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EN LA FRONTERA

Lágrimas en Bedar

sábado 11 de julio de 2026, 18:42h

Si el pasado 18 de enero era la Virgen del Sol, patrona de Adamuz, la que lloraba por los 46 muertos que provocó el terrible accidente de tren, este jueves pasado, nueve de julio, era la Virgen de la Cabeza, patrona de Bedar, la que vertía sus lágrimas por las sierras de Filabres y de Cabrera, que acogen a ese municipio y al de Los Gallardos, tras el maldito incendio que ha arrasado la zona y que se ha llevado más de una decena de vidas y de desaparecidos. Unas lágrimas que seguro han ayudado a controlar las llamas, como las de todos los habitantes de los municipios colindantes como Garrucha, Turre, Lubrín, Mojacar y Vera que se han volcado para tratar de paliar en lo posible este nuevo desastre, del que ya los políticos, algunos más otros, tratan de sacar un miserable partido.

Somos testigos del desastre, pues nos encontramos en Vera, pero somos también testigos de la solidaridad de los naturales del lugar y de los miles de turistas que hay en estos días de julio por la zona, así como de los extranjeros que escogieron estos pueblos para vivir y que ahora ven, muchos de ellos, como lo han perdido todo. Y mientras, insisto, los políticos, algunos más que otros, a los suyo.

Lo suyo, que no tiene nombre, aunque no estaría mal el apelativo de “trileros”, pues son capaces de jugar con los cubiletes que esconden deseos legítimos de los pueblos, para sacar beneficios propios. El ejemplo más claro, y pasamos de Bedar a Ankara, lo hemos tenido en Trump, capaz de insultar a España, mientras nuestro Sánchez hablaba de fútbol y golf con Donald- eso nos contaba el inquilino de Moncloa-, cuando seguro agachaba la cabeza y ofrecía dineros que pedía el de la Casa Blanca, sino no se entiende el cambio de opinión repentina del “jefazo”.

Y eso sucede fuera de nuestras fronteras, porque aquí siguen los incendios judiciales y no hay UME que logre frenarlos, porque son tan intensos y tan seguidos que ni con cortafuegos urgentes se logran apagar.

Mientras tanto, el pueblo llano, el que desea pasar un verano tranquilo, el que quiere “un tinto de verano”, como decíamos la semana pasada, ve y sufre con las verdaderas tragedias como este maldito incendio de Bedar, que recordamos a nuestros lectores es un tranquilo pueblo que conserva su carácter morisco, con sus calles estrechas y sinuosas, sus casas encaladas y terrazas tradicionales con su antiguo sistema de irrigación, que hacen de este municipio almeriense una auténtica joya escondida para quienes deseen experimentar el interior andaluz más auténtico, lejos de las multitudes, o de los políticos.

Este fin de semana, esperamos y deseamos que el fuego se haya extinguido y que vuelva la calma, mientras pedimos oraciones por los fallecidos y ayudas urgentes para los afectados. De lo primero estoy seguro, de lo segundo, no tanto.

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