En Contar España. Una historia contemporánea en doce novelas, Jordi Canal nos propone una obra muy sugerente en la que empleando la literatura (la novela) ofrece una radiografía precisa de la evolución de nuestro país en los dos últimos siglos. En la introducción, identifica las razones por las que la novela puede resultar de utilidad a los historiadores (por ejemplo, ayudándoles a escribir mejor). Para ello, selecciona 12 novelas cuyo argumento y trayectoria de los autores también nos acerca.
El sobresaliente conocimiento de la historia de España del profesor Canal le permite efectuar abundantes reflexiones sobre los acontecimientos que abordan esas novelas elegidas. En este sentido, sobresalen las derivadas del ciclo Episodios nacionales, en el que su autor, Benito Pérez Galdós, identificó el periodo comprendido entre 1808-14 como el del surgimiento de la nación y del Estado-nación en nuestro país. Más adelante, otro referente de la literatura como Miguel de Unamuno nos acercó las guerras carlistas, lo que aprovecha Jordi Canal para desarrollar en profundidad los rasgos caracterizadores del carlismo (movimiento antiliberal, reaccionario…), un objeto de estudio del que es uno de sus grandes referentes.
En efecto, Canal logra trasladar al lector de manera eficaz la capacidad que tuvo el carlismo para introducir inestabilidad en la España decimonónica hasta el año 1876. A partir de ese instante, se convirtió en una ideología marginal que tuvo que competir con algunas otras que estaban emergiendo, como el socialismo y los nacionalismos vasco y catalán: “Del proceso de nacionalización español del siglo XIX, en torno a una ampliamente reconocida nación España, se pasó, desde principios del siglo XX, a una pugna entre esta nación y las naciones que estaban intentando construir los nacionalismos alternativos o periféricos, en especial el catalán y el vasco, pero también el gallego” (p. 187)
Con todo ello, puede sostenerse que la radiografía que Jordi Canal nos brinda de la España del XIX es perfecta, mostrando elementos como la prioridad de la agricultura en la economía o las elevadas tasas de analfabetismo. Además, a través de Emilia Pardo Bazán y Los Pazos de Ulloa, conocemos la corrupción electoral perpetrada a través del caciquismo como elemento distintivo de la Restauración canovista. Esta afirmación resulta compatible con subrayar el orden y la estabilidad que el modelo político de Cánovas del Castillo ofreció a España hasta 1923, vertebrado aquel esencialmente sobre la Constitución de 1876, a pesar de la irrupción del terrorismo anarquista, recogido en la exposición que hace de Aurora Roja (Pío Baroja).
Conviene detenerse en la novela que cubre un periodo fundamental de nuestra historia reciente como es la Transición y, dentro de la misma, el golpe de Estado perpetrado por Tejero el 23F de 1981. En este apartado, Jordi Canal reivindica la figura de SM Juan Carlos I como valedor fundamental de la democracia frente al involucionismo golpista. Obviamente, un suceso de este calado ha sido objeto de numerosas películas y de abundante literatura. Al respecto, se centra en Anatomía de un instante, enfatizando el trabajo de documentación de Javier Cercas, quien prioriza la actuación de Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado y recalca que el rey no organizó el golpe, sino que lo detuvo.
Finalmente, siguiendo la estructura cronológica que guía este libro, Canal aborda a ETA como organización terrorista que ha perseguido quebrar la unidad y la convivencia en España. Para ello, emplea la novela Patria de Fernando Aramburu, si bien antes lleva a cabo unas consideraciones fundamentales: “El combate tenía lugar, durante la dictadura, contra España y contra España siguió matando y destruyendo la banda terrorista en la época democrática (…) Eta ha condicionado durante muchas décadas, en fin de cuentas, la existencia y la evolución del País Vasco y España y de sus ciudadanos” (págs. 188 y 191).
A partir de ahí, prosigue señalando que, a lo largo de la trayectoria liberticida de ETA, las víctimas habían sido las grandes olvidadas, un aspecto que aparece subsanado en Patria. En efecto, Aramburu saca los colores a la sociedad vasca por su connivencia por acción o por omisión con la citada organización terrorista, sustentando que: “Escribí en contra del crimen perpetrado con excusa política, en nombre de una patria donde un puñado de gente armada, con el vergonzoso apoyo de un sector de la sociedad, decide quién pertenece a dicha patria y quién abandonarla o desaparecer” (p. 199).
En definitiva, una obra de obligada lectura para quienes dedican a la historia su labor docente e investigadora. Jordi Canal, a través de un formato atractivo y ciertamente novedoso, nos acerca la trayectoria España sin incurrir ni en buenismos ni en equidistancias, sino empleando el rigor científico y académico como principal herramienta metodológica.