Wenceslao Fernández Flórez (La Coruña, 1885-Madrid, 1964) comenzó su carrera periodística en su tierra natal en las cabeceras La Mañana, El Heraldo de Galicia y Diario de la Coruña, entre otras. Posteriormente se trasladó a Madrid, donde trabajó durante un tiempo en la Dirección General de Aduanas, pero pronto lo abandonó para dedicarse en cuerpo y alma al periodismo, convirtiéndose en una de las firmas más seguidas y prestigiosas. Comenzó precisamente a colaborar en El Imparcial, y posteriormente se incorporó a ABC, donde le dio entrada uno de sus colaboradores estrella, Azorín. En el rotativo fundado en 1903 por Torcuato Luca de Tena asumió la crónica parlamentaria en ‘Acotaciones de un oyente’, que consiguió un resonante éxito, y en las que ya se pone de manifiesto su personal cosmovisión y su finísima ironía.
La ironía y el humor son señas de identidad del autor gallego. Recordemos que no por azar tituló su discurso de ingreso en el Real Academia Española (RAE), “El humor en la literatura española”, pronunciado en 1945, aunque su elección en la Docta Casa se había producido en 1934. Aparte de sus celebradas crónicas, Fernández Flórez dio a la imprenta más de una treintena de novelas, además de sus memorias noveladas, El terror rojo, que tuvimos ocasión de reseñar en este suplemento, e, igualmente, su novela Una isla en el mar rojo.
En su discurso de toma de posesión como académico de la RAE, señaló Fernández Flórez que “el humor es, sencillamente, una posición ante la vida”. Así, el humor está muy presente en toda su producción, y muy especialmente en su novelística, en títulos como, entre otros, El malvado Carabel, El hombre que compró un automóvil, El secreto de Barba azul.
Una excelente muestra es la hilarante novela que ahora nos llega, Los trabajos del detective Ring, de la mano de Siruela en una edición enriquecida con un prólogo del escritor, editor y docente Víctor F. Feixanes, quien bien apunta en su prólogo a la obra: “El humor es un arma demoledora que Wenceslao maneja muy bien en la tradición galaica”.
En Los trabajos del detective Ring el humor se despliega en dos direcciones. Por un lado, en una gran sátira política sobre la España anterior a la Guerra Civil, publicada originariamente en 1934, y, por otro, como una parodia del género policiaco, sobre todo el británico.
Su protagonista es Mister Charles Ring, un investigador británico enviado a España por los servicios de inteligencia con una peculiar misión, pues hay un crimen, pero no de una persona. La víctima es la política española en los años anteriores al estallido de la Guerra Civil. Wenceslao Fernández Flórez no deja títere con cabeza, y aparecen personajes ficticios pero reconocibles de la época, empezando por el propio presidente de la II República, Manuel Azaña, “que derribaba a sus seguidores con soporíficos discursos de cuatro horas”.
Sin limitarse a una única ideología, lanza sus dardos contra la corrupción, la incompetencia de la clase política, el sectarismo y la polarización. ¿Se imaginan qué novela podría haber hecho Fernández Flórez hoy?