El Museo Judío de Berlín presenta durante cinco meses la exposición
“Medicina mortal. La obsesión por la raza del nacionalsocialismo” : un relato estremecedor sobre la llamada Operación nazi T4, orquestada entre 1940 y 1941, que consistió en la eliminación de cualquier rastro genético que alterara la
higiene racial del pueblo alemán.
Los llamados “improductivos”,
enfermos mentales y discapacitados , pasaron a convertirse en objetivo de un cruel ideario por el que todo el que no entrara en unos parámetros raciales debía ser eliminado o confinado. En total,
210.000 personas fueron liquidadas en centros psiquiátricos de Alemania y Austria. En barracones improvisados, el monóxido de carbono sirvió para exterminar a los considerados “no aptos para trabajar”. Pocos meses después, esa práctica daría lugar a la puesta en marcha de la "Solución final" y del uso del temible gas Zyklon B, utilizado en los campos de exterminio de Bergen-Belsen o Auschwitz.

La muestra que desembarca en Berlín, que ya pasó por el Museo del Holocausto de Washington, retrata de una manera sobria la historia de las víctimas. El alemán
Martin Bader fue una de ellas. Gracias a un arduo proceso, se ha recuperado su diario, sus cartas y las actas médicas de su ingreso en el centro de Bad Schussenried, que le llevó a la muerte.
La temible
Operación T4 terminó en 1941. Adolf Hitler frenó el asesinato sistemático de discapacitados por la presión que generó el hecho de que entre las víctimas hubiera alemanes. Sin embargo, se sabe que pasó por alto el asesinato de otras 130.000 personas en hospitales y psiquiátricos a causa de sospechosas negligencias médicas.
Las atrocidades no tuvieron límite. Al
asesinato indiscriminado de los “no aptos”, se suman las
400.000 personas que fueron forzadas a esterilizarse, la mayoría discapacitados o inválidos. Además, otros tantos fueron sometidos a experimentos.
Pese a que las teorías racistas llegaron a Alemania con cierto retraso, lo cierto es que se pusieron en práctica rápido y sin remisión. El historiador estadounidense Niall Ferguson apunta en su libro “La guerra del mundo” que los alemanes “adoptaron el racismo ‘científico’ en una fecha relativamente tardía”. Un ejemplo: hasta 1898 no hubo una traducción alemana de “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas” de Gabineau. Según apunta Ferguson, "las teorías del darwinismo social sirvieron para identificar su ideario".

La
propaganda fue una herramienta indispensable. La exposición de Berlín muestra una selección de
carteles de la época en los que personas son comparadas con simios y la raza aria con la perfección. Su artífice, el ministro de Propaganda Joseph Goebbels, amigo íntimo de Hitler, padecía una
malformación en uno de sus pies que le obligaba a caminar con dificultad. Sin embargo, nunca fue considerado discapacitado porque, según contaba, una enfermedad mal curada de niño era la culpable de aquella aparatosa manera de andar. De él sigue siendo célebre la frase "una mentira repetida mil veces se convierte en verdad".
Al exterminio de discapacitados y la esterilización forzosa, se sumó la
criminalización de la mezcla de sangre alemana y judía. La ley para la protección de la sangre, promulgada en 1935, prohibió los matrimonios y las relaciones sexuales entre judíos y no judíos germanos. Tres ejemplos que confirman la dimensión de la
brutalidad nazi.