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Novela

David Toscana: El ejército ciego

domingo 19 de julio de 2026, 19:01h
David Toscana: El ejército ciego

Alfaguara. Barcelona, 2026. 240 páginas. 19 €, Libro electrónico: 9,99 €. El autor mexicano afincado en España se ha alzado con el Premio Alfaguara 2026 con esta impactante novela, basada en un terrible hecho real

Por Ángela Pérez

David Toscana (Monterrey, 1961) es uno de los nombres más sólidos de la actual literatura en español, que une las dos orillas del Atlántico. El autor mexicano, afincado en España, tiene en su haber títulos como Santa María del circo; La ciudad que el diablo se llevó; Olegaroy; El peso de vivir en la tierra o El último lector, entre otros, que le han valido importantes galardones: el V Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa; el Xavier Villaurrutia; el XI Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska, el José María Arguedas…, a los que ahora se suma el Alfaguara de Novela 2026, que en ediciones anteriores recayó, entre otras novelas, en El ruido de las cosas al caer (20119 de Juan Gabriel Vásquez; La noche de la Usina (2016), de Eduardo Sacheri; Los abismos (2021), de Pilar Quintana; y Los alemanes, de Sergio del Molino.

Toscana presenta una producción singular, alejándose de algunas temáticas habituales de la actual narrativa mexicana e hispanoamericana, como el narcotráfico, la brecha social, la violencia y la corrupción que asolan el país, como, por ejemplo, refleja su compatriota el escritor y cineasta Guillermo Arriaga, también galardonado con el Premio Alfaguara 2020 por Salvar el fuego.

No obstante, en El ejército ciego hay violencia, pues se apoya en un brutal hecho acaecido en la realidad: en el año 1014 d.C. el emperador Basilio II de Bizancio (conocido como Bulgaróctonos o “el matabúlgaros”) ordenó cegar a casi quince mil soldados búlgaros prisioneros, tras la batalla de Klyuch. A uno de cada tres, lo dejó tuerto para que guiara a sus compañeros de vuelta a casa ante su gobernante, el zar Samuel. Cuando este los recibe tras la derrota y en tan triste estado, no soporta el golpe, sufre un colapso y muere, suponiendo el principio del fin del primer imperio búlgaro.

Toscana, sin embargo, con esta base no hace una novela histórica más o menos tradicional, sino que nos ofrece una impactante y potente narración, que, a través de breves capítulos numerados con el alfabeto del antiguo eslavo eclesiástico, juega con diferentes voces y perspectivas en un mosaico y entramado bien resuelto, donde prevalece el punto de vista de los vencidos, en la estela de la gran tragedia Los persas, de Esquilo. Así, sobre todo, la de un escribano invidente, Kozaro -Toscana presentó su manuscrito al Premio Alfaguara bajo el seudónimo de Kozaro, el Escriba-, quien declara su intención de “narrar lo que no vi, para que lo vea quien lo escuche”. Se combina con la tercera persona y la primera del plural, y todo ello da la sensación de indefinición, otorgando su punto de misterio.

Junto a Zozaro, otros personajes, como el cruel emperador Basilio II, el zar Samuel, el príncipe Gavril, sucesor de este, que tiene el reto de elevar la moral de su pueblo, un comerciante que monta el lucrativo negocio de fabricar y vender vistosas cuentas de cerámica que simulan ser ojos, el maestro Zósimo, sacaojos de la corte de Constantinopla al que el emperador Basilio encomienda tan siniestra tarea, que lleva a cabo con entusiasmo, pero después decide irse de Bizancio, en compañía del ejército ciego. O el soldado Sóndok, zapatero antes de ir a la batalla, que se niega a convertirse en un mendigo y un ser indefenso e intenta retomar su trabajo de artesano. Sóndok simboliza en especial algunos de los grandes asuntos que Toscana pone sobre la mesa: el poder de la resiliencia, la solidaridad, y la épica de los vencidos, abordada también en alguna de sus obras anteriores.

También la fuerza de la imaginación y la literatura:La historia la escriben los vencedores con la sangre de los derrotados; pero la literatura pertenece a los vencidos, porque solo en la imaginación y en la palabra escrita se puede encontrar la dignidad que las armas arrebataron”. El escriba Zozaro pergeña un relato mítico- para enfrentarse al horror, en este caso en un episodio extremo, de la realidad. Todo servido, a pesar de la dureza, con humor negro, e ironía, donde la risa resulta un escudo y cauterio frente a la autocompasión y el regodeo en la tragedia. Brillante novela en la que David Toscana, fiel a su cosmovisión, se supera a sí mismo.

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