Si alguna vez han pensado que el cementerio es sólo un sitio al que acudir en momentos de tristeza se equivocan. El cementerio General de Valencia se ha trasformado en el Museo del Silencio, una iniciativa de la concejal de Sanidad, Lourdes Bernal, que pretende que se convierta en un atractivo turístico por su interés artístico, arquitectónico, biográfico o popular. Por Guillermo Moratinos
Estamos acostumbrados a visitar Valencia para pasear por sus calles, observar la Ciudad de las Artes y las Ciencias, acudir a sus fiestas de Fallas, ir a sus playas, etc. Sin embargo, los turistas ya disponen de un nuevo lugar al que acudir, el cementerio.

Esta idea es muy novedosa en España, puesto que no estamos acostumbrados a este tipo de turismo fúnebre. Donde sí suelen ser comunes visitas a cementerios es en el resto de Europa, en concreto, en ciudades como París o Praga que cuentan con numerosas personalidades entre sus tumbas.
Así fue como surgió la idea de
Lourdes Bernal, Concejala de Sanidad del Ayuntamiento de Valencia, quien en distintos viajes pudo observar la importancia que se daba a los cementerios en algunas ciudades. Por ello, la capital del Turia ingresó en el
Circuito Europeo de Cementerios, que recoge las iniciativas de otros cementerios europeos.
En muchos países, los camposantos se sitúan como
auténticos museos repletos de historia y obras de arte. También
el Cementerio General de Valencia contiene numerosas obras escultóricas y arquitectónicas. Además, este novedoso
Museo del Silencio guarda un enorme patrimonio biográfico, puesto que allí están enterrados
el pintor Joaquín Sorolla, el escritor Vicente Blasco Ibáñez, el escultor Mariano Benlliure o el cantante Nino Bravo.
Rutas por el Museo del SilencioEl recorrido se desarrolla por la parte más antigua del cementerio. El paseo central ejerce de punto de partida y continúa por las cuatro secciones en la parte derecha-izquierda.
En la ruta, de una hora de duración,
se recorren unas quince tumbas que datan de hasta dos siglos de antigüedad.
La visita es gratuita y se hará dos veces al mes. De cada sección se van destacando diversos panteones y lápidas, seleccionados por su interés artístico, arquitectónico, biográfico o popular.
El historiador y escritor valenciano
Rafael Solaz ha sido el encargado de crear las rutas del cementerio y el que lo ha nombrado como Museo del Silencio. Solaz ha explicado que se editará un catálogo con textos que completen la visita de los turistas y que podrá leerse en castellano, valenciano e inglés.
Además, cada lápida cuenta con un monolito de acero como punto de información y con un grabado en el que pueden leerse algunas pinceladas de sus vidas junto a un epitafio representativo.

Solaz también ha destacado que con el tiempo se seguirá rehabilitando este museo tras el acuerdo con la
Universidad Politécnica de Valencia.
Destaca, por ejemplo, la
Cruz del Cólera, un monumento fúnebre en memoria de las más de 3.000 personas que, a fines del siglo XIX, fallecieron en Valencia víctimas de esta enfermedad, una historia que mucha gente desconoce.
El cementerio alberga un importante legado para la historia de Valencia en los dos últimos siglos y es un lugar idóneo para recordar a las generaciones predecesoras como un componente esencial de la memoria de la ciudad.