Crítica cine
La duquesa: retrato de la agitada vida de una ilustre antepasada de Lady Di
domingo 12 de abril de 2009, 11:42h
Que a Keira Knightley le sientan muy bien los sofisticados trajes de época ya habíamos tenido la posibilidad de comprobarlo con anterioridad y, además, en varias ocasiones.
A la joven actriz no parece preocuparle que le encasillen en este tipo de papeles, porque después de “El rey Arturo”, “Orgullo y prejuicio” y “Expiación”, en la recién estrenada cinta “La Duquesa” interpreta a Georgiana Spencer, duquesa de Devonshire, una antepasada de Lady Di con la que parece guardar más de un paralelismo, especialmente en lo que se refiere a la búsqueda desesperada del afecto y de la pasión que su marido es incapaz de darle.
Adelantada a su tiempo, Georgiana (1757-1806) fue una mujer políticamente comprometida y un claro icono de la moda de la época, amiga de políticos y gente del teatro, a la que ya estudiaban con lupa desde la prensa. Probablemente, la primera famosa en el sentido que hoy damos a esta palabra. La duquesa, sin embargo, tuvo una vida privada llena de renuncias, sufrimiento y contradicciones. Era hermosa, elegante por naturaleza y adorada por el pueblo, pero mientras que su belleza y su carisma contribuyeron a forjar su leyenda en la historia, el amor siempre se le escapó cruelmente.
Premiado con el Oscar al Mejor Vestuario, que es realmente magnífico, el largometraje dirigido por el documentalista y realizador televisivo Saul Dibb, es un correcto retrato de la Inglaterra de finales del siglo XVIII y principios del XIX, realizado con todo detalle para que la historia que cuenta no sea simplemente la de la vida sentimental de una mujer famosa de la época, sino que muestre además el ambiente cultural y político del momento en el que vivió. Y aunque está basada en la biografía escrita por Amanda Foreman, que ganó el premio Whitebread a la mejor biografía en 1997, la cinta no recoge toda la vida de Georgiana, sino que se centra especialmente en el infeliz matrimonio con el duque de Devonshire y en sus intentos de escapar de él.
Junto a Keira Knightley, el reparto incluye a otras figuras conocidas como Charlotte Rampling y un exquisito Ralph Fiennes, quien se desenvuelve realmente bien en el papel de un aristócrata de otro siglo y borda la interpretación del duque de Devonshire, el marido circunspecto y rígido que ignora a su esposa, de la que sólo espera que le dé hijos varones y no le complique la vida. Su afecto, el poco del que parece ser capaz, lo reserva para sus fieles perros y, por supuesto, para su amante, Lady Elisabeth (interpretada por Hayley Atwell), el otro vértice del inevitable triángulo amoroso. Como no podía ser de otra forma, la duquesa primero intentará romperlo, alejando a la amante que se le ha metido en su propia casa, y, más tarde, cuando ve que esto es imposible, escapar ella misma iniciando un pasional romance con Charles Grey, que se verá truncado por el marido. Las habladurías se han disparado y el duque no puede permitir que su cornuda esposa le ponga, a su vez, los cuernos a él. Eran otros tiempos.