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Cordillera política

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 06 de abril de 2009, 21:33h
En estos primeros días de abril hemos podido contemplar una auténtica cadena de cumbres, de Londres a Praga, con un extraño estrambote en Estambul. Zapatero es uno de los pocos que ha estado en todos estos “vértices” –como dicen los italianos- que, en un apresurado recorrido de oeste a este, se han propuesto arreglar algunos de los más graves problemas del mundo, empezando por la crisis económica. Esa presencia del Presidente español, ¿ha servido para que España recupere una parte, al menos, del peso político dilapidado escandalosamente desde que llegó a La Moncloa hace ahora cinco años? Todo hace pensar que en absoluto. La errática actuación internacional de este Gobierno –de Irak a Kosovo, por decir solo lo más notorio- le ha ganado a nuestro país la etiqueta de “socio poco fiable” y el peregrinaje político de Zapatero solo ha servido para mostrar la insoportable levedad de nuestra dimensión internacional. A pesar de las educadas palabras exigidas por la diplomacia, en las que siempre late una cierta dosis de hipocresía, la presencia española ha pasado inadvertida para los grandes medios.

Es un tanto ridículo que Zapatero se muestre encantado porque Obama –a quien todos estos días ha perseguido insistentemente, arrobado, con la mirada- le haya considerado “amigo”. Ya el odiado Bush le saludaba por los pasillos con la misma palabra; pero pongamos en su haber los cuarenta o poco más minutos de charla entre ambos, algo que no es demasiado en una entrevista con intérpretes. ¿Se ha traído Zapatero de la cordillera algo para España y su crisis? Pues más bien no. Seguimos sin estar en el G 8, ni somos “país emergente” como el resto del G 20. Estamos, con Países Bajos, en la categoría de “invitados especiales”. Todo un honor. Pero ya hemos comprometido otros 4,000 millones de euros. Una bagatela en estos tiempos. Se ha traído, eso sí, la foto. ¿En eso consiste nuestra política exterior’

El aparato de propaganda de La Moncloa no ha parado estos días de intentar mostrar a los ingenuos españolitos que Zapatero es poco menos que el centro del universo. Y lo ha hecho recurriendo a su bien acreditado uso de la mentira. Estos discípulos de Goebbels parecen haber olvidado que en este mundo mediático en que vivimos las mentiras tienen las patas más cortas que nunca y siguen practicando aquella constatación de nuestros más remotos antepasados que decían que “el que viene de tierras lejanas, miente todo lo que le da la gana”. Lo que pasa es que ni Londres, ni Estrasburgo, ni Baden-Baden, ni Praga, ni siquiera Estambul se pueden considerar ya “tierras lejanas” y a los mentirosos se les coge enseguida, aunque disfruten del perfecto uso de las dos piernas. Eso ha sucedido con la patraña de la supuesta mediación de Zapatero en Londres y Estrasburgo, de la que no hay ni rastro en la prensa internacional.

Zapatero no está condiciones de mediar ni por su peso personal ni por el que ha hecho perder a España. Para mediar entre los grandes hay que tener una experiencia que no posee y un sólido manejo del inglés, del que carece totalmente. Según la prensa internacional la única mediación que se produjo en Londres fue la que llevó a cabo Obama entre Sarkozy y Hu Jin-tao, a apropósito de los paraísos fiscales, tema que preocupaba al chino, por Hong Kong y Macao. Obama se llevó a los dos, sucesivamente, a un rincón de la misma sala donde se celebraba la reunión del G 20 y en pocos minutos alcanzó un acuerdo de compromiso.

La otra mediación, la que pretende hacernos creer que el nombramiento del danés Rasmussen como nuevo secretario general de la OTAN, se desbloqueó gracias a Zapatero es todavía más increíble. La candidatura del danés fue desde el principio avalada por los grandes occidentales (EE UU, Reino Unido, Alemania y Francia). Y Zapatero, esperando acontecimientos, ni abrió el pico para no enfrentarse con su amigo Erdogan, copatrocinador de ese engendro llamado Alianza de Civilizaciones, pues era Turquía quien quería vetar a Rasmussen, por la vieja historia de las caricaturas de Mahoma. ¡A buenas horas iba a llevar la contraria a uno de los pocos que han aceptado su genial idea! Un amiguete que, además, iba a ser el anfitrión del II Foro de la cosa celebrado el lunes, cumbre hispano-turca aparte. Aquí también fue Obama quien convenció al presidente turco Gül. Menos mal, porque si el veto turco al danés se hubiera impuesto habría sido un golpe de muerte para la OTAN, cuyo Tratado de creación se declara fundada en los principios de la democracia, la libertad individual y el imperio de la ley. Y ahí está incluida la libertad de expresión, gallardamente defendida por Rasmussen con ocasión del asunto de las famosas caricaturas.

Habría sido también un serio golpe para la propia Turquía pues habría quedado demostrado que, con su actual gobierno islamista, ha retrocedido y que sigue sin estar madura para entrar en al Unión Europea, objetivo que persigue con tanto ahínco y en el que es apoyada por Obama. Aunque los setenta millones largos de turcos, dentro de la UE, pueden desequilibrar definitivamente al bloque, ya bastante inestable por la acelerada expansión hacia el este en los últimos años. De ahí que Sarkozy y Merkel le hayan dicho a Obama que no se meta donde no le llaman. Pero a Zapatero parecen importarle la UE y la OTAN mucho menos que su Alianza, que no es la Atlántica sino la de las Civilizaciones. No tiene política exterior digna de tal nombre y todo lo que hace por ahí es para consumo interno: Engañar a los españolitos para que le sigan votando.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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