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CINE

El cine español visto por los ojos de Idígoras: los murales del Albéniz

Javier Mateo Hidalgo con Ángel Idígoras ante los murales del Teatro Albéniz.
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Javier Mateo Hidalgo con Ángel Idígoras ante los murales del Teatro Albéniz. (Foto: Javier Mateo)
Javier Mateo Hidalgo
lunes 10 de noviembre de 2025, 16:29h
Actualizado el: 10 de noviembre de 2025, 16:34h

Entre la Plaza de la Merced y la Alcazaba con el teatro romano, han surgido auténticas obras de arte en los muros del antiguo ambigú del malagueño Cine Albéniz. Imágenes emblemáticas de nuestro séptimo arte, encarnadas por aproximadamente sesenta y cinco personajes nacidos del celuloide y pertenecientes a todas las épocas: el personaje femenino del Viaje a Júpiter de Segundo de Chomón (1909), el fantasma de don Robinsón de Mantua en La torre de los siete jorobados de Edgar Neville (1944), el Juan engabardinado y con sentimiento de culpa en Muerte de un ciclista de Juan Antonio Bardem (1955), la Marisol y el Pablito Calvo de las películas que les hicieron famosos como niños prodigio, el Agustín Valverde de La ciudad no es para mí (Pedro Lazaga, 1966), el español medio atrapado en la pesadilla claustrofóbica de La cabina de Antonio Mercero (1972), la niña Ana de ojos curiosos en El espíritu de la colmena de Víctor Erice (1973), la Saturna devoradora de su propio hijo en Furtivos de José Luis Borau (1975), la matriarca que surgía de los cielos en Mamá cumple cien años de Carlos Saura (1979), el “Cepa” de El crimen de Cuenca (Pilar Miró, 1979), el Azarías con su “milana bonita”, su hermana y su yerno en Los Santos inocentes de Mario Camus (1984), el personaje de Lota en La corte del Faraón José Luis García Sánchez, 1985), el cómico Carlos Galván en El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán Gómez, 1986), el padre y el hijo de Amanece que no es poco (José Luis Cuerda, 1989), el Quijote televisivo de Manuel Gutiérrez Aragón (1992), la pareja de Jamón, jamón de Bigas Luna (1992), el heavy de El día de la bestia de Álex de la Iglesia (1995), don Rodrigo de Arista y Potestad en El abuelo de José Luis Garci (1998) o el equipo de Campeones de Javier Fesser (2018). Cada uno de estos roles oculta un nombre propio tras la máscara de la ficción: Félix de Pomés, Alberto Closas, Pepa Flores, Paco Martínez Soria, Ana Torrent, Rafaela Aparicio, Paco Rabal, Terele Pávez y Alfredo Landa, Ana Belén, Antonio Resines y Luis Ciges, Penélope Cruz y Javier Bardem, Santiago Segura, los
Fernandos (Fernando Rey y Fernando Fernán Gómez), Antonio De la Torre, Carmen Machi, Dani Rovira o Javier Gutiérrez inundan las paredes en un blanco y negro pictórico-fílmico y con los trazos inconfundibles de este creador malagueño ya legendario.

En un tiempo récord —tres meses— y ayudado de sus hijos —Pablo, Marta, Daniel— y de su mujer —Sonia Codes—, Idígoras ha levantado este trampantojo sorprendente y que, desde el mismo momento de su ejecución, va a formar parte ya del patrimonio artístico y cultural de la ciudad andaluza. Cada una de las criaturas fílmicas y pictóricas de este Mural del Cine Español ocupa una posición lógica y natural dentro de esta gran composición que tiene como fondo los lugares emblemáticos mencionados. En ningún caso se repiten intérpretes ni cineastas, algo verdaderamente meritorio. Además de personas y lugares, están muy presentes los animales —obra de Pablo Codes—, destacando la mencionada “milana” junto con otros pájaros sobrevolando el paisaje malagueño o el perro de Truman (Cesc Gay, 2015). Otra curiosidad a destacar es el uso de pintura de pared —y no de otro tipo más esperable o favorable para la creación, como podría ser la acrílica o plástica—, lo que refuerza este acto de valentía vertido en 12 litros de blancos, negros y grises industriales. También en las columnas del recinto surgen carteles a modo de trampantojos con llamativas películas al modo de los que figuraban en los cines clásicos: Viridiana (Luis Buñuel, 1961), Atraco a las tres (José María Forqué, 1962), Historias de la televisión (José Luis Sáenz de Heredia, 1965), Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014), La trinchera infinita (Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga, 2019) o El 47 (Marcel Barrena, 2024). Un auténtico regalo para cinéfilos y amantes del arte en general, surgido de esta familia de artistas. No es la primera vez que Idígoras se atrevía con una obra de esta magnitud, pues en 2023 ya se había encargado de realizar el mural Historia de Málaga en uno de los muros exteriores del colegio Pintor Denis Belgrano, también en la ciudad. Ante un paisaje marítimo —con naufragio de fondo, el del Gneisenau— figuraban en orden cronológico treinta y dos personajes icónicos malagueños como Ibn Gabirol, Vicente Espinel, José María Torrijos, Trinidad Grund, Cánovas del Castillo, Giner de los Ríos, Isabel Oyarzábal, El Piyayo, Blas Infante, Chicharito, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, Victoria Kent, Pablo Picasso o Anita Delgado.

El propio Idígoras tuvo la generosidad de recibirnos en su tierra, compartir con nosotros charlas y confidencias y mostrarnos el trabajo en el mismo día de nuestra llegada y por la noche, haciendo más mágica la experiencia. Se alegró de que reconociéramos al personaje del filme de Chomón (“casi nadie sabe quién es”) y nos explicó lo difícil que había sido la selección de personajes y de películas. Por ejemplo, a la hora de retratar al mítico actor Pepe Isbert, él hubiera preferido elegir el personaje que interpretó en El verdugo (Luis García Berlanga, 1963), si bien reconocía que el que finalmente representó en el mural —cuando se sueña como sheriff en Bienvenido Mister Marshall (Luis García Berlanga, 1953)— quedaba mucho más vistoso. Otro de los sucesos imprevistos llegó con el “soporte”, ya que los muros presentaban unos relieves a mitad que afectaron al proceso pictórico. Uno de ellos, por ejemplo, impidió que pudiera pintar las manos de Gracita Morales en su papel de Sor Citroën (Pedro Lazaga, 1967) a la altura que correspondían, teniendo que bajarlos un poco. Un nuevo imprevisto lo trajo uno de los inmortalizados: Lola Gaos. Y es que el vestido que lucía en Furtivos se encontraba barrocamente decorado de infinitud de flores, costándole al artista recrearlo varios días. También ha vivido el artista y su familia alegrías, como la felicitación de la propia Pepa Flores por su retrato o el interés y amistad forjada con los trabajadores del propio cine, con los que convivió en todo este tiempo.

Como curiosidad, el propio cine Albéniz estará proyectando entre noviembre y diciembre un ciclo con seis películas presentes en este magnífico mural —El viaje a ninguna parte (4 de noviembre), Muerte de un ciclista (11 de noviembre), La torre de los siete jorobados (25 de noviembre), El crimen de Cuenca (2 de diciembre), Atraco a las tres (9 de diciembre) o Amanece que no es poco (16 de diciembre)—, siendo un homenaje doble el que se lleva a cabo a nuestro cine. Para quien se encuentre interesado, todavía está a tiempo de disfrutar de esta doble experiencia como espectador pictórico y cinematográfico. ¡Pasen y vean, no se lo pierdan!

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