En 700 años de Historia del Arte, han sido muchos los artistas que han brillado. Lo hicieron los italianos en el Renacimiento, más tarde los franceses en el Neoclasicismo y por fin los británicos y norteamericanos en el Arte Moderno. Pero, ¿quién influyó a quién? La editorial Electa lo descubre en “Los pintores más influyentes y los artistas a los que inspiraron”, de David Gariff.
Cuando el italiano Giotto di Bondone comenzó a pintar allá por 1300, nada podía hacer presagiar que daría paso a una de las
generaciones de artistas más destacadas de la historia. Leonardo da Vinci, Miguel Ángel Buonarroti o Rafael Sanzio son sólo algunos de ellos. Sin embargo, pese a pertenecer a la misma corriente artística y compartir
Florencia como centro neurálgico, cada uno mantuvo una actitud con las artes diferente. Da Vinci fue un apasionado de la ciencia y la naturaleza, a Miguel Ángel le entusiasmaba la anatomía y a Rafael siempre se le reconoció haber elaborado los retratos más bellos de las espirituales vírgenes con el niño.
La
transformación de la pintura de estos genios italianos trajo consigo un progresivo desarrollo de las técnicas y métodos. Década a década y siglo a siglo irrumpirían artistas tan geniales como
Caravaggio, Velázquez, Jacques Louis David, Ingres, Goya, Manet, Picasso, Duchamp o Warhol. Pero,
¿quién influyó a quién? David Gariff lo descubre en
“Los pintores más influyentes y los artistas a los que inspiraron” (Editorial Electa) , donde el historiador del arte norteamericano desvela qué semejanzas hay entre las obras de artistas tan dispares como Da Vinci y Duchamp o Velázquez y Picasso.
Éstos son algunos ejemplos.
Giotto di Bondone (1266-1337). Sigue siendo reconocido por haber roto con el arte bizantino. Se vio influido por los relieves del arte clásico así como de las pinturas que adornaban las iglesias. Su diseño de la capilla de la Arena en Padua (1305-1306) inspiró a Miguel Ángel para su capilla sixtina (1508-1512), quien para Gariff “fue el verdadero heredero de Giotto en las artes plásticas”. Siguieron sus pasos Cézanne o Rivera ya en los siglos XIX y XX respectivamente.
Leonardo da Vinci (1452-1519). Su talento abarcó temáticas tan variadas como la ciencia, la naturaleza, la invención, la pintura, la escultura y la arquitectura. Fue Andrea de Verrochio, con quien compartió taller en Florencia, una de sus influencias más significativas, aunque Gariff afirma que es probable que conociera la pintura flamenca. Pero de lo que no hay duda es de que se trata de uno de los artistas más estudiados. Destaca la particular versión que de su Gioconda, pintada en 1503, hizo Duchamp en 1919 y a la que tituló “L.H.O.O.Q”.
Miguel Ángel (1475-1564). Decían de él y de Da Vinci que lo suyo no fue amistad, más bien enemistad. Lo que no impidió que cuando el dibujo de Da Vinci para el retablo de “La Virgen y el niño con Santa Ana” fue exhibido en Florencia, Miguel Ángel estuviera presente para admirarlo. Brunelleschi y Donatello fueron vitales en su trayectoria. En pintura fue trascendental para Rafael, lo mismo que para Caravaggio. En escultura, Bernini fue su heredero. Rodin, entre 1902-1904, esculpió su Pensador que recuerda al Profeta Jeremías de la capilla sixtina (1511).
Caravaggio (1571-1610). Cuenta Gariff que su pintura “desembocó la honestidad emocional y fidelidad a la naturaleza”. Su búsqueda del realismo en detrimento de la belleza levantó más de una crítica, lo que no impidió que LaTour, Géricault, Rembrandt y Velázquez reconocieran su aportación. Es significativa la influencia que tuvo en el italiano uno de los dibujos de la artista Sofonisba Anguisciola, como también lo es su contribución a la obra de otra mujer, Artemisa Gentileschi. Basta observar la versión que hizo la pintora de “Judit y Holofernes” en un lapso de 20 años.
Velázquez (1599-1660). Estudió los trabajos de los italianos Tiziano, Tintoretto y Caravaggio, pero fue la sinceridad que imprimió a su arte lo que determinó su trayectoria. Su pincel llamó la atención de españoles como Goya y Picasso, pero también lo hizo de franceses como Manet y británicos como Bacon. “El retrato del Papa Pablo III”, de Tiziano (1543), sirvió de inspiración al español para retratar al Papa Inocencio X en 1650, una pintura que, tres siglos más tarde, sería versionada por Bacon.
Jacques-Louis David (1748-1825). Con el parisino irrumpe el neoclasicismo y la vinculación definitiva del arte a la política. Su relación con Napoleón y la irrupción de la Revolución Francesa fue junto a las pinturas de los renacentistas y barrocos sus mayores influencias. Sus pinturas sirvieron de ejemplo para sus privilegiados alumnos, entre los que se encontraba Ingres. “Marat asesinado en su bañera” (1793) fue versionado por Munch, entre 1906 y 1907, y por la pintora escocesa Alison Watt en 1990.
Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867). La brillantez del dibujo de Rafael fue determinante para este pintor francés. Enemistado con Delacroix, adoptó con fidelidad el canon neoclásico creado por David. Su heredero artístico fue Degas, aunque Matisse, Picasso y Man Ray también se dejaron influenciar por el “último coloso del estilo clásico francés”, según cuenta Gariff. Se entiende si se compara “La bañista de Valpinçon” (1808) de Ingres y la fotografía “El violoncello de Ingres” (1924) de Man Ray.
Goya (1746-1828). Y entre tanto, en España corrían tiempos en los que Francisco de Goya brillaba por sí solo. Los toros, la Guerra de la Independencia y los “capricci” de Tiepolo fueron sus influencias, como vital fue en su trayectoria la pintura de Velázquez, que observó para crear "La familia de Carlos IV". Picasso, Manet y Dalí son algunos de los que se empaparon de su expresión artística. El famoso cuadro de Goya “El 3 de mayo de 1808 en Madrid. Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío”, pintado en 1814, fue, si no copiado, al menos versionado por Manet en “La ejecución del emperador Maximiliano de México” (1867-1868) y por Picasso en “Masacre en Corea” (1951).
Picasso (1881-1973). El pintor malagueño es la tercera referencia artística española por excelencia junto a Velázquez y Goya, dos maestros que le fascinaron. Su estrecha colaboración con Braque posibilitó el desarrollo del cubismo, una corriente de la que después se empaparían Duchamp o Léger, entre otros. “La mujer con guitarra (Ma Jolie)” de Picasso, pintado entre 1911 y 1912, es tan similar a “La portuguesa” de Braque (1911) que se hace complicado diferenciarlos.