El Estado Social y democrático de Derecho, forma objetiva del sistema político y administrativo y sus instituciones formalmente democráticas, son incapaces de controlar las veleidades autocráticas del Gobernante actual. Entre otras razones porque el PS ha conseguido controlar casi todas ellas y monopolizar todos los puestos relevantes de la Administración Central y de varias Comunidades Autónomas.
El Ejecutivo utiliza los medios represivos del Estado, no siempre legales y casi siempre inconsistentes, para controlar a la ciudadanía. No se entendería el proceder de un Gobierno y sus inmorales y destructivas prácticas, si además de la incapacidad de hacer algo bueno para la sociedad, se añade el afán de pervertirla, llevando a cabo la consigna de cuanto más se perjudique al conjunto social, en mayor medida se beneficia al poder para lucrarse con la venta del género humano español y sus territorios.
Al mismo tiempo está ejerciendo la labor de desenraizamiento para eliminar las identidades naturales, como la familia, la personalidad, la propiedad y destruir todo vestigio histórico, incluidos los monumentos –especialmente las iglesias-- que ni siquiera se respetan como ornamento turístico, porque hay que acabar con la historia –“Du passé faisons table rase”--. En su proyecto destructivo cuentan con el respaldo de los que están dispuestos a aceptar cualesquiera medidas negativas, incluso aquellas que les van a llevar a su hundimiento personal --el suicidio masivo a causa de la negación de uno mismo--.
Con el fin de debilitar profundamente el tejido social, desde que ascendió al poder, el Gobierno promueve el desorden a partir de un nihilismo radical que está reduciendo en muchas áreas el papel del propio Estado. Dentro del simplismo ideológico, ha formado un organizacionismo dominado por el PS y sus socios, cuya estrategia consiste en fomentar en el cuerpo social la discordia y la enemistad, “profundizando en la democracia”, convertida en una religión política. Religión que defiende la Conferencia Episcopal que, a falta de tener fe en Cristo, ha divinizado el poder temporal progresista.
Con este panorama deconstructivo el Gobierno carece de la operational authority, de los mínimos conocimientos necesarios para tomar una buena decisión. En la gestión pública debería ser una obligación aplicar la inteligencia racional, pero el Gobierno y el P.S la han convertido en un ejemplo de incompetencia, al estar sustituyendo el mérito y la capacidad por el empleo del dedómetro. La causa se debe a que han accedido a la tarea de gobernar no solo indigentes intelectuales, sino individuos que están al servicio del Partido como potenciales delincuentes, en disposición de traicionar cualquier principio fundamental de la Constitución. El resultado ha sido la expansión de la insignificancia maligna.
El Estado monopoliza el Derecho --más bien el normativismo cuyas leyes son obra de la voluntad de poder--, la fuerza legítima y la Hacienda, la principal institución por lo que se empobrece a la población, a la que desposee de sus propiedades para entregársela en gran parte a los que viven de la política –los parásitos públicos que viven y se enriquecen del trabajo de los demás--. Dentro del Estado es decisiva la institución natural del Gobierno, que quiere acumular poder para transformar el orden en un caos (sostenible) recurriendo continuamente a la violencia legal. En realidad, logra imponerse como centro organizacional, en beneficio del Partido y de sus socios. De este modo, el Gobierno, asentado en la parte servil de la sociedad, ha adquirido sobre las demás instituciones una potencia que utiliza para acelerar la degeneración del Estado. Es decir, se sirve de la maquinaria estatal para llevar a cabo un ejercicio de poder soterradamente revolucionario, con la intención de destruir los fundamentos del mismo Estado Social y poner fin a la historia de España. Motivo por el que se están perdiendo de manera progresiva el derecho de las funciones estatales (R. Smend) e inutilizando las instituciones que defienden al ciudadano del ejercicio abusivo del Poder. El Gobierno, cuya principal función debería ser proteger las libertades, hace lo contrario, eliminarlas con el beneplácito de los siervos y esclavos –“Para que los partidarios de la tiranía se tornen buenos amigos de la libertad, no hay más que encarcelarlos” E. de Jony)--. Además, el Ejecutivo tiene otras dos motivaciones: la entrega de la Nación a fuerzas externas, y una estrategia de balcanización fomentando la independencia de otros poderes autonómicos con el fin de que en el futuro lleguen a ser Estados-aldeas --que se convertirán en siervos de otros Estados--. El Gobierno simultanea la entrega de poder a las nuevas taifas y preparándolas para que en el futuro formen parte del reino alauita. Como sabe que cualquier medida será aplaudida por sus fanáticos seguidores –“Yo no sé dónde nace la idea de que los hombres tengan horror al despotismo. Al contrario, creo que les gusta” (B. de Jouvenel)-- y que otros muchos seguirán pasivamente sus lances, al Gobierno ya no le importa que se descubra que reduce su fuerza en el ámbito nacional para abrir las fronteras al imperialismo marroquí.
Dentro del Ejecutivo destaca el Presidente del Gobierno de España, P. Sánchez, --el amo para los que tienen alma esclava, un ególatra teatrero, especie de tragicómico Cesar, cuyo rasgo distintivo es ser un pavo real desplegando sus alas en falcon-, carece de una mínima capacidad para llevar una política de Estado, mostrándose indiferente por los problemas de la colectividad y menos aún con sus tragedias, ha conseguido que la democracia representativa degenere en un puro despotismo burlón sobre la sociedad, que todo lo acepta. Insensible con los problemas de los débiles, a los que maltrata porque los desprecia, genuflexo ante los fuertes, no cabe extrañarse que parezca un agente de algún grupo o potencia extranjera, a la vez que se muestra como un gobernante nacionalista periférico, a los que está otorgado toda clase de beneficios. P.Sánchez representa a una clase dirigente sin principios, defensora de la leyenda negra, subordinada o vendida a cualquier otro Estado, que desde hace muchos años es muy destructiva para España. Es un compendio de separatista por odio a su Nación, indigenista y globalista dentro de un posmodernismo woke. Practica con constancia el trilerismo político sin ningún noble principio, arrastrando a los demás líderes de otros partidos a los que aboca continuamente a seguir las situaciones que les propone.