a mi infancia porque, sin querer, ese paisaje con sus olores y su gente me devolvieron a mi niñez. Todo eso me hizo valorar lo que ahora tengo. Estoy rodeada de la gente que amo, en especial de mi familia que en nunca me ha fallado en los momentos más delicados. Vivo ahora una existencia llena de vida y de significado.


¿Ha conseguido que la vida sea justa con usted?
He logrado más de lo soñado. Siempre quise ser actriz. Veía a Katherine Hepburn en el cine y anhelaba ser como ella: elegante, glamourosa, enigmática... Un día, mi ex marido y yo le mandamos una foto suya para que nos la firmara. Se negó a hacerlo porque no quería estampar su firma en el reverso de una foto. ¡Hasta en eso era diferente!

¿Es mujer de recuerdos?
Por supuesto. Son los que han ido construyendo el camino de mi vida. Los buenos y los malos. Yo fui una niña muy feliz, con una familia que me daba seguridad y fuerza. Aunque también pasé por momentos muy duros.

¿Le hicieron más fuerte?
Pienso que sí. Cuando tenía 17 años, nos dijeron que mi madre padecía un cáncer de mama. Creo que es la peor experiencia por la que puede pasar una mujer. Todavía tengo muy presente su rostro y su ánimo durante los meses de tratamiento con quimioterapia. Eso me hizo sufrir mucho y, al mismo tiempo, madurar viendo en ella el dolor.

¿Le ha marcado ese episodio?
Sin duda alguna pero, sobre todo, me ha hecho valorar más la vida, aferrarme a lo que de verdad merece la pena. Eso ahora me permite ser más feliz, incluso ante la adversidad.

¿Cuándo supo que lo suyo era “jugar a ser artista”?
Desde siempre. Con cuatro años ya estaba matriculada en una escuela de ballet. En Navidades debuté en una obra de teatro del colegio. Nunca lo olvidaré.

¿Qué tuvo de especial?
Pues que me eligieron para hacer ¡de la Virgen María! pero mi timidez me lo impidió. Acabé siendo una oveja...¡¡imagínate!! (risas). Llevaba un disfraz increíble que me había hecho mi madre. Tenía que estar en un rincón, me moría de calor y no paraba de moverme. Como era de esperar, tropecé y me caí. Me llevé un golpe tremendo, pero la gente no paraba de reírse y de aplaudir. Fue inolvidable...


¿Y cómo convive una tímida con una profesión como ésta?
¡Pues como puede! Siempre han pensado que soy estirada y fría, pero todo es producto de mi timidez. Me aterra, por ejemplo, llegar sola a una fiesta. Más de una vez me he dado la vuelta y me he ido antes de llegar al sitio. Supongo que es algo con lo que tendré que convivir y cada día, creo, lo voy llevando mejor.

¿Los años le han ayudado a aceptarse?
No me ha quedado otro remedio. Con 13 años ya medía 1´78 y eso me acomplejó muchísimo. Siempre he odiado mi pelo rojo y rizado que era motivo de burla en el colegio. Todo eso me frustró bastante durante mucho tiempo.

¿Nadie le quería como era?
(risas) Bueno, mi madre, que siempre me consolaba diciéndome que mi pelo era precioso y que a los hombres les gustaban las chicas altas. El caso es que aprendí a superarlo todo.

¿Y ahora se gusta como persona?
Quisiera ser menos impulsiva, más tranquila. A Gracia de Mónaco le llamaban “Alteza Serenísima”. Me gustaría que, algún día, dijeran de mí que soy serena. Es un rasgo del carácter que me gustaría tener.

Con serenidad se enfrentó a los momentos más delicados de su vida.
Hay que aceptar las cosas como vienen. Pasé por momentos muy duros que, a veces, aún me cuesta recordar. Agradecí a la gente que no me mirara con compasión ni con pena. Vosotros, los periodistas, también habeis eludido el tema en las entrevistas personales. Estoy muy agradecida.

¿Qué ha sido lo más difícil de todo?
Seguir adelante, acostumbrarte a la ausencia...pero siempre tuve a mi lado a mi familia, mis amigos y a mis hijos. Ahora, junto con mi marido y mi hija, son la razón de mi vida, el motivo por el que rio cada mañana.

