El Museo del Prado ha presentado este jueves el resultado de la restauración del retrato de Felipe IV a caballo de Velázquez.
Se trata de uno de los lienzos realizados por Velázquez para adornar los testeros del Salón de Reinos con la intención de representar la continuidad de la monarquía y de su dinastía.
El Prado explica que se trata del único de los retratos ecuestres realizados para el Salón de Reinos que contiene una declaración de autoría. "Se trata, sin duda, de la obra más importante del conjunto y una de las piezas maestras en la historia de su género".
Felipe IV aparece, al igual que su padre, montando un caballo en corveta y llevando bengala, banda y armadura, con lo que compone una imagen llena de autoridad y firmeza. El entorno es un paisaje abierto, con mucho horizonte y varias ondulaciones. El artista dibujó al monarca de perfil, una perspectiva que "crea un clímax en el que se mezcla la serenidad con la majestad".
La intervención, realizada por María Álvarez Garcillán, ha permitido recuperar la riqueza cromática y la estructura original de una obra que había sufrido los efectos del tiempo y las intervenciones pasadas. Una intervención que, en palabras de Miguel Falomir, director del Museo del Prado, “permite comprobar la absoluta maestría de Velázquez y su deuda con Tiziano”.
Uno de los problemas específicos que ha planteado la restauración ha sido el tratamiento de las bandas laterales añadidas por el propio Velázquez al formato inicial para adaptarse a la arquitectura del Salón. Con estos añadidos la esquina inferior izquierda se solapaba sobre la puertezuela de acceso.