Zapatero arma un Gabinete de choque
jueves 09 de abril de 2009, 06:05h
La remodelación ministerial que ha acometido el presidente Zapatero no ha sido casual en lo que se refiere a la elección de la fecha: justo antes de Semana Santa, para que las posibles críticas se atenuasen con la proximidad de las vacaciones. Y de paso, provocar un impacto mediático considerable, al efectuar el anuncio inmediatamente después de su encuentro con Obama. Para su desgracia, una filtración veló el resplandor de la foto obtenida, a la vez que retrataba el indisimulado descontento del Presidente por haber visto oscurecido su momento ante los flashes. Pero por encima de todas estas consideraciones, está la realidad de un gabinete que ha sido diseñado con un propósito concreto: el del combate político ante la erosión que la crisis estaba provocando en el Gobierno.
Y político precisamente es su perfil. Prima el músculo fiel por encima de valores profesionales, en un claro guiño hacia el aparato de Ferraz y aún hacia sus propios “aparatish”. El señor Zapatero recurre a la su guardia pretoriana y a sus apoyos de siempre para poder resistir mejor los embates, no ya de la oposición, sino de la cruda realidad y sus funestos datos económicos. Salgado, Blanco, Chaves y Jiménez tienen una acrisolada experiencia y su lealtad al líder no se discute. El nombramiento de Angel Gabilondo no deja de ser un guiño al “hermanísimo” y a lo que representa en los medios afines. Y el caso de González Sinde es el premio de todos aquellos que se han significado políticamente en vídeos promociónales de campaña electoral -recuérdese el famoso anuncio de varios artistas levantando la ceja en apoyo a Zapatero-, el “No a la Guerra” y las alusiones en la gala de los Goya en contra del PP y a favor del canon.
Otro en su lugar habría optado por hacer política de Estado y elegir a los miembros del Gobierno en función de su valía y su capacidad de interlocución con la oposición, en aras a conseguir un itinerario común ante problemas comunes. No ha sido así. La cuota de responsabilidad ya está cubierta -quién sabe por cuánto tiempo- en Euskadi; para el resto de España, trinchera y aparato. A ver lo que le dura el experimento.