El mano a mano entre Borja Jiménez y Tomás Rufo acabó en el empate de trofeos: 1-1. Mas hubo un abismo de diferencia entre los dos diestros. La plaza estaba repleta de gente a pesar de la borrasca de nieve y lluvia que se levantó unas horas antes del festejo. Algunos toros de hoy fueron algo más flojos que los novillos de ayer. Más que una corrida, parecía un mosaico compuesto por las piezas sobradas en las ganaderías y que no cuadraban entre sí. Los avisos llegaban a la hora menos esperada y con retraso considerable.
Valenciano (1º Capea 12/21) hizo unos amagos para desentenderse del capote, Borja se impuso por las verónicas y, finalmente, condujo su embestida hacia el caballo con las chicuelinas al paso. La faena duró lo que aguantó el animalito, que perseguía la muleta con todas sus fuerzas. La estocada de corto y por derecho ilusionó al público: el maestro ya mata bien. Un trofeo y la esperanza a raudales llenó el coso de la Candelaria. Gestor (3º Gª Jiménez 1/22), veloz y pronto, tomaba la muleta con ganas que daba gusto. Borja Jiménez lo citó en el medio del ruedo por estatuarios, pisándoselo por la espalda con pasmosa quietud. Ésta fue la clave de las tandas ligadas y vistosas, aunque aceleradas por cierta falta de temple. Los flexionados, rodilla en tierra fueron un broche final. Lástima que el manejo de estoque dejó la obra sin premio. Igual cosa sucedió a Leyenda (5º Fuente Ymbro 1/22). El toro tenía unas hechuras tan armónicas que se parecía a la estatua inaugurada frente a la plaza, acudía al cite de buena gana y no tenía maldad. Cuando el diestro se metió en su terreno, hizo un desplante y tuvo la inoportunidad de moverse en su cara, fue encunado y volteado. Se recuperó y alargo la faena con los alardes de valentía sin dejarle la tregua al toro.
Tomás Rufo trató de responder a todos los quites de Borja, quien no perdonó ni una oportunidad, pero con la espada tampoco tuvo acierto. Canastito (2º Carmen Lorenzo 1/22) salió buscando auxilio. No quiso emplearse en el caballo, pero Rufo lo abordó por muletazos firmes y le siguió hasta las tablas. Ahí esta faena de bastante mérito quedó sin la suerte suprema: cuarto intentos y dos descabello. Lo mejor de la faena a Mestizo (4º Fuente Ymbro 12/21) fue la primera serie de pies clavados en el albero. El diestro no cedió ni un milímetro del terreno y dirigió con arte la embestida del animal. Algo pasó en un momento indeterminado, porque toda la obra de Rufo quedó en una faena simplista de “echar al toro fuera” por ambos pitones. El toro fue aplaudido y Tomás Rufo paseó una oreja. Cuando el público vio la misma actitud e idéntica faena a Carcelero (6º Fuente Ymbro 1/22) hubo protestas. La espada entró al tercer intento.