El comunismo nos ataca de nuevo
miércoles 17 de diciembre de 2008, 21:50h
Izquierda Unida tiene nuevo coordinador general, Cayo Lara, ¡un comunista! ¿Un comunista en el S. XXI, después de que la orgullosa, gigantesca y malvada U.R.S.S. cayera estrepitosamente, con todos sus prisioneros felices de deshacerse del tirano? Así es, Cayo Lara está orgulloso de ser comunista, lo dice, y además ha hecho una llamada a ‘las clases populares’ (¿qué significará eso exactamente?) y amenaza con huelga general, supongo que para mejorar la crítica situación económica por la que pasa España. En mi humilde opinión no es momento de huelga general sino de arrimar el hombro y trabajar más duro que nunca para sacar al país adelante, y para que no se nos acaben las lentejas en el plato, ni la lechuga en la ensaladera, ni el vino (aunque sea peleón) de las copas. La lucha de clases apesta a podrido; quedó obsoleto ese término excluyente. Si IU quiere únicamente defender los derechos de ‘la clase obrera’, ¿qué pasará con los demás españoles? ¿Se tendrán que ir al infierno? La lucha de clases es un concepto feo. Tuvo sentido en su tiempo, en el pasado: por ejemplo, en Finlandia la Guerra Civil ganada por los nacionales, los blancos como dicen ellos (o sea los no-rojos), tuvo consecuencias muy positivas para los desheredados, (o sea, para los rojos) –estúdienlo en la Web –, y lo mismo pasó en la Guerra Civil española, sólo que eran los rojos contra los azules, y los azules que ganaron se ocuparon del bienestar de todos por igual; pero hoy ya no significa nada. Hoy día todos tenemos acceso a la educación, a la salud y al trabajo, ya no hay más clases que los ricos riquísimos y todos los demás; porque al fin y al cabo, en la clase media no hay tantas diferencias. Obviamente hay pobreza, pero los políticos deberían concentrarse en cuidar de la salud económica del país pues nos beneficia a todos, y dejar de hablar de La Apestosa Lucha de Clases que únicamente consigue enfrentar a los hermanos. Estoy estudiando con mi hija la historia de Grecia: las guerras fraternales a las que se lanzaron apasionadamente los atenienses y los espartanos y que llevó a la ruina y a la destrucción a Grecia, y mi hija me pregunta alucinada: ‘pero, ¿por qué se peleaban todo el rato? ¡Qué estupidez!’ Nunca mejor dicho.