Interpreta a una mujer enamorada de su maléfico jefe, fría y ciertamente mandona. ¿Algo en común con ella?
(risas) ¿Te imaginas que diga que sí? No, creo que nos nos une ningún rasgo de nuestras personalidades. Y ahí es donde está el reto. "The Spirit" es una película divertida, moderna, con una estética alucinante. Es fantasía así que los personajes también hay que tomárselos con esa perspectiva. No hay que buscar paralelismos.
Eva Mendes, Paz Vega, Samuel L.Jackson, usted. ¡Cuánta vanidad junta!. ¿Cómo ha sido vuestra convivencia?
Muy armónica, no hubo ningún tipo de problemas, ni de roces, ni de envidias, ni de divismos. Todos somos profesionales, sabemos cuál es nuestra misión y trabajar en equipo es garantía de un buen resultado final. Muchas veces la gente imagina cosas desde fuera que nunca se producen en realidad.
¿Uno se acostumbra a llevar a cuestas tanta presión mediática?
No me queda otra solución que llevarla como puedo, con cierta resignación a veces, pero todo es más una idea de la prensa y del entorno que de mí misma. Yo no me veo como lo hacéis vosotros. Tengo muchísimos defectos que oculto disimular, pero soy tan humana como los demás. La fama es la que me da un status que hace que nos veáis distintos.
Es decir, cuando se mira al espejo ¿no se ve estupenda?
(risas) Nunca llueve a gusto de todos, no te creas. Unos creerán que soy la mujer de sus sueños y otros no verán nada en mí que les atraiga. Yo de niña tenía muchos complejos. No era la más agraciada de mis amigas, ni la más alta, ni la más delgada. Siempre tuve más curvas que ellas y eso me marcó muchísimo.
Ese físico es el que precisamente le hace distinta a las demás…
Creo que todo va por etapas, ¿no? Ahora estamos en la de la mujer saludable, con formas. Hasta hace nada eran las delgadas las que ocupaban las portadas de las revistas, las elegidas por los diseñadores para sus creaciones, las más adecuadas para las campañas publicitarias. Todo es cíclico y ahora vivimos el momento de la mujer de siempre. Supongo que es cuestión de aprovechar la racha y no pensar que será eterna.
¿La publicidad le ha abierto una puerta más a la creatividad?
Me ha saneado más la cuenta bancaria (risas). Disfruto con la experiencia de modelo publicitaria porque me permite explorar una faceta de actriz diferente. En las campañas que hago o en los spots que ruedo no dejo de interpretar, pero de una manera diferente a la que exige el cine. En los minutos que dura la producción, te sientes el centro del mundo y todo gira alrededor de ti, de tu belleza, de tu bienestar. La vanidad alcanza su nivel más alto (risas)
¿Una actriz tiene que ser vanidosa?
Dicen que si no no seríamos actrices, pero no estoy muy segura de estar de acuerdo con esa opinión. Yo creo que la vanidad, como cualquier defecto o virtud, es algo innato en la persona seas actriz, periodista o abogada. Yo procuro tener siempre muy presente que soy persona antes de actriz, que ser un personaje público no me hace diferente a los demás, ni me permite determinadas licencias que como persona anónima no tendría. Creo que ser coherente con una misma es algo muy importante. Y yo intento no olvidarme de eso...
Una actitud muy madura en una joven de tan sólo 23 años…
Soy una escorpio pura, muy pasional, visceral a veces, que estoy aprendiendo a contar hasta diez antes de explotar. Lo que soy se lo debo en gran parte a mi madre. Ella me acompaña a todas partes, no por instinto de protección o porque crea que debo estar vigilada, sino porque necesito su presencia. Estoy muy apegada a mi familia y necesito sentirla cerca siempre.
¿Cómo aceptaron sus deseos de ser una estrella?
