El Museo de Historia de Madrid muestra ya restaurada su portada principal. Diseñada por el arquitecto Pedro de Ribera y construida entre 1721 y 1726, está realizada en granito y dolomía, con presencia de elementos metálicos y dedicada a la figura de San Fernando. Considerada uno de los grandes ejemplos del barroco madrileño, preside el antiguo Hospicio del Ave María y San Fernando, actual sede del museo.
El edificio fue declarado Monumento Artístico Nacional en 1919, adquiriendo la categoría de Bien de Interés Cultural. Desde entonces, se han sucedido diversas intervenciones, algunas de las cuales afectaron directamente a la portada. En ocasiones, se aplicaron técnicas poco compatibles con los materiales originales, lo que, unido al paso del tiempo y a las inclemencias meteorológicas, derivó en un deterioro progresivo.
Entre las patologías detectadas, se encontraban microfisuras y fisuras, pérdidas de material, deplacaciones, morteros de elevada dureza, alteración cromática, además de restos de ceras microcristalinas que provocaban manchas. También se observó suciedad superficial, depósitos y colonización biológica.
El Ayuntamiento ha acometido la intervención con el respaldo de estudios técnicos y científicos. Los trabajos han sido ejecutados por un equipo multidisciplinar formado por conservadores-restauradores, petrólogos, arquitectos, arquitectos técnicos e historiadores.
Los objetivos se han centrado en estabilizar el estado material de la obra, frenar el deterioro y recuperar su valor histórico y estético, aplicando soluciones compatibles, reversibles y respetuosas con el conjunto.
Las labores desarrolladas han incluido el saneado de las zonas deterioradas, la limpieza superficial y mecánica —incluso mediante microproyección— y la consolidación puntual de las áreas más disgregadas. Se han retirado los morteros degradados para su reposición y se han entonado los nuevos materiales con los originales. También se han eliminado recrecidos de intervenciones anteriores que distorsionaban la lectura de la portada y se han sustituido los baberos de plomo en mal estado.
Las rejas y elementos metálicos se han protegido frente a la corrosión y se han asegurado los que presentaban riesgo de desprendimiento. Finalmente, se ha aplicado un hidrofugante sobre toda la superficie para protegerla de los efectos del agua.
La intervención se ha completado con la ampliación de la línea de vida existente en la cubierta del museo para facilitar futuras labores de revisión y mantenimiento, conforme al Plan de Conservación Preventiva de la Portada. También se han instalado sistemas para evitar el posado de aves y prevenir el biodeterioro de la piedra.