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CRÍTICA DE CINE

Adiós, June: muerte y Navidad en la primera película como directora de Kate Winslet

Adiós, June : muerte y Navidad en la primera película como directora de Kate Winslet
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Joaquín del Palacio
martes 30 de diciembre de 2025, 17:35h

Los que procedemos de familias numerosas podemos entender el desbarajuste que se origina con el drama de ver a tu madre en el lecho de muerte. Si además el hecho se da poco antes de Navidad, dependiendo de cómo se gestione podría contaminar las relaciones de toda la familia y sus navidades futuras. Digo desbarajuste porque cuantos más opinan, más roces aparecen. Todos saben qué es lo mejor y aunque sea diametralmente opuesto nadie se equivoca. Si en esa familia mezclas personas controladoras, histéricas, negacionistas y místicas con la angustia de la muerte inminente, podría salir un drama o una comedia. Siempre he visto el tanatorio como un lugar de una comicidad involuntaria inmensa y en este drama, por momentos hay risas y sobre todo grandes actuaciones. Lo que me queda como sentimiento agrio es que el algoritmo woke es como una desbrozadora industrial que pretende imponer y unificar unos valores que restan autenticidad a la película y la equiparan a sus miles de series. Y eso no creo que sea culpa ni de Winslet ni del guionista, que por cierto es su hijo.

Kate Winslet como directora

Hablar de Kate Winslet como actriz es hablar de fama mundial, premios y sobre todo interpretación suprema. Pero hablar de ella como directora es una novedad, y en esta ópera prima resuelve bien, sobre todo en esa parte tan importante de una película que es la gestión de actores. No es el tipo de película en la que deban emplearse recursos estéticos o fílmicos rimbombantes, no es un ejercicio de estilo sino un drama familiar ambientado en navidades y sin trineo. Y aquí lo que más importa es un buen guion —este podría serlo sin injerencias— y unas buenas interpretaciones. Es en este segundo punto donde la película gana más fuerza, donde logra entrar en la serie A, pudiendo llegar a tocar algún corazón frágil. El elenco lo encabeza la propia Winslet, que representa a Julia, una de las tres hijas de June (Ellen Mirren). Sus hermanas en la ficción son Molly (Andrea Risenborough) y Ellen (Toni Collette). Además, tienen también un hermano, Connor (Johnny Flyn) y un desorientado padre, Bernie, interpretado por Timothy Spall. Cuando hablábamos antes de actuaciones magistrales, realmente hemos de decir que lo son de todo el elenco. La sobriedad de Mirren haciendo de enferma, lo perdido que está su marido, refugiado en un presente absurdo por no querer mirar hacia delante, la indolencia culposa de su único hijo, aturdido por esas hermanas con tanta personalidad, el esperpento que supone Collette, la hermana yogui y, sobre todo, las peleas entre Winslet y Risenborough conforman unas actuaciones memorables, muy por encima de la propia historia. Es muy destacable también el papel del enfermero Angel (Fisayo Akinade) cuya misión es ayudar a las personas que van a morir a que sus últimos días sean más agradables.

En cuanto a ambientación, la película está perfectamente situada en nuestro presente, en una Inglaterra de clase media del extrarradio, y no habrá sido difícil recrear ese mundo tan cercano, con pocos exteriores y un hospital como plató principal. Es navidad, llueve y nieva, hay poca luz, a menudo es artificial, hay sándwiches de máquina, es decir, se respira un ambiente triste y eso se logra a veces con pequeñas cosas, con pequeños detalles.

La música por momentos es excelente, con un piano que da mucho ritmo, pero en otras fases se hace cursi y repetitiva. En todo caso, cuando es buena emociona, entra en la escena y ayuda a vivirla con más intensidad. El resto, no olvidemos que es navidad.

Hay una escena final en la que observé un paralelismo claro con el final de Qué bello es vivir, donde June es una espectadora de la obra de teatro navideña que han hecho sus nietos e hijos para ella. Todos van apareciendo con su mejor sonrisa y mejores deseos y se nota que en la escena se buscaban lágrimas de todos nosotros. El camino que conduce a la emoción es complejo de recorrer y mientras en la película de Capra nos identificamos mucho con un personaje lejano al que le suceden cosas imposibles, aquí no lo hacemos en la misma medida con elementos mucho más cercanos y habituales.

La esencia

Podríamos decir que el cien por cien de personas que vean esta película se habrán sentido identificados con lo que ocurre. Es algo que no por convencional deja de ser impactante. La muerte como elemento presente en la vida. El juego de engaños de todos contra todos. La madre que pretende simular que está mejor de lo que está y los hijos que hacen lo mismo. Todos buscan no preocupar al otro, y quizá ese engaño constante, producto sin duda del amor y la generosidad, genera más preocupación que la verdad que supone la muerte, la gran verdad de la vida. De esa realidad quieren huir todos, pero el método del padre es para mí el mejor. Él ha decidido imbuirse en un presente lleno de pequeñeces del día a día, como comprobar si en la nevera hay suficientes cervezas, qué hay dentro del sándwich de máquina o si el coche está bien aparcado, y así no mirar hacia donde está el epicentro del dolor: huye de él negándolo con nimiedades y procurando hacer de su estancia en el hospital un momento más de su vida, y no el momento decisivo que sabe que es.

El personaje del hermano varón es también interesante. Es mucho menos estridente que sus hermanas y lo guarda todo para sí mismo, quiere estar presente, quiere querer, quiere demostrar, pero a veces le faltan las palabras, como le pasa a mucha gente introspectiva. Seas como seas, los hechos ocurren, son inexorables, y quizá lo que nos enseña es que es mejor decir las cosas cuando aún estás a tiempo, cuando aún puedes, cuando el ser querido todavía te escucha. Luego será tarde, esas palabras serán sueños y viajarán por el infinito coagulado.

Lo que todos olvidan al escribir un guion es que en las familias se conoce muy bien a todos los demás, lo bueno y lo malo, virtudes y defectos. La familia viene de siempre, de antes de nacer, y continúa para siempre después de la muerte, es una prolongación de todos nosotros, el elemento más claro con el que podamos trascender, al menos quienes sientan que son algo más que carne.

El universo de los valores

Quizá porque en esta película había sobredosis de familia, o porque es obligatorio para la plataforma y sus censores se santiguarían ofendidos ante semejante despropósito tradicionalista, aquí el tema se les ha ido de las manos y, sobre todo, lo han hecho con poca sutileza. A mi entender eso ha malogrado una película que por lo demás era buena.

No hay nada más molesto que cuando percibes que las piezas no encajan por sí solas, que alguien ha exigido o planeado ponerlas a nuestra disposición con un afán educativo o evangelizador. Da igual cuáles sean esos valores, hoy son unos los que están de moda y mañana serán otros, pues los censores no dejarán de buscar y encontrar agravios y banderas. Deberíamos exigir que cuando uno quiera ser sumergido en una pila bautismal laica de buenos principios, lo haga por su propia voluntad y no por imposición. Que se compre su catecismo ateo, que haga su primera comunión seglar o que transicione por acantilados llenos de niebla. A los demás, a los que somos tan simples que únicamente queremos disfrutar de una película emocionante o divertida, que nos dejen en paz, que no nos obliguen a comulgar con sus ruedas de molino, porque son muy duras y nos estropean el esmalte dental.
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