Benedicto XVI ofició en la imponente Basílica de San Pedro una solemne ceremonia de acción de gracias por el año que finaliza y las primeras Vísperas de la Solemnidad de María Madre de Dios, como es habitual la tarde de cada 31 de diciembre, una tradición que inició el papa Pablo VI en su "Marialis Cultus".
La Virgen María y la presencia de Cristo fue el eje de la homilía pronunciada por el Papa, quien abordó también "la creciente crisis social y económica que ya afecta al mundo entero" por la que pidió ayuda para las personas que se ven en graves aprietos. "La comunidad cristiana -aseguró- ya está ocupándose de ello y sé que Cáritas Diocesana y otras organizaciones benéficas hacen lo posible, pero es necesaria la colaboración de todos porque nadie puede pensar en construir por sí solo su propia felicidad".
Joseph Ratzinger tuvo palabras de aliento ante la grave coyuntura económica mundial: "Aunque en el horizonte se dibujan no pocas sombras sobre nuestro futuro, no debemos tener miedo". Y abogó por aferrarse a la "gran esperanza de los creyentes y de la vida eterna en la comunión de Cristo y de toda la familia de Cristo. Esta gran esperanza es la que da la fuerza para afrontar y superar la dificultad de la vida en este mundo".

El Papa, que dedicó parte de la homilía de la Misa del Gallo al sufrimiento y abusos de muchos niños en el mundo, se dirigió a los jóvenes "responsables del futuro de ésta nuestra ciudad", les animó a no temer miedo de la tarea apostólica que el Señor les confía y pidió a los progenitores que den testimonio a las nuevas generaciones de la llegada de Jesús. "No dudéis a la hora de elegir un estilo de vida que no sigue la mentalidad hedonista actual", afirmó.
El Papa puso énfasis en la necesidad de nuevos evangelizadores y pidió a los jóvenes "responder con prontitud si Él (el Señor) te llama. La sociedad necesita personas que no sólo se preocupen por sus intereses porque, como he mencionado en el día de Navidad, el mundo se quedará en ruinas si todo el mundo piensa sólo en sí mismo".
Benedicto XVI habló así a "los numerosos trabajadores de la viña del Señor" para superar "la actual emergencia educativa" y se refirió a los esfuerzos de la Comunidad Diocesana para la formación de trabajadores pastorales con el fin de que "seamos capaces de responder a los desafíos que plantea la cultura moderna a la fe cristiana".
El Papa, que ofició la ceremonia de las primeras Vísperas de la Solemnidad de María Madre de Dios, cantando el tradicional himno Te Deum de acción de gracias al final del calendario, y la bendición eucarística, se refirió a la fiesta de la maternidad divina de María. Explicó que María Madre de Dios fue honrada desde la Antigüedad, pero la festividad de la maternidad divina fue introducida en Occidente por la iglesia latina por el papa Pío XI en 1931 y festejada el día 11 de octubre, hasta que en 1974 el Pontífice Pablo VI trasladó la fiesta al día 1 de enero y la relacionó con el Día Mundial de la Paz.
"En nuestra época, marcada por la incertidumbre y la preocupación por el futuro, es necesario experimentar la presencia viva de Cristo. Es María, Estrella de la Esperanza, la que nos lleva a Él. Y Ella, con su amor maternal, nos puede conducir a Jesús, especialmente a los jóvenes, que llevan en su corazón la irreprimible pregunta del significado de la existencia humana", dijo. Tras la solemne ceremonia, el Papa se dirigió al Portal de Belén levantado delante del obelisco en la Plaza de San Pedro y rezó de rodillas mientras sonaba el villancico alemán "Stille Nacht" (Noche de Paz) interpretado por la Guardia Suiza. Con la celebración de las Vísperas de la Solemnidad de María Madre de Dios y el Te Deum, el Papa cerró su agenda de actos litúrgicos de este año.
Benedicto XVI comenzará mañana el año 2009 con una misa en la Basílica de San Pedro con motivo de la jornada Mundial de la Paz, que la Iglesia católica celebra cada uno de enero. En dicho mensaje, hecho público el pasado 11 de diciembre, el lema es "Combatir la pobreza, construir la paz" y en el mismo el Pontífice señala que la pobreza se encuentra entre los factores que favorecen o agravan los conflictos y las guerras.