7/10
La comedia de ciencia ficción es un género bastante manido y con propuestas muy desiguales que a menudo buscan poco más que artificios grandilocuentes hechos con IA y una broma facilona en el momento álgido. En Proyecto Salvación (Project Hail Mary) nos encontramos con varias particularidades que nos reconcilian con género. Es una película entretenida, con fondo, bien hecha, de elevado presupuesto y con una estrella amable como Ryan Gosling, que nos habla de la cooperación y la amistad entre seres dispares para intentar superar una situación muy compleja de la que dependen sus dos ecosistemas vitales. La idea de partida quizá parece cogida con pinzas, pero el desarrollo apela a nuestros sentimientos y el humor simpaticón siempre ayuda, es un bálsamo en este valle de lágrimas de vuestras vidas.
A pesar del éxito de su sátira contra la comida basura (Lluvia de albóndigas), Phil Lord y Christopher Miller no habían dirigido una película en más de diez años. En su regreso detrás de las cámaras, el dúo de directores abordó un género muy conocido y que suele dar grandes resultados: aislar a un astronauta en el espacio profundo y crearle retos casi imposibles de superar. Los ejemplos recientes más conocidos son Gravity o The Martian (esta última, al igual que la que aquí nos ocupa, adaptadas de una novela de Andy Weir). Para hacerlo contaron con el canadiense Ryan Gosling, que está de moda y al que casi ningún papel le queda mal. En este caso hace de profesor simpaticón que tiene un pasado de investigador polémico, y de ahí que le elijan para salvarnos a todos nosotros, pobres mortales encerrados en este planeta azul sujeto a tantos posibles cataclismos.
La premisa de salida es tan inquietante como típica: Abres los ojos y no tienes ni idea de dónde estás ni cómo llegaste allí. Has dormido tanto que, al intentar ponerte de pie, las piernas te fallan, y tu barba ha crecido hasta alcanzar la longitud de un ermitaño escribiendo el manifiesto comunista. Te das cuenta enseguida de que estás completamente solo y, mirando por la ventana, descubres que el sol que ves no es «nuestro» sol. Piensas que las cosas no pueden empeorar, pero sí, porque estás a años luz de casa.
Este es el impactante comienzo de Proyecto Salvación, que también sirve como introducción al personaje con quien pasaremos las siguientes dos horas y media, que resulta ser ¡Ken!, así que nos animamos porque con ese pasado tan glamouroso podrá salvar al universo entero en dos patás. Pocos actores pueden cargar con el peso de una superproducción de ciencia ficción sobre sus hombros ahítos de proteínas, y aún menos combinar nociones vertiginosas de asombro existencial con reflexiones sinceras sobre nuestro lugar en el cosmos mientras estimulan el trigémino del público y les hacen cosquillas a través de sus colegas espaciales.
Poco convencional
Que una película así haya visto la luz es un misterio en sí mismo. Sin embargo, gracias a su protagonista, Proyecto Salvación ha encontrado a alguien capaz de hacer que todo funcione. Gosling logra convencernos de que se trata de un hombre común inmerso en circunstancias extraordinarias, cautivándonos con su carisma intemporal. Demuestra que aún es posible crear una aventura al estilo Spielberg, digna de los años 80, con inteligencia y empatía. La película es un verdadero vehículo para el lucimiento de su estrella en más de un sentido, porque más de la mitad del metraje solo es él con un extraterrestre llamado Rocky.
Una película de colegas intergalácticos
Ryland Grace, nuestro protagonista, fue un científico respetado hasta que publicó un artículo afirmando que el agua no era esencial para la vida en otros planetas. De repente se convirtió en persona non grata entre sus colegas, una especie de Miguel Bosé apestado por ir contra el sistema establecido. Como castigo enseña ciencias en una escuela secundaria pública, donde sus alumnos parecen ansiosos por las noticias preocupantes sobre nuestro sol. Él les cuenta que las mentes más brillantes del mundo están trabajando en ello. El hecho de que varias estrellas estén infectadas y siendo devorados por unas partículas llamadas astrófagos es el fin de la humanidad entera. De ahí la repentina aparición de Eva Stratt (Sandra Hüller) en su casa. Ella dirige un equipo de científicos dedicados a resolver esta crisis. La transición de Grace y su tranquila vida como maestro a la soledad de una nave espacial es parte del argumento y la iremos conociendo con varios saltos temporales que nos mostrarán el presente en el espacio y el pasado que le ha llevado hasta allí.
Amistades sin barreras
Sin embargo, en muchos sentidos, Proyecto Salvación es una película con dos protagonistas, uno de los cuales está hecho de granito estelar. Los compañeros de Grace perecieron al comienzo del viaje. Durante la primera mitad, somos esencialmente pasajeros junto a Gosling. (Como en Gravity, la película presenta una visión realista del espacio) Solo cuando se encuentra otra nave se rompe ese aislamiento. Se establece el contacto y gracias a un software de traducción muy improbable, comienza la comunicación. Grace lo bautiza como Rocky. El mundo de Rocky se encuentra en la misma situación que el nuestro, con su astro devorado por los astrófagos y él también ha sido reclutado para descubrir por qué la estrella a la que han viajado se salva de la muerte. Su tripulación también murió y está solo. Grace y Rocky son purita solidaridad interestelar pues sus objetivos son idénticos y se necesitan. Y no bromeaba sobre Spielberg, porque estas escenas dependen en gran medida de la habilidad del director para encontrar asombro en lo cotidiano, en las pequeñas cosas más que en las gestas. Interpretado y manipulado por el titiritero James Ortiz, Rocky está hecho de bloques entrelazados de roca pero parece tan vivo como su nuevo mejor amigo.
Sea comedia absurda, sentimentalismo descarado, supervivencia extrema, un drama a vida o muerte, filosofía contemplativa o la necesidad de crear un vínculo con un compañero extraterrestre hecho de guijarros, la propuesta lo maneja todo. Incluso cuando uno siente que Lord y Miller (junto al guionista Goddard) están manipulando las emociones al máximo, Gosling logra evitar que la película caiga en la sensiblería, o al menos que lo haga de una manera dramática.
Sin duda, la estrellita Gosling es la razón por la que se consiguió el gran presupuesto de la película, digno de la época dorada de Hollywood. Pero salvar el universo no es barato. Tampoco lo es salvar un tipo de cine diferente: uno que entienda que el espectáculo debe estar al servicio de la historia, y no al revés y que corteje al público general sin rebajarse al mínimo para conseguirlo. El tipo de película que no considere el arte popular como una contradicción. Esto es lo que nuestro protagonista y el equipo creativo han intentado hacer Y el hecho de que casi lo logren es suficiente para que te sientas como si hubieras despertado de un largo sueño durante el cual te conformaste con modernas máquinas que habían olvidado que el cine lo hacen personas, y por eso nos gusta.
Remato con una anécdota personal: en el inicio de la película una pareja sentada demasiado cerca deglutía con saña sus palomitas y sorbía su refresco favorito intentando con toda su alma distraerme. Pese a sus esfuerzos, no lo consiguieron, lo que sin duda dice mucho de este Proyecto Salvación.