¿Cómo proteje su intimidad de la curiosidad pública?
Nunca quisimos que los niños vivieran como hijos de padres famosos. Hemos logrado preservarles de las cámaras y de ser el centro de atención en los medios informativos. Cuando sean mayores de edad, ellos decidirán si quieran aparecer en fotos o acudir a los estrenos. De momento, no forman parte de Hollywood.


¿La maternidad es lo que realmente nos hace diferentes?
Sin ninguna duda, además es lo que más te transforma. Dejas de pensar en ti para orientar tu vida en función de ellos. Durante algún tiempo tuve que acostumbrarme a no obsesionarme con mis hijos porque abandonaba todo por ellos. Anulaban todo lo que tenía alrededor.

¿A quién se parecen?
Un poco a sus padres (risas) Para mí son los más guapos del mundo ¿qué te voy a decir?. Son sanos, traviesos, graciosos. La razón de mi vida y el mejor apoyo en los momentos duros. Nos necesitamos mutuamente.

¿La familia es su prioridad?
Soy muy familiar. Me gusta la casa y estar en ella con la gente que quiero. Ten en cuenta que mi trabajo implica estar mucho tiempo fuera del hogar. Me gusta cocinar y ¡comer!. Cuando me meto en la cocina soy una mujer diferente, ahí sí que consigo ser una mujer serena. Cocinar me reconforta, me recuerda mi infancia...cuando era mi madre la que cocinaba y yo le acompañaba.Le daba masajes para que se relajara y,ahora,son mis hijos los que me los dan a mí. La historia se repite..

Es ley de vida. Y, cuando se tiene la vida tan llena, ¿hay temores?
Claro. Yo tengo miedo a perder a alguien a quien quiero, temo al dolor... pero no al físico, sino al emocional que es más difícil de controlar. Es una sensación maravillosa el ofrecer tu vida a los demás,pero es importante que cada uno tenga su independencia porque sobrevives mejor a las carencias.

¿Piensa en el futuro?
A veces me veo viviendo en Italia, en la Toscana, rodeada de niños en una granja. Y siendo abuela ¡eso me encantaría!. Me gustaría tener una cocina enorme para poder cocinar a mi gusto. Me veo también bailando salsa, bebiendo margaritas. Como puedes ver tengo un futuro muy abierto.

¿Ha conseguido ser una mujer feliz?
Lo intento cada día. La felicidad no es algo constante, que está ahí a diario. Hay que alimentarla como el amor. Ahora vivo una felicidad plena, veo por los ojos de mis hijos y vivo por y para ellos y mi marido. Ahora trato de vivir la vida, no huir de ella. Me alivia mucho trabajar, pero tengo más ganas de disfrutar de la vida. Y creo que lo voy consiguiendo.

¿Lleva mejor la convivencia con la fama?
Me resulta incómoda muchas veces, me violenta incluso. Cuando trabajo no me gusta nada la ostentación ni que me traten de una manera diferente a los demás. No quiero una roulotte diferente a las otras, ni que tengan deferencias conmigo. No quiero que la gente piense que me siento diferente a ellos. Creo que solamente mereces un trato preferente cuando has hecho algo por cambiar el mundo, cunando eres una Madre Teresa de Calcula o un Nelson Mandela. Sólo los justifico en esos casos.

¿A qué aspira ahora?
A tener una vida privada tranquila y, sobre todo, digna. Hay que tener en cuenta que la diferencia entre los perdedores y los triunfadores está en la línea que separa la realidad del deseo. En estos momentos sé lo que quiero y tengo los pies en la tierra. Estoy decidida a seguir adelante y disfrutar de mi vida, tanto por mi bien como por el de mi familia.

¿El trabajo es una buena terapia?
Es una buena fórmula para olvidar y mitigar el dolor. Mi profesión es importante para mí porque ha soñado siempre con hacer esto. Ahora estoy recogiendo los resultados de los que he ído sembrando a lo largo de mi vida. Tengo la fortuna de haber elegido bien y mis últimos trabajos me están dando muchas satisfacciones.

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