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INVESTIGACIÓN

Un estudio con gemelos revela que la genética está detrás de hasta el 55% de la longevidad

Un estudio con gemelos revela que la genética está detrás de hasta el 55% de la longevidad
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(Foto: Pixabay)
jueves 29 de enero de 2026, 21:26h

La duración de la vida humana estaría mucho más determinada por la genética de lo que se pensaba hasta ahora. Un nuevo estudio basado en grandes cohortes de gemelos sugiere que, una vez descontadas las muertes por causas externas como accidentes o enfermedades infecciosas, los factores genéticos podrían explicar alrededor del 50–55% de cuánto vivimos.

El trabajo, liderado por Ben Shenhar y su equipo en el Instituto Weizmann, replantea una de las cuestiones centrales de la investigación sobre el envejecimiento: hasta qué punto la longevidad depende de nuestros genes. Durante décadas, las estimaciones sobre la heredabilidad de la esperanza de vida han sido muy dispares, lo que ha alimentado el escepticismo sobre el papel real de la genética en el envejecimiento humano.

Según los autores, esta confusión tiene una causa clara: la influencia masiva de la llamada “mortalidad extrínseca”, es decir, las muertes provocadas por factores externos al propio proceso biológico de envejecimiento. Accidentes, infecciones o condiciones de vida adversas, especialmente frecuentes en poblaciones históricas, habrían enmascarado el peso real de la genética en estudios anteriores.

Para abordar este problema, el equipo combinó modelos matemáticos, simulaciones de mortalidad humana y datos de múltiples cohortes de gemelos a gran escala. El objetivo fue separar la mortalidad “intrínseca”, asociada al envejecimiento y al deterioro biológico interno, de la mortalidad extrínseca. Los resultados muestran que esta última reduce de forma sistemática las estimaciones de heredabilidad de la esperanza de vida.

Una vez corregido ese sesgo, la contribución genética a la longevidad humana se eleva de manera notable hasta aproximadamente el 55%, más del doble de algunas estimaciones previas. Esto sitúa la esperanza de vida en niveles de heredabilidad similares a los de otros rasgos fisiológicos complejos y más en línea con lo observado en otras especies, como los ratones de laboratorio, donde la genética tiene un peso claramente mayor.

Las conclusiones tienen implicaciones relevantes para la investigación en envejecimiento. En un comentario asociado, Daniela Bakula y Morten Scheibye-Knudsen subrayan que una contribución genética tan sustancial refuerza la necesidad de impulsar estudios a gran escala para identificar variantes genéticas asociadas a la longevidad, mejorar los modelos de riesgo poligénico y vincular diferencias genéticas concretas con las vías biológicas que regulan el envejecimiento.

Aunque factores como el entorno, el estilo de vida o el acceso a la atención sanitaria siguen siendo determinantes clave de la supervivencia, el estudio sugiere que los genes desempeñan un papel mucho más central en cuánto vivimos de lo que se había asumido. Comprender mejor ese componente genético podría abrir nuevas vías para intervenir sobre los mecanismos biológicos del envejecimiento y, a largo plazo, mejorar la salud en las últimas etapas de la vida.

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