Fígaro, Andrés Niporesas o Pobrecito Hablador fueron los seudónimos con los que Mariano José de Larra golpeó las conciencias de una sociedad anclada y vaga. En el bicentenario de su nacimiento, sus frases célebres y su legado retumban más que nunca, pero quizá sea esta fecha el mejor momento para acercarse a los aspectos menos conocidos de la vida de Larra.
Articulista, dramaturgo, novelista y poeta,
Mariano José de Larra sigue despertando la admiración que en su día sintieron intelectuales de la talla de Azorín, Baroja o Machado. “Es el símbolo del
periodismo moderno”, dice Enrique
Rubio Cremades, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante y director de la Biblioteca Virtual de Miguel de Cervantes.

Cuando se cumple el
bicentenario de su nacimiento, han sido muchos los que lo han descrito como orgulloso, inconformista o conciliador. Pero detrás de una personalidad tan arrolladora hubo mucho más. Enamoradizo, hipocondríaco y generoso son otros de los adjetivos que lo definen. “Tenía una idea obsesiva”, afirma
Pilar Palomo, catedrática de Literatura Española de la Universidad Complutense.
Larra no se libró de quienes lo calificaron de
poco patriota. Sin embargo, según Rubio Cremades, la realidad fue otra: “No hay duda de que fue un patriota a quien
le dolió España”. El catedrático recuerda, asimismo, que Larra no se libró de las críticas de los más tradicionalistas. “Hubo quien lo tachó de gabacho”, puntualiza.
Niño sin infanciaHijo de Mariano Antonio José de Larra y María de los Dolores Sánchez de Castro, Larra
no lloró al nacer. Lo dice Jesús Miranda de Larra, descendiente del periodista, en “Larra. Biografía de un hombre desesperado” (Aguilar). Pronto, las circunstancias del momento obligaron a la familia Larra a exiliarse a Francia, donde con escasos cuatro años ya daba muestras de su talento, y donde llegó, incluso, a
olvidarse del castellano. Según Miranda de Larra, por aquellos años comenzó a volverse “
tenebroso, reflexivo, escéptico y casi misántropo”.
A su vuelta a Madrid con 9 años, Larra vagó de casa en casa y de ciudad en ciudad hasta que asentó su residencia en la capital, donde terminaría casándose, a los 20 años, con Pepita Wetoret. Con ella tuvo dos hijos y una relación frágil pero respetuosa. Sin embargo, Pepita no era su primer amor y tampoco iba a ser el último. A los 16 años, sintió ese
sentimiento por primera vez, pese a que terminara por percatarse de que se trataba de la amante de su padre. Ya en sus últimos años de vida, protagoniza una apasionada relación con Dolores Armijo, también casada, que terminará por abandonarle. “Encontró en Dolores la
conexión intelectual que le faltaba con Pepita”, dice Miranda de Larra.
Y llegó su suicidioEl final de Larra es bien conocido. Dolores baja por las escaleras de su casa tras pedirle todas las
cartas que le había escrito. Acto seguido, desesperado más que nunca por el desencuentro, se pega un
tiro en la sien. Según la catedrática Pilar Palomo, “se trató de un suicidio anunciado”. Una opinión que comparte Rubio Cremades: “Sus últimos artículos demuestran que sufría una
depresión de caballo”.
Rebelde y crítico con las costumbres, Larra murió como el periodista
mejor pagado del momento. “Todos los periódicos se lo disputaban, era capaz de hundir una compañía, a un actor o a un político”, recuerda Rubio Cremades.
Su figura no pasó desapercibida para la Generación del 98, que lo consideró padre de todos ellos. Tal fue su influencia que, durante su entierro, un aún inexperto
Zorrilla se dio a conocer al recitar una poesía frente a su féretro. El mismo Zorrilla que después le criticaría y el mismo Zorrilla que, más tarde, se arrepentiría de haberlo hecho.
“Azorín lo consideró el
mentor ideológico de todos ellos”, dice el Catedrático Rubio Cremades. El autor de “Ruta de Don Quijote”, junto a Baroja y Machado, fueron quienes reivindicaron su figura, algo adormecida hasta 1901, cuando, tal y como relata Miranda de Larra, “vestidos de frac y chistera y
portando violetas se dirigieron al cementerio de San Nicolás” para leer un texto con el que quisieron rendirle tributo.
Un "dandy" en MadridAquel homenaje ocurrió un
día 13, como un día 13 Larra contrajo matrimonio con Pepita y un día 13 se suicidó. Pero ahí no terminan las curiosidades. Tuvo dos hijos con Pepita, pero nunca reconoció a la pequeña Baldomera como tal. “Todo el mundo tenía por aquella época sus amantes”, dice Miranda de Larra. Formó parte de la Milicia Urbana durante escasos meses y entre las pertenencias que albergaba en su casa se encontró una toalla vieja y sucia,
tres pares de pantalones, cuatro cucharillas para café y un espejo circular con mango negro. Objetos que desvelan un Larra “elegante y preocupado por su imagen”, a juicio de su biógrafo y descendiente.

Dice Rubio Cremades que logró llegar a la“epidermis de la persona”. A juicio de Miranda de Larra “fue un buen tipo que, de vivir
hoy, criticaría la corrupción, la justicia o la falta de ética”. Además, afirma, “con tanta mujer guapa e inteligente, seguro que hoy habría encontrado su media naranja”.
Con la celebración de los 200 años del nacimiento de esta genial figura, han sido muchos los
homenajes que se han celebrado. Pero no terminan aquí. La
Biblioteca Virtual de Miguel de Cervantes prepara para los días 27, 28 y 29 de octubre un congreso de especialistas en la Universidad de Alicante con conferencias, representaciones teatrales y cinco conciertos de música romántica. Como colofón, la
Biblioteca Nacional inaugurará en diciembre una exposición dedicada al periodista.