La imagen actual de Marte como un desierto árido y hostil contrasta con la historia que revela su propia superficie. Canales, minerales alterados por el agua y otras huellas geológicas indican que el planeta rojo fue, en sus primeros tiempos, un mundo mucho más húmedo y dinámico. Reconstruir cómo desapareció ese entorno rico en agua sigue siendo uno de los grandes retos de la ciencia planetaria: aunque se conocen varios procesos capaces de explicar parte de esa pérdida, el destino de gran parte del agua marciana continúa siendo una incógnita.
Ahora, un estudio liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) junto a la Universidad de Tokio, aporta una pieza relevante a este rompecabezas. Por primera vez, el trabajo, publicado en Communications: Earth & Environment, demuestra que una tormenta de polvo anómala, intensa pero de escala local, fue capaz de impulsar el transporte agua hasta las capas más altas de la atmósfera marciana durante el verano del hemisferio norte, una época en la que este proceso no se consideraba relevante.
“El hallazgo revela el impacto de este tipo de tormentas en la evolución climática del planeta y abre una nueva vía para entender cómo Marte perdió gran parte de su agua a lo largo del tiempo”, apunta Adrián Brines, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y coautor principal del estudio junto con Shohei Aoki, investigador de la Universidad de Tokio.