En Pedro Sánchez o la pasión por sí mismo. Anatomía de un dictador, Antonio Elorza realiza una enmienda a la totalidad del comportamiento político del actual presidente del gobierno español. A través de una recopilación de artículos publicados en la prensa, refuta con argumentos sólidos todas y cada una de las posturas adoptadas por el secretario general del PSOE, con las que ha perseguido plasmar su interés personal. Este particular modus operandi se ha traducido en innumerables virajes sobre acontecimientos trascendentes del panorama nacional (Cataluña) e internacional (Oriente Medio, Ucrania, Venezuela, Trump…).
Como resultado, nuestra democracia se ha erosionado notablemente, consecuencia del deseo de Sánchez por conquistar el sistema desde dentro, un camino ya recorrido por autócratas como Orban y Erdogan. El decisionismo del líder sustituye a la Constitución de 1978 (p. 175), en un proceso en el que lo principal es la imagen y, sobre todo, el lenguaje ya que se emplea para señalar a los adversarios, contando en esta tarea con una pléyade de medios de comunicación a su servicio, de tal manera que cualquier crítica al gobierno recibe el calificativo de bulo (p. 290). Además, tampoco debe sorprender que controle a su partido, cuyos miembros, en palabras del autor muestran una “fidelidad lacayuna” (p.212).
Con todo ello, tras las elecciones de julio de 2023, en las que el PSOE no fue el partido más votado, Sánchez aceleró su deriva radical, buscando el enfrentamiento con la oposición como forma de legitimación. Al respecto, el Elorza detecta una agresividad militante cada vez mayor, cimentada sobre una serie de mantras (la España progresista vs la España reaccionaria, con el recuerdo permanente a la Guerra Civil) que han dividido y polarizado a la sociedad, impidiendo la normal convivencia.
En este sentido, la Ley de Memoria Democrática le sirve para presentar a la derecha constitucional como heredera del franquismo, por lo que “la perspectiva de la reconciliación nacional, paradójicamente anunciada por el PCE en 1956, resulta sustituida por una crispación permanente, una interminable guerra fría destinada a partir en dos a la sociedad española” (p. 160).
Esta dinámica basada en la confrontación le ha permitido aprobar la Ley de Amnistía, herramienta fundamental para recibir el apoyo de los golpistas catalanes y lograr de este modo una escuálida mayoría de gobierno: “Queda roto el espejo de la nación española, esto es, de la defensa de los intereses de sus ciudadanos, pero esto lógicamente no importa a quienes disfrutan de la posición excepcional adquirida y tampoco a Sánchez que con ese puñado de votos se perpetúa en el poder” (p. 275).
En esta cuestión, a través de conceptos viciados y vaciados de significado, sobresaliendo el de “diálogo”, Sánchez justificó todas las concesiones que hizo al golpismo, sin reparar deliberadamente en las consecuencias que ello podía generar. Como subraya el autor, esto no saldrá gratis a España ya que “lo más verosímil es que nos encaminemos hacia un Estado dual, ampliado a Euskadi, con cortinas de humo que nublen una soberanía catalana de facto” (p. 250).
Asimismo, estas cesiones, hechas en nombre de la “España progresista”, generaron situaciones bochornosas como certificó Puigdemont con su regreso exprés, en el que brindó una arenga a sus palmeros en mitad de Barcelona. Este acontecimiento concreto supuso un nuevo ejemplo de la erosión de la democracia española y de la capacidad mostrada por el sanchismo para sucumbir intencionadamente ante el chantaje del nacionalismo periférico, pues recordemos que uno de sus socios de gobierno más leales es EH Bildu “un partido que nunca ha roto su cordón umbilical con quienes protagonizaron los años de plomo” (p. 164).
En definitiva, una obra que acerca al lector el presente de España, en el cual las ambiciones personales de un representante político han tirado por la borda años de convivencia. Frente al interés general, hoy en día prima el particular, disfrazado de adanismo polarizador y enarbolado por innumerables corifeos mediáticos.