El director Marcel Langenegger debuta en un largometraje con este thriller erótico y de pretendido suspense psicológico protagonizado por el considerado hombre más sexy del mundo, Hugh Jackman, y por Ewan McGregor.
Como es habitual en el género, nada ni nadie es lo que aparenta ser. Por lo menos, este es, sin duda, el objetivo de su guión, aunque la cinta cae demasiadas veces
en la más absoluta obviedad y, por desgracia, tampoco a nivel interpretativo encontramos unos personajes todo lo creíbles que se podría esperar de unos actores consagrados de Hollywood. Así, Hugh Jackman, que interpreta el papel del malo, no pasa de resultar un timador que no amedrenta ni siquiera en las escenas en las que se supone que
echa toda la carne en el asador. Y aunque Ewan McGregor encaja mejor en su papel de tipo tímido y asustado, pierde toda credibilidad cuando le toca salir de ese gris registro. Tampoco acaba de convencer el personaje femenino interpretado por la rubia
Michelle Williams (Brockeback Mountain), quien ni siquiera parece atreverse con las escenas más eróticas.

Jonathan McQuarry (
Ewan McGregor) es un brillante auditor que, sin embargo, no ha triunfado en su vida social. Retraído y solitario es un firme candidato a dejarse embaucar por un tipo que representa todo lo contrario a él. Por eso, cuando conoce a un abogado triunfador de Manhattan, Wyatt (
Hugh Jackman) su vida da un vuelco y empieza a frecuentar ambientes selectos y divertidos con los que nunca había soñado. Un pretendido equivoco, además, dará la oportunidad a Jonathan de adentrarse en un
club sexual en el que a través de una simple pregunta: “¿Estás libre esta noche?”, descubre que puede encontrar a las mujeres más bellas y sofisticadas de la
clase alta de Nueva York para mantener relaciones sexuales sin compromiso ni contraprestación alguna. Hasta que, como no podía ser de otra forma, conoce a la chica ideal de la que se enamora perdidamente y cuya calculada desaparición misteriosa será el motor de la auténtica trama.
No es la primera vez que un filme propone la
inquietante idea de convertir a un ciudadano modelo en el mejor arma para perpetrar un crimen. Basta amenazar al incauto protagonista con perder lo que más quiere para que sea él quien se manche las manos en vez del avispado organizador del sucio asunto. Y muchas han acertado con una acción rápida, con golpes de efecto inesperados y personajes que te convencen para creer en lo que estás viendo aunque no te olvides de la pantalla. No es el caso de La Lista, que ha llegado a nuestros cines este fin de semana precedida de una
acogida de lo más fría por parte de la crítica y de la taquilla de los Estados Unidos.