¿Una estrella? (risas) Yo quería ser actriz, lo de estrella es un título que me adjudican los demás. Yo no me considero. Mi familia, al principio, miró con un poco de recelo mi empeño en dedicarme a esto. Ten en cuenta que no hay ningún antecedente familiar. Lo único que tenía de esta profesión es mi nombre, que mi madre me lo puso en homenaje a su personaje favorito: Scarlett O´Hara, la leyenda de "Lo que el viento se llevó". Así que un día llego yo, con apenas 7 años, y les digo que quiero ser actriz y empezar a estudiar en una escuela profesional. Al principio fue un shock, pero como soy bastante testaruda y perseverante, les acabé convenciendo. Aún no sé cómo lo conseguí.
Ahora entiendo que nada se le resista.
Si con siete años ya tenía esa capacidad de persuasión, ¿verdad?(risas) Ahora sigo siendo igual de tozuda, pero no sé si conservo el don de la persuasión entre mis habilidades...
Bueno, sólo hay que preguntarle a Woody Allen para disipar esa duda. Dice que es “hermosa, criminalmente sexy, muy lista, divertida”...
¿Te puedes creer que me ruboriza oír esas cosas? Es la opinión de un amigo y ya se sabe que las personas que nos quieren nunca son lo suficientemente objetivas para juzgar. Woody ha sido un regalo para mi carrera, ha conseguido registros en mí que ni imaginaba que podía tener. Me ha dado un sitio en la profesión que nunca olvidaré.
Y le ha convertido en objeto de deseo muy codiciado.
No tengo ningún problema en eso, lo acepto como parte de juego. Esta profesión y la fama tienen varios peajes que pasan facturas. Esa fama de mujer fatal es uno de ellos. Yo creo que no lo soy. Es más, creo que cualquiera de mis personajes es mucho más sexy que yo, pero lo llevo bien. Ya he conseguido superar las etapas en las que me agobiaba tanta presión en este sentido.
¿La fama desencanta cuando se la trata de cerca?
Más que desencanto lo que produce es agobio y mucho desconcierto en situaciones límites. No hace mucho, tuve un accidente de coche como consecuencia de una alocada persecución de unos paparazzi. Ahí es cuando pido a gritos mi derecho a la intimidad, porque parecen olvidar que somos seres humanos. Es difícil convivir con esta presión, es la verdad.
No es tan bonito como lo imaginaba de niña..
Cuando no vives las cosas en primera persona, la visión que tienes es diferente. Aún así, no me arrepiento
de haber elegido este camino porque es con lo que he soñado toda mi vida. No recuerdo ni un segundo de mi infancia sin querer ser artista, así que esto es por lo que luchado siempre. Eso no quiere decir que haya cosas que me incomoden.
¿Cuál ha sido esa situación más insostenible?
Al márgen de las persecuciones de la prensa, hay ya momentos cotidianos que se convierten en insoportables. El otro día, por ejemplo, estaba en una cena privada con un amigo. Estábamos hablando tan tranquilamente cuando una persona de la mesa de al lado me puso su teléfono móvil en la cara y empezó a sacarme fotos. Nunca me acostumbraré a eso...
A pesar de su juventud, lleva ya quince años trabajando en el cine. Los proyectos se acumulan en su mesa. ¿No hay momento para el descanso?
¡Eso mismo me dice mi madre todos los días! Pero tengo que reconocerte que me va la marcha. Estar siempre con la adrenalina en funcionamiento me hace más creativa. Yo creo que mis mejores interpretaciones han sido el resultado del stress y el agotamiento.
¿Y si un día el teléfono deja de sonar?
¡Me moriría! No has notado que soy superactiva. Cuando estoy dos o tres semanas sin hacer nada me pongo histérica. Imagínate si pienso que no me van a volver a llamar más. No sabría qué hacer con mi vida porque esto es lo que me llena, lo que me da energía, lo que me convierte en una mujer feliz. ¡El cine es mi vida!