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LOS EQUIPOS DEL SAMUR SOCIAL DETECTAN Y ATIENDEN LAS EMERGENCIAS

La otra cara de la noche madrileña

sábado 21 de febrero de 2009, 10:21h
Cuando se pone el sol en las calles de Madrid, numerosas personas buscan un banco, un soportal o una boca de metro donde instalar su cama. Algunos desconocen las alternativas a dormir al raso. Otros, simplemente, renuncian a ellas. En el Samur Social trabajan 24 horas al día, los 365 días del año para atenderles y ofrecerles todo tipo de prestaciones no sólo a ellos, sino a cualquiera que pueda encontrarse ante una emergencia social. EL IMPARCIAL ha participado en una de las visitas semanales a aquellos lugares donde pernoctan grupos de "sin techo". Por Cristina Carbón.
Madrid, 21:30. En la central del Samur Social los teléfonos no dejan de sonar. Es invierno y la noche es dura en la calle. En las dependencias de la Carrera de San Francisco se canalizan tanto las llamadas directas de los usuarios habituales de este servicio como los avisos derivados del 112, además de atender a las personas que acuden directamente a su puerta a pedir ayuda.

EL IMPARCIAL ha sido testigo de la labor diaria del Samur Social y ha podido participar en la prospección que cada semana realizan Gema, Isabel y Khalid en la boca de metro del Banco de España.

Khalid habla con uno de los indigentes que duermen en el Metro de Banco de España. Manuel Engo



Entre diez y doce personas duermen allí a diario. La trabajadora social de la unidad, Gema, nos explica, mientras nos dirigimos hacia la zona, que “la semana pasada habían montado incluso una tienda de campaña”. Llegan entre las 21:30 y las 00:00. “Aquí sólo duermen, pero por el día se mueven, cada uno se busca la vida, van a comedores, recogen chatarra…”

El equipo de la unidad móvil tiene con ellos una cierta amistad. “Teníamos un portugués muy majo que tenía buenos proyectos para salir” recuerda con cariño Isabel, la conductora del equipo.

Una vida debajo de cada cartón
Valentín es un ciudadano rumano que pernocta en el Metro de Banco de España. Manuel Engo Valentín es un rumano que lleva unos diez días en la calle. Según explicó en el túnel del metro de Banco de España, consiguió su tarjeta de residencia y trabajo hasta 2012, pero cayó en las redes de la droga. “No puedo dejar de fumar, es un vicio que me afecta mucho.” Como consecuencia, dice, no recuerda casi nada.

Ha perdido los papeles y únicamente dispone de un bono de metro para buscarse la vida. Cada día acude a un comedor y le gustaría encontrar una plaza en un albergue. Reconoce que la noche es dura en la calle, no sólo por el frío. “Pasa la gente para el metro y es feo estar aquí”, se lamenta. “Molestamos, pero no tenemos otro remedio.”

Khalid es el auxiliar de la unidad móvil. Él es quien nos presenta a los compañeros de “habitación” de Valentín. Entre ellos hay un inmigrante de Ghana. Lleva varios meses en España, pero no tiene papeles. Unos metros más allá, un portugués se niega a hablar con EL IMPARCIAL, a menos que le paguemos.

Otros llevan tiempo en la calle y suman numerosos problemas, más allá de no contar con un techo bajo el que cobijarse. Lisandro, por ejemplo, obtuvo plaza en un albergue pero dejó de ir. El personal del Samur Social le lleva todas las semanas a uno, y todas las semanas él regresa al Banco de España.

A pesar de todo, reconocen que el colectivo de los sin hogar “a lo mejor es el que da menos satisfacciones, pero en cuanto te sientas y charlas un rato con ellos, lo agradecen”.

¿Se nota la crisis en la calle?
“Este año se nota que hay más gente en la calle”, reconocen los chicos de la unidad móvil del Samur Social.

El responsable de personas sin hogar reconoce que “hay más actividad”. Según Darío Pérez, “cada vez viene más gente que ya no puede pagarse el alojamiento -la pensión, por ejemplo-”.

Los comedores son otro indicador importante. “Se usan más para ahorrar y poder pagar el alquiler”.

Atención urgente
La trabajadora social se sube a la unidad del Samur Social. Manuel Engo Para los casos de emergencia social sobrevenida, la central del Samur Social cuenta con 20 plazas, un comedor y una sala de estar. En estas instalaciones se les ofrece la primera atención para pasar posteriormente a la red de personas sin hogar.

Familias, madres con hijos… el perfil es muy heterogéneo. La única tendencia clara es la aparición de la población inmigrante en la última década: el 60 por ciento de los “sin techo” son extranjeros.

En cualquier caso, el Samur Social también atiende a numerosos turistas, sobre todo en verano. “Lo llevan todo en una mochila y les dan un tirón y se lo quitan todo.” En esos casos, la Policía les da el aviso y son ellos quienes se encargan de ayudarles a hacer todas las gestiones con la embajada.

La mujer del aeropuerto
Uno de los casos más llamativos que Isabel recuerda es el de “la mujer del aeropuerto”. Llevaba poco tiempo trabajando en la unidad cuando recibieron un aviso de que una persona se encontraba en un hotel de la Castellana completamente desorientada. Venía de ver a su familia en Londres y se dirigía a Venezuela, para lo que había hecho escala en Madrid.

Cuando la atendieron, no estaba en condiciones de viajar, por lo que decidieron llevarla al hospital y “lo que había pasado es que había tenido un derrame cerebral en el vuelo”.

Al día siguiente, llamaron para interesarse por ella y había entrado en coma. Se preguntan qué habría pasado si nadie hubiera avisado al Samur Social. “No es un final feliz, pero por lo menos su familia supo dónde estaba.”

En busca de la emergencia
Los trabajadores sociales que conforman la plantilla son quienes valoran cada situación y deciden el tipo de intervención, según explicó a EL IMPARCIAL el coordinador de unidades móviles, David Blanco.

Trabajadores de la central del Samur Social. Manuel Engo Sin embargo, los doce equipos de calle y las ocho unidades móviles de las que dispone el municipio de Madrid no sólo responden a las “demandas de activación de los compañeros de la central”, señaló el responsable del Samur Social – personas sin hogar, Darío Pérez.

Cada unidad móvil está compuesta por tres personas: un trabajador social, un auxiliar y un conductor, que dan la primera respuesta a las emergencias en caso de que sea necesaria la atención personal. Estos equipos se desplazan allí donde se les necesita y deciden in situ qué tipo de actuación es la más adecuada.

Mientras tanto, los equipos de calle se mueven por Madrid en función de las zonas a las que están adscritos. Los trabajadores sociales saben dónde están los asentamientos en los que pernoctan personas sin hogar que suelen rechazar los recursos. No es, por tanto, según Pérez, “un modelo de intervención de espera, sino de búsqueda”.
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