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Novela

Clara Usón: Las fieras

domingo 12 de julio de 2026, 19:22h
Clara Usón: Las fieras

Booket, Barcelona, 2026. 384 páginas. 11, 95 €. Libro electrónico: 12, 99 €.

Por Carla Perugini

Según el mito platónico, “asociamos de forma inconsciente belleza y bondad, verdad y belleza. Un hombre o una mujer hermosos inspiran confianza por el hecho de serlo, me consta por experiencia. [...] Yo no anteponía mi vanidad a la lucha por la liberación de Euskal Herria; al contrario, puse mi belleza al servicio de la revolución”.

¡Cuántas ideas letales dentro de unas pocas líneas! Sobrevivida a los siglos que nos separan de la civilización griega, la idea de kalokagathía, que unía el bien con el bello (aunque para Platón el concepto no abrazaba solamente la estética, sino también las virtudes y el comportamiento ético) conecta todavía hoy, malgré nous, a la persona a la que consideramos hermosa con una inevitable bondad. De este cortocircuito inmediato se vale, por todo el tiempo en el que participó en la “revolución” por la “liberación” de Euskal Herria (dos ideas erradas), la tigresa Idoia López Riaño, cuyo sobrenombre de fiera sin sentimientos contrasta abiertamente con la supuesta moralidad de una mujer encantadora.

Vuelve a salir, en edición de bolsillo, Las fieras, de Clara Usón, ya galardonada con varios premios y traducida a muchos idiomas. En ella la autora vuelve a mezclar el horror de ciertas relaciones familiares con el de unas épocas históricas, artificio que ya había utilizado en otra novela de gran éxito, La hija del Este (2013). Si en esta la pareja padre/hija vivía su vínculo ambiguo bajo la sombra de la guerra de los Balcanes y de la masacre de Srebrenica, y en El asesino tímido (2018) la relación trágica entre madre e hija exploraba los años de la Transición, Las fieras entra en el dramático periodo de los años de plomo, cuando en España se combatió una guerra declarada solo por uno de los contendientes: los Etarras contra el Estado.

A las atrocidades perpetradas por ETA, que mataba sin contemplación a policías, empresarios o simples ciudadanos quienes rehusaban pagar las dádivas impuestas por los terroristas, el gobierno de Felipe González, a través de su ministro del Interior, José Barrionuevo, entre 1983 y 1987 respondió con la constitución de grupos parapoliciales llamados GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación). A muertes y secuestros, el Estado respondió con los mismos instrumentos, sin escatimar corrupción y dinero sucio. A menudo fueron torturados y asesinados civiles quienes nada tenían que ver con los etarras, sobre todo en la Francia del Sur, donde muchos se refugiaban, contando con la protección del gobierno francés.

La escritura de Usón, dentro de una eficaz y detallada reconstrucción histórica y política de la época, mezcla realidad y ficción, llegando a hacer dialogar a las dos protagonistas de la novela, Idoia y María (Miren) Ortega, la periodista quien está recogiendo noticias sobre la vida de la Tigresa para escribir un libro, el que estamos leyendo.

El punto de vista de quien escribe, aunque le da la palabra a la terrorista detenida por veintitrés años, redimidos siete por buena conducta, oscila entre comprensión y condena. Hay también una suerte de reivindicación feminista por parte de Idoia, seductora y amante del sexo sin remordimientos, incluido cuando conquista a policías desconocedores de su verdadera naturaleza. Ella esgrime su belleza como un arma, así como hizo la mujer del Che Guevara, Tania, en Bolivia: “Y no era una puta, era una revolucionaria [...]. Al espía que se acuesta con mujeres para sonsacarlas, a un James Bond cualquiera, se le admira y se le alaba, a la mujer que hace otro tanto se la desprecia”. A sus compañeros del comando Madrid, revolucionarios y todo, les acusa de haber tendido sobre todo a llevársela a la cama, o bien a esquivar las tareas domésticas de los zulos, para cargárselas a ella.

Los diálogos, ficticios, entre Miren e Idoia, con la etarra que solo admite dos de los veintitrés asesinados atribuidos a ella, mientras la escritora intenta ahondar en sus motivaciones, a pesar de todo tienen unos datos comunes, y el lazo que las une se descubrirá al final, cuando se hará por fin luz sobre el asesinato, por parte de los GAL, del padre (un guardia civil) y del hermano (un niño) de Miren.

Si Goethe enlazó una vez más belleza y verdad en su autobiografía Dichtung und Wahrheit, en el caso de Idoia belleza y verdad no coincidieron. Las opiniones están en la mente de cada cual, pero la verdad está en las cosas. Y las cosas de esos años de plomo fueron escondidas y camufladas por Gobierno y ETA hasta que no fueron desveladas por periodistas valerosos.

Si existe una verdad de la ficción, con Las fieras Clara Usón da una excelente contribución al asunto.

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