“El trance por el que pasan Occidente y Europa no es equivalente. Estados Unidos ha reaccionado a tiempo al progresismo, pero Europa ha perdido el tiempo y con ella la oportunidad de reacción”, ha afirmado el profesor Luis Núñez Ladevéze, catedrático de la Universidad Complutense y profesor emérito de la Universidad CEU San Pablo durante la presentación del libro Involución del progresismo, raíces intelectuales de la abdicación de occidente, editado por Ygriega Ediciones.
Núñez Ladevéze confía muy poco en la actual política del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien define como un comerciante despreocupado de un patrimonio intelectual que hizo de Estados Unidos la gran potencia del mundo, porque “si está dispuesto a sacrificar esa identidad democrática con tal de permanecer en el poder, esto es lo más parecido a lo que ocurre y puede seguir ocurriendo en España, y no hay nada más preocupante para una democracia que un autócrata de turno trate de permanecer en el poder a cualquier precio”.
Según el profesor Ladevéze, el filósofo Ortega y Gasset comprendió que el progresismo lleva a Occidente al final de su hegemonía y eso estaba ocurriendo tras el derribo del muro de Berlín: "No se cayó, fue derribado, lo tiraron los propios berlineses”.
“Eso no quiere decir que Estados Unidos esté vencido, en la pugna entre potencias que se disputan la hegemonía en la globalización. Norteamérica ha reaccionado ante las potencias orientales, pero poniendo en peligro la tradición democrática. Europa comienza a despertar a destiempo, pues, como cuenta Platón en la República, las cigarras quedaron anestesiadas por su propio canto y se dejaban morir”.
“Hay posibilidad de salir del pozo en que el progresismo ha situado a Europa”, afirma el autor del libro, aunque no es optimista. "Es evidente que Europa ha pasado ya a un segundo plano, pero esto no quiere decir que el mundo occidental llegue a perder la hegemonía. El liderazgo de Trump tampoco tranquiliza pues parece estar dispuesto a sacrificar el patrimonio cultural que hizo de Estados Unidos una gran potencia democrática. Si como parece antepone el autoritarismo al Estado de Derecho que exige una justicia independiente del poder político, dará igual que la pugna hegemónica la gane Trump, Putin o los chinos”, añade.
Durante la presentación, en un repleto salón de actos del Colegio Mayor de la Universidad CEU San Pablo, el catedrático de Historia Alejandro Rodríguez de la Peña desgranó la parte central de la obra. “Presento un extraordinario examen de una situación histórica muy compleja en la que las explicaciones mágicas y la alquimia se mezclan con el razonamiento científico impulsado por la intensa crítica que suscitó la recepción de la obra de Aristóteles en el siglo XIII. En esta época se anticipa una transformación cultural que luego consolidó la ciencia moderna tras el descubrimiento del Espacio por Copérnico.
Según el historiador, La Involución del Progresismo distingue tres fases. Una primera fase abarca desde el pensamiento griego, el Derecho Romano, la retórica medieval y la cultura del Humanismo. La segunda fase incluye el Renacimiento, Copérnico y el descubrimiento del Espacio y da lugar a una autocrítica exacerbada contra las propias raíces de la cultura que impulsó durante tres siglos la expansión colonizadora de los europeos. Esta fase se caracteriza por una crítica demoledora que culmina con la Independencia de América y la Revolución Francesa. La tercera fase está concluyendo después del fracaso de los idealismos revolucionarios tras la destrucción del muro de Berlín. En este fracaso germina la frustración que da lugar a actuales tendencias que expresan la desilusión occidental agrupadas en ideologías como el ecologismo, el neofeminismo, el animalismo, el indigenismo y el transhumanismo.
El profesor German Rueda, mentor editorial y también catedrático de historia, observa que “Ortega fue más lúcido que Spengler y Toynbee” y compara La rebelión de las masas con la obra de estos dos grandes estudiosos de la historia que pronosticaron el final de la hegemonía occidental.
"La involución progresista es una rigurosa actualización del diagnóstico del filósofo madrileño. Ortega vio que la cultura occidental arranca de la cultura griega y el derecho romano, la retórica clásica la mantienen hasta la actualidad", explica Rueda. El resultado es la aportación de Europa al mundo de tres novedades a través de la colonización: la tecnociencia, la fabricación en serie, el capitalismo financiero y la democracia. "El libro muestra que el mundo dispone de estas aportaciones gracias a que la ciencia europea tiene un valor universal, sirve para todos, lo que permite a culturas rivales apropiarse de ella sin tener que renegar de sus raíces religiosas o culturales", añade.
La actitud del progresismo "involuciona" porque es "contradictoria", ya que mientras dice representar la democracia "se abandera junto a teocracias patriarcales que promueven la sujeción de la mujer al hombre, la ablación del clítoris, el matrimonio forzoso y el burka".
Tras la intervención del catedrático de Historia Contemporánea, José Andrés Gallego quien irónicamente sostiene que en Europa se corre el riesgo de que "el que razona libremente sea fascista", el acto fue clausurado por José Manuel Otero Novas, presidente del Instituto de Estudios de la Democracia, encargado también de presentar a Núñez Ladevéze ante un público muy nutrido en el que se encontraban muchos de sus alumnos que ya son maestros.